La prueba SIMCE y los celulares
Ricardo Leiva | Sección: Educación, Sociedad
Si hiciéramos una película para contar la tragedia que está sufriendo la educación chilena, con el deprimente capítulo que protagonizaron los malos resultados de la última prueba Simce, me atrevería a proponer el siguiente villano: el celular. Evidentemente, no se puede establecer una relación de causalidad, y por supuesto que influyen muchos otros factores, pero los datos demuestran que los niños y jóvenes que pasan más horas al día jugando con sus teléfonos tienen peores notas. Y quienes estudian con el celular al lado cometen más errores en los controles.
Según una reciente investigación que condujimos en la Universidad de los Andes, los jóvenes de 15 a 18 años, justo aquellos que ya empiezan a prepararse para la PSU, pasan ocho horas al día usando su celular, en promedio. Peor: seis de cada 10 estudiantes de enseñanza media pasan más de ocho horas al día usando su celular. ¿Cómo puede sorprender entonces que, desde 2010, el puntaje de la prueba Simce de Lectura de Segundo Medio siga disminuyendo?
No tenemos por qué suponer que en estos pocos años haya empeorado sorpresivamente la calidad de los colegios o los profesores, o que de repente los papás hayan cambiado drásticamente sus métodos de formación. Lo que sí ha pasado es que los niños se han vuelto adictos a los teléfonos y a otras pantallas (videojuegos, tabletas y portátiles) y les están quitando horas al estudio, al sueño y a la lectura. Según el estudio citado, 9 de cada 10 jóvenes de 15 a 18 años usan el celular para fines recreativos dentro de la sala de clases, a veces o todos los días, y seis de cada 10 encuestados reconocen que el móvil afecta su rendimiento escolar.
Para combatir este problema, algunos colegios piden a los estudiantes que depositen sus celulares en una caja al principio de cada clase, lo que les ha dado buenos resultados. Sería recomendable, también, tener una caja similar en la propia casa para que los escolares lean, estudien y duerman las horas correspondientes, sin interrupciones, vibraciones y notificaciones.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio




