El homosexualismo político: Elton John y Ricky Martin contra Dolce y Gabbana
Forum Libertas | Sección: Familia, Política, Sociedad
¿Es tolerable para esta sociedad que unos famosos promuevan un boicot contra una empresa porque está a favor de la familia natural?
La cuestión no está en ser homosexual o no serlo, porque a todos nos une la misma condición de dignidad inherente a nuestra condición humana, sino que está en la ideología que algunos grupos, homosexuales y no homosexuales, han generado e imponen: el homosexualismo político, una aplicación de la ideología de género de la que bebe y encuentra falsamente su fundamento. Falsamente porque dentro del falseamiento general de la ciencia en que incurre aquella ideología, el homosexualismo político todavía retuerce más el pensamiento. La perspectiva de género lo que hace, a fin de cuentas, es proclamar que la importancia del valor biológico de la identidad sexual, lo que nos hace ser hombre o mujer, es secundaria; porque lo decisivo es el género, la construcción cultural que nos convierte en seres sexualmente polimorfos y cambiantes, y de ahí surge la larga retahíla de “identidades” que van de la homosexualidad al transgénero, pasando por el bisexualismo, el transexualismo, y una larga lista de ismos. Pero el homosexualismo político no considera tal cosa. Parte del principio de que el estadio definitivo, estable, de la condición humana, el que no debe entrañar ningún cambio, es el homosexual; mientras los heterosexuales, la inmensa mayoría de la humanidad, la que tiene la capacidad esencial de la evolución, la de reproducirse en su emparejamiento, pueden, es bueno, que se conviertan en homosexuales, “salgan del armario”. De ahí que esta “salida” sea celebrada como algo magnifico, y al mismo tiempo se intente reprimir, perseguir, ilegalizar incluso, la asistencia médica a homosexuales que quieren abandonar su situación. Reparen en la ideología que está en el trasfondo de esta posición: abandonar la homosexualidad es “anormal” y punible, abrazarla, es “normal” y positivo. Esta idea ha prendido en nuestros políticos, crean o no en ello, en los medios de comunicación, y en buena parte de la cultura, y eso dice bien a las claras la alienación en la que vive esta sociedad que le permite aceptar trasfondos ideológicos como el apuntado.
Todo esto conduce a la intolerancia, y el homosexualismo político es una manifestación de este tipo que reacciona con virulencia, amenaza, presiona y cuando puede castiga a todo aquel que discrepe. Esto es lo que ha sucedido con Elton John, clamando al boicot contra los diseñadores de moda Dolce y Gabbana, también conocidos homosexuales. ¿Y cuál es el pecado “mortal” de estos dos famosos modistos, que venden sus jerséis a 1.100 dólares y un vestido de cóctel no baja de los 6.000 euros? Pues afirmar la importancia de la familia natural. Dolce, ante los ataques, declaró: “soy siciliano y he crecido con un modelo de familia tradicional, formado por una madre, un padre, y un hijo. Sé que hay otras realidades y es justo que existan, pero mi visión de la vida es lo que me han trasmitido”. También Gabbana reaccionó ante las declaraciones de la estrella del pop asegurando que un boicot gay por pensar distinto es “medieval”.
¿Es tolerable para esta sociedad que unos famosos promuevan un boicot contra una empresa porque está a favor de la familia natural? Si admitimos esto, aceptamos una dictadura en nombre de una ideología, la del homosexualismo político. ¿Se imaginan qué se diría si se proclamase un boicot a una empresa porque defiende, como hacen Walt Disney, Coca Cola, Google, Facebook, Twitter o Apple, el emparejamiento, el hogar gay? Seria acusado de homófobo y lapidado por los medios de comunicación. Pero en el caso de Elton John, que solo repite una práctica habitual de estos grupos políticos, no solo Dolce y Gabbana merecen censura, sino que es seguida y magnificada por homosexuales como Rycky Martin y Martina Navratilova. La represión es tal que el productor, guionista y director de cine y televisión Ryan Murphy no solo ha dicho que dejará de usar la marca de las prendas de miles de dólares, sino que vetar que los personajes de sus espectáculos las vistan.
Un fantasma recorre Occidente y se llama homosexualismo político.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Forum Libertas, www. ForumLibertas.com.




