Caso Caval: y ella, ¿qué tiene que ver?
Gastón Escudero Poblete | Sección: Política
Que el hijo de la Presidenta aparezca involucrado en una transacción especulativa abultada y con ribetes de tráfico de influencias lleva a que los chilenos, justificadamente, nos preguntemos si ella tuvo algún grado de participación. Por eso ella tiene la obligación de dar una explicación, pero su tardía declaración dejó más preguntas que respuestas. En consecuencia a uno no le queda más que especular y, en este afán, he establecido las siguientes hipótesis o escenarios posibles que quisiera compartir con usted, estimado lector.
1. La Presidenta no participó en el negocio y no sabía nada.
Este escenario implica que ella se enteró del asunto más o menos al mismo tiempo la ciudadanía, aunque no necesariamente de la misma manera. Esta es la tesis que ella misma quiso instalar declarando que se había enterado “por la prensa”.
Por supuesto, es el escenario más favorable para ella y la izquierda se aferró de inmediato a él. Sin embargo deja varios cabos sueltos. El primero es que si por “prensa” se entiende las publicaciones de frecuencia diaria, la declaración de la Presidenta es poco verosímil. El caso se hizo público el viernes 6 de febrero por un reportaje de la Revista Qué Pasa; al día siguiente un periodista de La Tercera le pregunta al Ministro del Interior sobre el caso y él dice que no sabe nada, y recién el domingo 8 algunos diarios se refieren al tema, por los cuales se habría enterado la Presidenta. Pero lo lógico es que, al enterarse el Ministro del Interior el día sábado, hubiese llamado de inmediato a su jefa para contarle, sobre todo si Dávalos estaba con ella. ¿Problemas de señal de celular? Es posible pero poco probable: si ella va de vacaciones a un lugar donde no hay buena señal, llevará un teléfono satelital; entrado el siglo XXI un Presidente de la República no puede estar inubicable más allá del corto rato en que esté realizando un acto personalísimo e íntimo. ¿O sea que, si hubiese ocurrido un terremoto en Santiago, la Presidenta se hubiese enterado por la prensa? Y el caso Caval fue justamente un terremoto, aunque político.
Hilando más fino, alguien podrá decir que por “prensa” la Presidenta se refirió a los medios escritos en general, lo cual incluye a la Revista Qué Pasa, por lo que se habría enterado el día viernes 6 en que apareció el reportaje. Esta afirmación es más creíble. Pero si fue así, ¿por qué no llamó al Ministro del Interior para analizar la situación? Porque recordemos que este se enteró recién el sábado 7 por la pregunta del periodista, salvo que haya mentido. Por mi parte, descarté esta posibilidad (que ella se hubiera enterado por la Qué Pasa) al enterarme por un programa radial de que el director de la revista declaró haber advertido al gobierno del reportaje con anterioridad a su publicación, por lo que el gobierno, incluida la Presidenta, tienen que haberse enterado incluso antes del viernes 6. En conclusión, la Presidenta no dijo la verdad.
Otra duda es que si la Presidenta nada tuvo que ver, ¿por qué, al enterarse, no le pidió la renuncia a su hijo al cargo de Director Sociocultural del Gobierno? ¿Y por qué dejó que su hijo tardara una semana en renunciar y ella tardó dos semanas en hablar, y cuando lo hizo no condenó la actuación de su hijo? Hubiese sido lo lógico. Fíjese, estimado lector, que si ella hubiese actuado así, su imagen, lejos de verse afectada, se habría fortalecido.
Otro punto que hace poco verosímil este escenario es que implica que Dávalos es muy mal hijo. Si vio que su involucramiento en la operación estaba afectando a su madre, ¿por qué tardó tanto en renunciar a su cargo?; ¿y por qué hacerlo con una declaración tan insípida, en que no reconoce haber hecho algo cuestionable sino que, por el contrario, se victimiza? Dávalos es el único hijo varón y el mayor de los hijos de Bachelet, quien además es soltera, situación que suele generar un vínculo muy estrecho entre madre e hijo (como según la prensa ocurre entre ellos), por lo que me cuesta creer que no haya querido aminorar el daño a la imagen de su madre. Una cosa es que le guste el dinero fácil y otra es que sea mal hijo.
