Del dicho al hecho hay mucho trecho
Rodrigo Pablo Pérez | Sección: Política, Sociedad
En su libro “Verdad y Tolerancia”, el Papa Emérito, plantea que el verdadero problema de la humanidad es el oscurecimiento de la verdad. Señala que “esto distorsiona nuestras acciones y nos pone unos en contra de otros, ella se toma nuestro interior, somos alienados de nosotros mismos, separados de nuestra realidad de seres humanos y de Dios”.
Nadie podría negar la veracidad de estas palabras. Es fácil darse cuenta de que cuando no prima la razón y la verdad se pierde el rumbo y se navega hacia el desastre; y Chile se ha vuelto un gran ejemplo de ello.
Nuestra política se ha vuelto una política de slogans; de adulación por parte de los políticos a las mayorías; del desentenderse de lo que realmente ocurre para construir la realidad en base a sentimientos y a opiniones preconcebidas de ella, y del sentimentalismo, que lleva a la población a pasar del amor al odio en un segundo. En suma, hemos llegado a lo que Aristóteles denominó Demagogia, que no es otra cosa que la corrupción del régimen democrático.
Lo anterior, se ha hecho patente en el freno que se ha puesto al programa del gobierno durante la semana pasada. El gobierno ha echado pie atrás, ha relajado sus decires y se muestra menos confiado de lo que estaba en un principio. Se le hizo difícil gobernar porque prefirió atenerse a sus teorías en lugar de a la realidad; con lo que ha sembrado la inseguridad y ha perdido el respeto de una gran parte de sus electores. Ello sin perjuicio de centenares de advertencias y reclamos, provenientes desde la oposición y de su propia tienda.
Nuestros políticos y las mayorías, por ir con la moda, con el slogan, con lo que es conveniente decir y con sus deseos; renegaron de la verdad o de la búsqueda de ella para ir en la búsqueda de la imposición del mundo que habían construido en su imaginación.
Lo anterior es funesto y así ha sido reconocido prácticamente por todos los sectores. Sin embargo, hay aún algo de lo que nadie se percata y que es tan importante o peor que la situación concreta comentada: ¿Cuál es la causa de esto? ¿Qué hace que todo se vea como posible? ¿Qué nos hace creer que todo lo que queremos es bueno? ¿Qué es lo que permite que el gobierno pueda actuar contra lo que todos los expertos ven como evidente? ¿Qué es lo que permite que las masas ciudadanas puedan creer que el mejor político es el que más les ofrece? ¿Qué es lo que hace que nuestros políticos prefieran en lugar de liderar, guiados por la verdad, responder a cada reclamo de la mayoría?
Me parece que existen dos causas: la primera es que se ha perdido el concepto del bien común, los chilenos no se preguntan ¿cómo nos irá mejor a todos?, sino ¿cómo me irá mejor a mí?, y por supuesto en el corto plazo. La segunda, y principal –pues engloba a la primera–, es que la “Soberbia” se ha tomado el país.
Debemos recordar que la Soberbia es el pecado original por el que Adán y Eva debieron abandonar el Edén, y que si no combatimos, reconociendo nuestros límites y, sobre todo, reflexionando de forma crítica sobre cuáles son y deben ser ellos, nos hará abandonar, a nosotros, la prosperidad que como país hemos alcanzado.




