Barrios y pequeños pueblos, un gran activo

Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Sociedad

#05 foto 1 autorHay que salir a las periferias. Ése ha sido el mandato del papa Francisco.

No es sólo una tarea para los creyentes, sino que la pueden practicar todos los que aman a Chile en su rica diversidad local.

Foro Republicano viene promoviendo iniciativas en ese sentido, todas dentro del marco de la subsidiariedad, porque “quiere fortalecer el barrio, las asociaciones voluntarias, los pueblos grandes y pequeños… porque estima que es ahí donde se pueden desarrollar los máximos y se entienden los límites; es a través de todas estas sociedades intermedias donde las personas pueden actuar solidariamente”, se lee en uno de sus Diez Principios. Más aún, es ahí donde la pobreza del individualismo puede ir siendo derrotada.

La primera tarea de cada persona es rehabilitarse como vecino, es decir recuperar o generar esos vínculos de buena relación con quienes habitan en el propio edificio, condominio, calle o población. Ciertamente los problemas son múltiples al interior de esas pequeñas comunidades, pero muchas veces se agudizan por falta de diálogo, de comprensión, de tiempo dedicado a la búsqueda de soluciones creativas. Subsidiariedad es partir por ahí.

En un segundo nivel, cada vecino es también ciudadano, es decir comparte con personas físicamente algo más alejadas proyectos y problemas que afectan a la ciudad completa, a toda una localidad o pueblo entero.

Para ayudar desde posiciones de mayor experiencia, Foro Republicano ha conformado un grupo de trabajo que será una secretaría asesora de clubes deportivos, recreativos, culturales y artísticos para barrios de escasas posibilidades. No se tratará de hacer, sino de enseñar a hacer, como debe ser. Además, buscará convenir una alianza con algún municipio –a modo de plan piloto– para el desarrollo humano de un determinado barrio. ¿Se imagina el provecho que puede significar que arquitectos, constructores civiles, médicos, educadores, enfermeras, abogados, ingenieros –ya titulados o estudiantes de las respectivas disciplinas– colaboren orgánicamente con una determinada unidad vecinal, por ejemplo, durante 5 años?

Lo mismo puede hacerse con aquella localidad a la que se visita con frecuencia con motivo de las vacaciones o de un asunto profesional de circunstancia. También ahí, en ese pueblo pequeño o mediano, el que está de paso puede comenzar a tramar redes de colaboración y volcar la experiencia de ciudades más grandes y mejor organizadas.

Y, lo que es seguro, es que en todos estos casos las periferias le entregarán sólidas dosis de humanidad a quienes acudan hasta ellas para colaborar. Saldrán ganando ambas partes.