2. La Presidenta no es parte del negocio, supo que Dávalos se reuniría con el vicepresidente del banco, pero nada más.
Este escenario hace más entendible la tardía y débil reacción de la Presidenta, puesto que implica que no veía el negocio con malos ojos y es consciente de que tiene algún grado de responsabilidad, pero, igual que en el caso anterior, no explica que Dávalos no haya hecho todo lo posible por ayudar a su madre.
3. La Presidenta no es parte del negocio pero intervino.
Dávalos y su esposa se embarcaron en el negocio y, al serles rechazado el crédito por varios bancos, habrían recurrido a Bachelet para que ejerciera sus buenos oficios con el vicepresidente del Banco de Chile, con quien tiene, al parecer, una buena relación.
Este escenario supone que de manera tácita o explícita Bachelet ofreció algún tipo de contraprestación que sólo puede otorgarse desde el cargo de Presidenta, por lo que su elección como tal era requisito para que el crédito quedara irrevocable, circunstancia que explicaría que la aprobación del crédito se haya hecho pública al día siguiente de que Bachelet fue electa (como dijo alguien: el vicepresidente del banco “Dávalos” billetes y ella “Dávalos” los permisos). Además explica mejor que el escenario anterior su débil reacción cuando el caso se hizo público. Explica también que haya mentido diciendo que se enteró por la prensa: si está involucrada no lo puede reconocer y recurrió a una versión poco verosímil, como suele ocurrir cuando se intenta ocultar la verdad.
Pero esta hipótesis no explica, nuevamente, que Dávalos no haya asumido de inmediato su responsabilidad intentando aminorar el daño a la imagen de su madre.
4. La Presidenta es parte de la operación.
A grosso modo consiste en que el negocio es de Dávalos y Bachelet (tal vez asesorados por el antiguo Ministro del Interior de ésta, Edmundo Pérez Yoma, experto en operaciones de este tipo) y habrían puesto a la esposa y nuera como fachada.
Esta hipótesis explica aún mejor por qué la Presidenta no le pidió la renuncia a su hijo y porque no ha condenado su actuación, y también por qué Dávalos no asumió de inmediato su responsabilidad: ella no lo dejó inmolarse. “Espera hijo, veamos cómo evoluciona la reacción de la opinión pública; a lo mejor la cosa se calma”. Fue para peor, porque la cosa empeoró y finalmente el hijo tuvo que renunciar de todas maneras, quedando como oportunista y mal hijo a la vez, es decir, el peor de los escenarios para él. Además no puede defenderse contando la verdad, porque si lo hiciera perjudicaría más aún a su madre. Dávalos entonces no sería un mal hijo, un “traidor” como han dicho algunos, sino que estaría protegiendo a su madre. Por eso también la gran pena que Bachelet transparenta desde que volvió de sus vacaciones: se siente culpable.
Explica también que Natalia Compagnon dijera, al ser contactada por la prensa al estallar el escándalo, “pero si no es tanta plata”. Dado su origen humilde, si el negocio era de ella y Dávalos, no se entiende su comentario, porque dos mil quinientos millones de pesos es una ganancia demasiado grande para casi cualquiera. Pero para una doble Presidenta de la República no lo es tanto, especialmente si otros próceres de la Concertación, incluidos ex presidentes, han obtenido enormes ganancias a través de negocios del mismo tipo o de aportes de empresas públicas para sus fundaciones, por ejemplo.
Si bien este escenario es el que deja menos dudas, no logra aclarar un punto: que Bachelet ni Dávalos hayan tratado de atenuar las consecuencias del escándalo decidiendo que Caval done las utilidades obtenidas con el negocio a alguna institución de beneficencia, lo que habría sido muy bien recibido por la ciudadanía.
No descarto que en algún momento la Presidenta aporte algún antecedente que permita aclarar su participación en el caso. Tengo la disposición a creerle si lo que dice tiene sentido. Mientras no lo haga, como ciudadano ejerceré mi derecho a especular y quedarme con el escenario más lógico.




