Vidas que merecen ser vividas

Rodrigo Pablo P. | Sección: Sociedad, Vida

#11-foto-1Con fecha 27 de abril el diario británico Daily Mail publicó un aterrador titular “¿Sobre 75? Firme aquí si usted está preparado para morir”. El cuerpo de la noticia por su parte es peor que el titular: el National Health Service (NHS) ha instruido a los servicios de salud del país para que redacten “órdenes de no resucitación” para pacientes mayores de 75 o que sufran de enfermedades tales como “cáncer, demencia, problemas pulmonares o cardíacos entre otros”.

La noticia no ha dejado a nadie indiferente, y a pesar de que por las elecciones y la conmemoración de los 70 años del triunfo sobre la Alemania nazi no ha ocupado el primer lugar, las reacciones no han sido menores.

Sin ahondar en los pormenores, la mayoría de las críticas se refieren al “subconsciente” de esta propuesta: hay ciertas vidas que merecen más protección que otras y hay algunas que, incluso, no es necesario vivir, y al hecho de considerar la vida como una suerte de propiedad de la cual su propietario puede disponer.

Llama la atención, que estas ideas que han permeado por completo toda la cultura occidental se den en un país como Inglaterra que es probablemente la “democracia” (tal vez sería mejor decir monarquía constitucional) moderna más antigua de occidente y que además luchó con los nazis para mantener esa democracia. Ello, por cuanto una de las ideas fundantes de la democracia es que no hay personas ni grupos privilegiados, que todos somos igualmente valiosos y ninguno de nosotros tiene menos o más derecho por su condición social, intelectual, de belleza o salud.

Ahora el enemigo de la democracia y la vida humana no está afuera de Inglaterra, sino adentro; es su propio gobierno, que promueve políticas que van en la senda de la eutanasia y el aborto de los enfermos.

Con esto, no pretendo sostener que sea ilegítimo que un enfermo que se encuentre consiente de su situación no pueda decidir a qué tratamientos médicos someterse, la protesta que va implícita en este artículo es contra aquellos que dictaminan que vidas deben ser vividas y cuáles no, y a esa cultura de lo útil en la que estamos entrampados, donde el que es inútil (el viejo, el enfermo, el pobre) pasa al olvido, al abandono y, con esta clase de medidas, de este mundo. Por lo demás el inútil, no lo es necesariamente, sus problemas son dos: es aburrido y no tiene dinero, por ende nadie quiere estar con él ni hacerse cargo de él.

Quienes hemos vivido la muerte de un ser querido que desde su enfermedad hizo un enorme bien hasta el final, podemos atestiguar que la sabiduría de la que dota el dolor es mayor que la de los grandes clásicos y que la cúspide de todo hombre o mujer no es su minuto de gloria, sino cuando ve venir el final y tiene tiempo para meditar acerca de él y de lo que viene después.

La civilidad de una sociedad no se mide en cómo trata a los ricos y justos (todas lo hacen bien), sino en cómo trata a sus desvalidos.