El homo aefepensis

Javier Pinto | Sección: Familia, Política, Sociedad

#10-foto-1A estas alturas se hace difícil aportar algo en la discusión acerca del necesario perfeccionamiento del sistema previsional, especialmente en materia técnica. En mi opinión el objetivo está bastante claro: subir las pensiones con un sistema económicamente sustentable en el tiempo; y ello con un mecanismo que supere las debilidades del mercado laboral y el grandísimo problema de la baja tasa de natalidad (que, dicho sea de paso, no se resuelve con una política pro-choice).

Ahora, lo que creo no ha sido considerado es el hecho de que todo el sistema de previsión descansa en una virtud: el ahorro. Esta virtud, en efecto, es difícil de conseguir. Siempre es más fácil el consumo que el ahorro. Requiere de un ejercicio de la voluntad y constancia. Además, afecta no solo el estándar de vida, sino las relaciones familiares. Una familia que ahorra, no de lo que le sobra, sino de lo que puede necesitar, es una familia que debe acordar un plan de gasto como resguardo para las contingencias. Esta cultura familiar, al parecer, tiende a disminuir los quiebres, al menos por motivos económicos. Además, les aporta a los hijos un elemento relevante en la formación del carácter, pues en la práctica evita un comportamiento consumista.

Por otra parte, las personas que ahorran parece que tienden a estar más pendientes de sus propias capacidades y metas, pues no dan por hecho que un problema futuro podrá ser resuelto por el Estado, sino que prefieren prevenir antes que lamentar. De este modo, un buen ahorrante hace más de lo que exige la ley: en la medida de lo posible ahorra más que ese 10% obligatorio.

Así, el buen ahorrante es un ciudadano que aporta a la sociedad desde sus propias capacidades y depende menos de la asistencia pública, lo cual fortalece el potencial de una comunidad para afrontar los vaivenes económicos. Este ciudadano es más valioso para la construcción de una sociedad que no se fía solo de instituciones públicas, sino de su trabajo y de la ayuda de la familia para la vejez.

En fin, cualquiera sea la solución al problema previsional que nos aqueja, esta no debería venir solo de la perfección del sistema de AFP, sino también de la promoción y valoración del ahorrante, que hace más por su futuro que lo exigido por ley y necesita menos del Estado. En Chile este sería, más que oeconomicus, un buen homo aefepensis.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Pulso, www.pulso.cl.