La imprescindible función de consejo

Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Política, Sociedad

#02 foto 1 autorCuando casi todos quieren ser importantes, cuando casi todos quieren ser conocidos y reconocidos, entonces, más que nunca, una sociedad necesita de personas que prefieran otro perfil.

Personas que estén dispuestas a dedicar tiempo a reuniones en que no se toman decisiones, a dedicar neuronas a estudiar asuntos que no serán votados por quienes los han pensado (sino por otras instancias), a hacer gestiones limpias y responsables para dar la propia opinión a quienes tienen legítimo poder: todo eso y mucho más constituye la hoy menospreciada función de consejo.

Semanas atrás nos preguntábamos cómo organizarla en organismos e instancias influyentes.

Lo primero es abrir una oportunidad formal para que las personas que quieran dedicar tiempo, neuronas y gestiones se puedan inscribir en algo así como un “registro de consejeros voluntarios y ad honorem”, y puedan después asistir a planes de formación adecuados a sus áreas de interés para que, finalmente desde esa competencia y experiencia, esas personas puedan ofrecerse a muy variadas instancias sociales. Si hay listados de expertos en diversos asuntos universitarios, por ejemplo, nada de extraño tendría que los hubiera en muchas otras áreas sociales o políticas, simplemente para dar consejo.

En segundo lugar, se podrían conformar consejos de ética política, deportiva, empresarial, laboral, universitaria, estudiantil, vecinal, ciudadana, cultural, etc., integrados por personas de reconocida capacidad en esas materias, órganos bien coordinados y bien contactados con los medios de comunicación, simplemente para queŠ hablen, para que den consejo, bajo su propia responsabilidad.

Finalmente, y enfrentados a la gran crisis que vivimos, la idea de Sebastián Burr, quien propone una asamblea de hombres buenos que lideren una “primaria de proyectos sociopolíticos”.

Encabezada por los cuatro ex presidentes de la República, podría convocar a otros grandes ex: ex presidentes de los otros poderes del Estado, ex contralores, ex ministros de áreas decisivas, ex rectores, ex presidentes de las Academias, ex embajadores, ex presidentes del Tribunal Constitucional, ex presidentes de la Confederación de la producción y de la CUT, ex presidentes de colegios profesionales. A ellos se les podrían presentar proyectos sobre familia, trabajo, política, naturaleza, ciudad y economía, elaborados por entidades con personalidad jurídica vigente.

A ese consejo de notables le correspondería agrupar esos cientos de proyectos en tres o en cuatro, y después de valorarlos, pedir una consulta popular.

Por unas vías se irían formando, jóvenes con personalidades reflexivas, estudiosas, dialogantes que desde unos pocos principios muy bien asentados, pudieran ofrecer consejo en variadas instancias y, por otra, se aprovecharía la experiencia de los grandes viejos.

Sería el comienzo de la recuperación de la auctoritas, de la que tan necesitado está Chile.