La sensibilidad religiosa, un gran bien social
Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Religión, Sociedad
Metida como está nuestra sociedad en el proceso de secularización de sus comportamientos e instituciones, le cuesta darse cuenta del valor de la sensibilidad religiosa.
Sensibilidad religiosa. No debe usarse esa expresión para el conjunto de actos personales de culto, de piedad, de ejercicio de las virtudes, propios de la vida de fe, sino más bien para esa “añadidura” que consiste en un clima humano grato a partir del culto, de la piedad y de las virtudes, que no es sólo consecuencia de ellas, sino que –en perfecta retroalimentación– colabora decisivamente al desarrollo de lo fundamental. Es, insisto, la “añadidura” sobre lo esencial.
Y si lo fundamental está siendo combatido frontalmente, no sufre menos esa sensibilidad añadida.
Hay que hacer, entonces, muchos esfuerzos para re dotar a nuestra sociedad del agrado humano que proporcionan la fe y la vida de fe.
En primer lugar, en las artes.
La música religiosa puede recuperar su categoría intrínseca, tanto en lo instrumental como en lo vocal, después de décadas de deterioro progresivo, por banalización y mal gusto. Tanto los textos como los instrumentos utilizados pueden ser de nuevo los más nobles –es decir, los bíblicos y los clásicos– para lo cual habrá que convocar a concursos que permitan seleccionar lo mejor de lo mejor. Lo mismo puede hacerse en diciembre, en particular, con las competencias de villancicos por instituciones y barrios.
La construcción y restauración de iglesias y capillas debe continuarse en el buen nivel que ha ido mostrando en los últimos años. El terremoto del 2010 contribuyó, por ejemplo, a que muchas reconstrucciones de la zona de San Bernardo y de la Sexta región se hayan hecho a gran nivel. En esta materia, las personas e instituciones que han venido desarrollando esos trabajos podrían pedir ayuda para darlos a conocer mucho mejor aún, a través de libros de referencia, de páginas web y de reportajes periodísticos.
Muy importantes deberán ser las exposiciones de imaginería, así como la apertura de lugares sagrados el día del Patrimonio, bien explicados por una adecuada guía impresa. La reciente exposición de crucifijos indianos en la casa central de la PUC y el museo de la U. de los Andes, son ejemplos de lo que se puede hacer.
La sensibilidad religiosa se expresa también en prácticas sociales a punto de extinguirse y que cabe reforzar: dar las gracias a Dios en discursos, graduaciones y premios; colocar pesebres en lugares públicos durante diciembre; respetar la solemnidad de matrimonios, bautizos y funerales con una presentación personal adecuada; felicitar los santos de cada uno y las grandes fiestas de la fe mediante expresiones que recuerden su origen, usar sensatamente objetos que reflejen la propia fe sin temor alguno al ridículo, etc.
Es posible que los ataques a algunas de las formas descritas se hagan en los próximos años mucho más arteros. Corresponderá entonces recordar que es fundamento de la sensibilidad religiosa defender la verdad con caridad.




