Liderazgos imprescindibles para la política

Germán Gómez Veas | Sección: Política, Sociedad

#09-foto-1En momentos en que la desconfianza sobre la dirigencia política es enorme, constante, y de ninguna manera endosable a las circunstancias, un pueblo educado y consciente del valor de lo político entiende con claridad que la conducción de un país requiere de líderes con visión y actitud sobresalientes.

Ahora bien, ¿qué valores son los que deben poner en ejercicio ese tipo de líderes?

Una pista la da Abraham Lincoln. En su discurso en el Young Men’s Lyceum cuando tenía 29 años, mucho antes de que fuese Presidente, el joven Lincoln expresó con lucidez que pueden haber muchos grandes y buenos hombres que podrían abrazar desafíos políticamente trascendentes para el bien del país, sin embargo –señaló con fuerza– para muchos de estos talentosos líderes su máxima aspiración es lograr solo un puesto en la gobernación, en el Parlamento, o la presidencia. En su parecer, en cambio, un líder sobresaliente es quien busca algo superior para la nación, para lo cual no puede transitar por caminos trillados, sino que tiene que abrir zonas inexploradas.

Otro indicio lo traza Vaclav Havel. Cuando recibió el premio Príncipe de Asturias en 1997, quien fuera dos veces Presidente en Eslovaquia en circunstancias violentas y sumamente inseguras, señaló con fuerza que la política no puede ser vista como un instrumento por el que se obtienen beneficios a corto plazo ni tampoco puede ser reducida a mera técnica para mantener el poder: la política no es una cuestión de tecnología económico-social. Y en su discurso ante jóvenes universitarios el 20 de septiembre de 2002 subrayó que “Se acerca la época en que aquellos que me rodean, el mundo y mi propia conciencia ya no me preguntarán cuáles son mis ideales, ni me preguntarán qué deseo cumplir y cómo quiero cambiar el mundo, sino que comenzarán a preguntarme qué he logrado, qué ideales he cumplido y cuáles fueron los resultados, cómo quiero que sea mi legado y qué clase de mundo quiero dejar detrás de mí”.

Siendo más precisos, la verdad es que las necesidades y complejidades actuales exigen líderes con propiedades ineludibles: tener carácter para no ser doblegados por exigencias contrarias al bien común, que amen a su Patria, que valoren la configuración democrática, que reconozcan en el honor y la ética un imperativo para su conducta, dueños de una moral más bien heroica, con genuino espíritu de servicio, inspiradores de una ética de la responsabilidad y que valoren la cooperación para la búsqueda del bien común.

Lo cierto es que políticos con valores y actitudes como los destacados y puestos en práctica por Lincoln y Havel no abundan, pero sí existen. Esos son los que deben ingresar a los gobiernos, a los parlamentos y a las gobernaciones locales.

Dicho de otro modo, en tiempos complejos, inseguros, en una sociedad abrumada por el desprestigio del liderazgo político e intimidada por el consiguiente crecimiento de sus opuestos, el populismo y la demagogia, no se puede improvisar incorporando en los puestos de gobierno central o local a gente que no dé el ancho, como tampoco se puede mantenerlos toda vez que dejen de dar el ancho.