Los 70 años de Jaime Guzmán
Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Historia, Política, Sociedad
Este martes 28 de junio de 2016, Jaime Guzmán habría cumplido 70 años. Los cumplió efectivamente en la gloria celestial.
Y hace un poco más de 25 años que un bien planificado atentado realizado por el Frente Manuel Rodríguez nos privó del principal pensador de la segunda mitad del siglo XX en Chile.
Efectivamente, Guzmán fue un pensador y no un intelectual, porque no elaboró ninguna tesis sutil; ni fue tampoco un ideólogo, porque rechazaba toda construcción totalizante sobre la vida social y política.
Fue un pensador, porque aplicó su prodigiosa inteligencia a articular un conjunto de principios doctrinarios básicos a partir de los cuales se pudiera discutir todo lo demás; fue un pensador porque miró con profundidad a las personas que lo podían acompañar en sus tareas; fue un pensador porque discurrió sobre las estrategias y tácticas con las que se debía afrontar cada paso público; y fue un pensador porque siempre tuvo a la vista de su conciencia las consecuencias morales y sobrenaturales de cada una de las acciones emprendidas.
Para todo eso se involucró en la docencia universitaria, en las comunicaciones escritas, radiales y televisivas, y en la política, mediante reuniones, campañas y el Senado. Pero también le dio un uso superlativo a dos grandes medios de los que dispone el cristiano que está tratando de imitar a Tomás Moro: la oración y la amistad. Guzmán fue un hombre amigo de Dios y gran amigo de los suyos.
La ausencia de Jaime Guzmán nos interpela hoy a quienes pudimos en muy diversas medidas participar de su vida y de su proyecto entre 1966 y 1991 (en mi caso, en una tercera fila). Y al exigirnos a nosotros, nos permite plantear a las nuevas generaciones los mismos desafíos que oímos de su palabra poderosa.
Estos son los desafíos:
Las instituciones. La necesidad imperiosa de fortalecer a todos los cuerpos intermedios, de nuevo asediados por la doble ola del estatismo y de la penetración partidista.
Los textos. La importancia de fortalecer las tareas de formación de los más jóvenes en principios y hábitos, gracias a unos textos fundamentales.
Los estilos y la mística. La urgente tarea de recordarle a tantos chilenos de buena voluntad que hay personas con auténtico espíritu de servicio, con audacia para emprender nuevas iniciativas de bien público y con la creatividad suficiente para encontrar las mejores soluciones a los problemas.
Sigue pendiente el pago de la deuda que tenemos con Jaime Guzmán.




