Autonomía moral y aborto
José Luis Widow | Sección: Política, Sociedad, Vida
Existen dos tipos de argumentos para objetar un conjunto o sistema de ideas. El primero acepta –por razones de fondo o puramente metodológicas– las premisas fundamentales en las que se fundan esas ideas y, a partir de ellas, muestra algunas inconsistencia o debilidades. Es la crítica interna. El segundo no acepta el conjunto de ideas, porque no admite las premisas en las que se funda. Es la crítica externa. Ambas son interesantes, aunque, obviamente, distintas.
Aquí, por una cuestión metodológica y no porque esté de acuerdo con las premisas, haré una crítica interna, dentro de muchas otras posibles, de una fundamentación que se ha hecho de la licitud del aborto (por alguna de las causales que recoge la ley que se discute en Chile: violación, enfermedad de la madre o inviabilidad del niño). Se trata de la fundamentación del aborto en la autonomía personal.
Álvaro Fischer y Francisco José Covarrubias publicaron una columna en la que fundamentaban el aborto, por las tres causales señaladas, en la autonomía moral de las personas. Dicha autonomía es la que permitiría a cada persona conducir su vida como ella elija, siempre y cuando no perjudique a terceros. Este principio tendría “precedencia a la imposición de limitaciones conductuales desde la autoridad”.
La obvia aplicación de este principio excluiría el aborto desde el momento en el que se mata al niño. Por eso, nuestros autores se apresuran a aclarar que “el embrión está indisolublemente ligado a la vida de la madre”, por lo que “no es un tercero autónomo”. Con ello, el daño que la madre le cause al abortar “se lo hace también (…) a sí misma, por lo que el cálculo de costo-beneficio involucrado en su decisión pertenece a la esfera de su autonomía y no a la del resto de los miembros de la sociedad”.
En esta ocasión lo que quiero mostrar es que aún partiendo del principio de autonomía, está lejos de ser clara la conclusión que extraen Fischer y Covarrubias de que el aborto debe ser permitido por la ley.
En primer lugar, debe decirse que si la conclusión que ellos sacan efectivamente es válida, entonces debería aceptarse que en virtud del mismo principio cualquier persona que tenga una dependencia vital (aunque habría que argumentar para restringirla sólo a este tipo) respecto de otra no puede ser considerada un tercero. Las decisiones que tome aquel de quien depende ese no-tercero serán parte de su propia autonomía y, por lo tanto, podrá tomarlas aun cuando ellas conduzcan a la muerte de éste último. La autoridad no debiera limitar esas decisiones. Es claro que el ser humano es vitalmente dependiente aún varios años después de su nacimiento. ¿Los padres o quienes tengan resguardo del niño podrían dejar de alimentarlo aduciendo autonomía moral? Nadie está obligado por ley a hacerse cargo de un niño de la calle hambriento, con frío y sin educación, recogiéndolo en la propia casa, para allí darle todos los cuidados que normalmente este recibe en su hogar. ¿Por qué razón unos padres estarían obligados a mantener a un tercero no autónomo si no está en los planes de vida de ellos, aunque sea hijo biológico? Se podrían mostrar muchos otros casos de relaciones, distintas de la paterno-filial, en las que también existe esa dependencia vital. Por supuesto, también se podrían mostrar innumerables casos de dependencia no vital, en los que el desconocimiento de las obligaciones que generan en virtud del principio de autonomía, crearía trastornos severos que probablemente muy pocos, aún entre los liberales, estarían dispuestos a aceptar.
En segundo lugar, y con esto llego al punto de fondo: ¿justifica el principio de la autonomía moral tratar a alguien que es un tercero no autónomo simplemente como alguien que no es un tercero en absoluto? La respuesta liberal a esta pregunta no se inclina necesariamente por la respuesta afirmativa. Fischer y Covarrubias responden, sin embargo, afirmativamente. Para ellos es clave hacerlo así, porque si no, el aborto no queda justificado. El problema es que, haciéndolo así, en primer lugar, tienen mucha tarea por delante para dar razón de obligaciones ante terceros que hoy se asumen como normales –y que probablemente hacen posible la vida en común–, pero que aplicando el mismo principio no tendrían por qué existir. Y segundo, responden afirmativamente sin haber ofrecido ningún argumento para ello. Salvo que el argumento sea la misma autonomía moral tal como ellos la entienden. Pero si es esto, la tautología es obvia.
Es cierto que yo no he probado que el principio de autonomía no justifique tratar a un tercero no autónomo simplemente como alguien que no es un tercero en absoluto, pero tampoco Fischer y Covarrubias han probado lo contrario. Por lo tanto, la conveniencia de una ley que permita el aborto por las tres causales que se discuten no ha quedado probada.




