La capacidad polarizante de los discursos de unidad
Fray Nelson Medina | Sección: Política

Es doloroso ver una familia dividida; o un país dividido; o un mundo dividido. La división, en el sentido de oposición y animadversión, que pronto degenera en deseo de daño para el otro, es un fracaso de la humanidad. Y lo contrario de la división es la unidad. Luego todos deberíamos desear la unidad; ¿correcto? Sí; pero el tema es bastante más complejo.
El tema es complejo porque toda unidad necesita de un centro que unifique. Ese centro, hablando en general, puede ser una persona, una idea, un lucro, un gusto. Si hablamos por ejemplo de las recientes elecciones en Estados Unidos, Trump quería un país unido: en torno a él y a sus ideas; ahora Biden, que ya se proclama como presidente electo, habla de unificar el país. La pregunta es: ¿en torno a qué, o a quién?
Cuando se habla de unificar y no se han creado las condiciones de aceptación generalizada de los valores o bienes que serán centro de esa unidad, en realidad se están ahondando las heridas y empeorando la división.
A mí me llama la atención que cada vez que, por muchos aspectos de su gestión, hay reparos graves contra Pedro Sánchez, presidente del gobierno en España, él sale a los micrófonos a repetir que hay que unir el país y que no es el momento de divisiones.
Hay objeciones muy serias en torno a la axiología de la Organización Mundial de la Salud, sobre todo en lo que tiene que ver con los llamados derechos de la mujer; pero a todos nos “sugieren” que nos callemos porque es el momento de unirnos en la lucha contra la pandemia.
Cuando el entonces presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quería aprobar como fuera un Acuerdo de Paz que incluía toda clase de injertos (por ejemplo, sobre ideología de género), apeló una y otra vez a la necesidad de unir a un país–mi país–que ha estado dividido por violencia política y social durante más de 50 años.
En una de las múltiples protestas realizadas contra Alexandr Lukashenko, después de décadas en el poder, él ya afirmó, hace un par de años, que había que preservar la unidad del país y también de la Iglesia Ortodoxa.
Hay más ejemplos, por supuesto.
No sé ustedes, pero yo voy viendo un patrón: siendo como es tan deseable la unidad, la imposición de la unidad puede ser simplemente mordaza para los disidentes.
Yo no puedo sino desearle lo mejor a Estados Unidos, España o Bielorusia; sólo puedo querer lo mejor para mi país pero, por favor: ingenuos, no. Cuidado con una mordaza de guante blanco.
Hay conversaciones que hay que tener; hay temas incómodos que hay que discutir; hay desacuerdos que hunden sus raíces en enfoques radicalmente dispares, y que por tanto no deben soslayarse.
En resumen; hay voces que no se deben silenciar. Ni siquiera a nombre de la unidad.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Infocatolica, el lunes 09 de noviembre del 2020.




