Política de Estado y vecinos
Albert Arce Eberhard | Sección: Historia, Política
Con motivo del incordio con el Perú y el fallo de la Corte Internacional de La Haya se han puesto de relieve diversas situaciones que llevan a reflexionar respecto de la conducción de nuestra política exterior, especialmente cuando en los últimos 30 años hemos perdido en tres oportunidades territorio marítimo y terrestre (mediación papal, Laguna del Desierto y fallo reciente de La Haya). Mucho hemos escuchado este último tiempo el término “política de estado” para señalar que la política exterior de Chile trasciende en el tiempo a los gobiernos y que esta es apoyada por todos los elementos que constituyen el poder nacional; partidos políticos, sector judicial, sector económico, gremial, militar, etc. Dicho de otro modo se desea destacar que el frente interno del país es sólido sin perjuicio de las naturales diferencias que deben existir en una democracia. El otro concepto que hemos escuchado reiterativamente es el haber planteado frente a la demanda peruana una política de “cuerdas separadas”, queriendo con ello decir que el diferendo de territorio marítimo no afecta a la amistad de ambos pueblos, que los lazos comerciales y culturales permanecen inalterables. Un estudiante de hoy diría que para un gobierno economicista, paradigma del lucro, “mientras hagamos buenos negocios todo está bien”. Estos dos conceptos: “política de estado y cuerdas separadas” nos llevan a unas breves reflexiones.
Una política de estado es válida y permanente en la medida que sea efectiva y satisfaga los objetivos permanentes de la nación. Si esta política de estado en materia de política exterior ha demostrado reiteradamente su incapacidad para realizar los objetivos nacionales debe ser modificada. Es una falsa lealtad respaldar una acción que está demostrando errores en forma reiterada. Los planteamientos de una política exterior deben considerar cursos a seguir según las circunstancias que se produzcan debiendo prever éstas. La flexibilidad de las relaciones es inherente a ellas y no debe ser dogmática. El caso reciente de La Haya fue preparado por Perú desde hace más de veinte años siguiendo a su vez su propia “política de estado”. La ignorancia de esta planificación o su inapropiada consideración merecen no solo la modificación de la política exterior chilena sino que además la reestructuración total del Ministerio de Relaciones de Exteriores. Las intenciones en las relaciones exteriores de los estados se perciben por la conducta exterior de estos. Y hoy día cualquier analista que haya leído a Liddell Hart se daría cuenta que la demanda de Perú ante La Haya obedece a una estrategia de aproximación indirecta, es decir, pretender que se persigue cierto objetivo para distraer al adversario, cuando realmente el objetivo es otro. Por ello a nadie debería sorprender la próxima discusión por el Hito Uno. El mismo patrón estratégico lo está siguiendo Bolivia con su demanda solicitando conversar el tema. Se alega que jurídicamente son cosas distintas. Efectivamente desde el punto de vista jurídico son distintas pero con origen histórico común y con un mismo patrón político y estratégico. La pretensión planteada por Bolivia al tribunal de La Haya a los únicos que parece haber sorprendido es a la diplomacia chilena que aún hoy no sabe cómo enfrentarla.
Una política de estado moderna para que tenga las características de tal debe ser gestada a partir de una instancia en la cual participen todos los órganos e instituciones que conforman el poder nacional. Formada así la voluntad de política exterior podremos comenzar a hablar de política de estado. Nuestro sistema de política exterior tiene un origen decimonónico y monárquico, lo cual históricamente no es malo, pero significa que no está acorde a las realidades políticas y sociales del siglo XXI. La revolución republicana a partir de 1810 mantuvo casi en su totalidad la organización administrativa monárquica del reino de Chile y fue así como las relaciones con otros estados era un problema del soberano, reemplazado posteriormente por el presidente de la república. Así fue como en un principio la diplomacia de las repúblicas emergentes estaban basadas en la amistad o enemistad de los caudillos a quienes las logias escasamente lograban darles una línea común de acción.
Suele decirse que la mejor diplomacia es aquella que se desarrolla teniendo un tanque a las espaldas. Resulta que el uso de la fuerza no es el fracaso de la diplomacia. El hecho es que una política exterior debe saber usar el poder militar conjuntamente con la diplomacia. Ya ha desarrollado con latitud von Clausewitz que el uso de la fuerza es la continuación de la política por otro medio. Y en esta parte de nuestras reflexiones llegamos a lo de las “cuerdas separadas”. ¿Es posible enfrentar un diferendo internacional dividiendo el poder nacional? Hay que tener presente que en el mundo de la diplomacia parte importante de la comunicación entre los estados es el lenguaje de los gestos y el uso de eufemismos tales como “expresar malestar” o enviar “notas verbales” “llamada del embajador a informar” que son pasos graduales de un escalamiento y enfriamiento de relaciones. Este lenguaje debe ser conocido y común a las partes. Es evidente que una demanda es un acto inamistoso. Un acuartelamiento de tropas o movilización de ellas a la frontera son más valiosos y efectivos cuando se han acompañado previamente por actos que reflejen una voluntad política. En este mundo de gestos juega un gran papel el concepto de la reciprocidad. Lo que es cuerdas separadas debe ser asumido por ambas partes y no solo basta la declaración discursiva de ella. ¿Alguien podrá imaginarse a los Estados Unidos de Norteamérica enfrentando su relación con Cuba con cuerdas separadas? Muy por el contrario fue el otro extremo; su actitud fue la diplomacia del aislamiento y el de las sanciones económicas. No importa en este momento analizar si ella ha sido efectiva o no ni tampoco pretendemos que sea un ejemplo a seguir solo señalamos como un ejemplo de uso del poder en una sola cuerda total. En el actual caso de Ucrania es impensable que EE. UU trate con cuerdas separadas su relación con el Kremlin.
Los actores de la política exterior de un estado no solo son los gobiernos y sus instituciones sino que muchos otros elementos especialmente en medio de una sociedad globalizante. Las empresas transnacionales ya no son solo patrimonio de los países capitalistas. China e India son un claro ejemplo de ello. En el campo internacional comparten intereses más allá de los gobiernos y los estados otros actores. Reuniones internacionales de industrias farmacológicas, de gremios de estibadores, de estudiantes universitarios, religiones van paulatinamente desarrollando relaciones, por no decir lazos que de algún modo pueden incidir en acciones que pueden afectar los intereses y objetivos de la nación. Estos actores tienden a desarrollar sus propias políticas exteriores independientes del estado y cada vez tienen menos subordinaciòn de las políticas de este. Las cuerdas separadas debilitan el poder nacional al igual que no ejercerlo cuando éste se requiere. Una política exterior no puede estar separada de una política de defensa. Los gobiernos del estado de Chile han demostrado en diversas oportunidades su confusión entre una política defensiva y una política disuasiva. Sin entrar en un mayor análisis de estas dos políticas bástenos por ahora señalar que la política defensiva llega a su punto álgido en el momento de la agresión. Se ha preparado el aparato militar de un país para el uso de la fuerza solo para el caso de una eventual agresión. Por su parte el desarrollo de una política disuasiva significa desarrollar un poder militar de tal magnitud que al probable adversario su acción agresiva le pueda resultar de un costo inaceptable. Para ello el país que desarrolle un poder disuasivo convencional debe tener tres elementos básicos: medios militares, credibilidad y voluntad política. El poder disuasivo que no se usa para la oportunidad que fue concebido hace que la política exterior y de defensa pierdan credibilidad. Esta situación deja a un estado en una posición vulnerable, a tal extremo que el eventual agresor que ha vencido en la escaramuza y, cualquier otro en pais conflicto de intereses se vea animado a nuevas aventuras. La amenaza del uso de la fuerza debe ser creíble. No puede ser creíble la eventualidad de hacer uso de la fuerza cuando de antemano se declara que de ella no se hará uso lo cual se enfatiza con actos de amistad, visitas y abrazos protocolares. Las cuerdas separadas han dejado a nuestra política exterior sin el respaldo de un poder militar disuasivo debido al mal manejo o a la carencia de voluntad política. Tal vez Chile nunca ha tenido un poder disuasivo porque el adversario siempre advirtió que no era creíble, que no había voluntad política, porque la moral del soldado y la autoestima de sus mandos habrían sido carcomidas por las izquierdas y la ideología de los Derechos Humanos (no la doctrina de Santo Tomas). En el caso del conflicto con Argentina lo que nuestro adversario advirtió fue que el Gobierno Militar si tenía voluntad política y que la disuasión no se agotaba solo en la amenaza del uso de la fuerza. Para Chile la cuestión era de sobrevivencia dada la asimetría de la situación, en circunstancias que para ellos era una cuestión de expansión. Lo que logra percibir cualquier estudioso del tema es que en el reciente caso se ha perdido el poder disuasivo antes de usarse. Nuestro sistema de política exterior entrega su conducción y responsabilidad al Jefe de Estado lo cual significa una diplomacia personal apareciendo como una contradicción al hablar de política de estado. El Presidente de la República no es el Estado y tampoco ha formulado la política exterior actual sino que ha heredado una actitud (ni siquiera una política) frente a las relaciones exteriores y, la burocracia del Ministerio de Relaciones Exteriores mal asesora al soberano desde unos cargos desempeñados por funcionarios en la eterna lucha de los “de carrera” y los “políticos”. Nuestra llamada política de estado no ha sido ni defensiva, ni disuasiva sino que ha sido la política del apaciguamiento similar a la ejercida por Chamberlain con Hitler. Y ya sabemos cómo terminó dicha historia.
Las relaciones entre estados suelen ser complejas especialmente cuando en el campo internacional se deben desarrollar en una red de intereses contrapuestos. En este juego se trata de simplificar su complejidad asimilándolas a las relaciones entre individuos usándose valores que tienen significado pera estos pero no para entes político- sociales. Valores de importancia para los individuos como amor, confianza, lealtad, hermandad no tienen ninguna relevancia para las relaciones entre los pueblos. Para ellos lo que prima son los intereses que son de todo tipo, los intereses de la nación deben estar por sobre toda consideración. Es cierto que se pretende establecer una ética en al ejercicio de las relaciones entre estados pero no se debe confundir la normas de la ètica individual con la de los estados y aún, pese a las intenciones de las organizaciones internacionales, nos encontramos muy lejos de revertir la situación de la diplomacia del mas fuerte.
Hay diversas maneras de analizar la situación de nuestra política exterior pero pareciera que para que ella fuera efectiva debería realizarse en concordancia y no en oposición a la política exterior de los vecinos de américa. El desarrollo de políticas exteriores de los estados individualmente considerados nos llevara siempre a un conflicto. ¿Que hace que límites y fronteras, aduanas y jurisdicciones sean un tema recurrente de nuestros pueblos de amèrica? En el siglo XVI el rey se había reservado para si toda la franja costera de los territorios descubiertos. Tierra adentro era tierra de los conquistadores y aventureros. Entre Quillota y Concon existía una distancia y una cercanìa pero en el borde costero solo tenía jurisdicción el rey y su representante, Pedro de Valdivia. No por azar sino por destino el incordio del lìmite norte se da desde mar adentro al borde en un punto especìfico de america. La disputa del Hito Uno no significa 3. 9 hectàreas de territorio. La disputa tiene que ver con las altas mareas en territorio que fue del Rey de España y desde allí nos adentramos tierra adentro dejando atrás mar afuera. Hay que caer en cuenta que el fallo de la Haya se refiere a mar y tierra, Mar Afuera y Tierra Adentro La gran paradoja es que ambos países hayan entregado la decisión del destino americano a los herederos de la Compañía de las Indias Holandesas. Ambos países cayeron en la trampa; pero no solo ellos sino todos aquellos que entregan jurisdicción, soberanía, fuera de América Las disputas en la america del pacífico son desde el mar a tierra firme y desde las estrellas al territorio hasta la “terra incognita”. Al Mar Interior de Amèrica Baste solo mirar el mapa de Africa y el de América para demostrar el descriterio y el desconocimiento de las realidades geográficas que se han tenido en cuenta para definir los enlaces de esos pueblos y las relaciones entre ellos. Africa nos entrega un mapa con líneas rectas; desde el punto A se traza una línea recta al punto B. Por su parte America entrega un mapa de líneas sinuosas y la línea recta aparece cada vez que interviene en ellos un criterio anglosajón. La línea curva o sinuosa corresponde a la naturaleza, se aproxima a la geografía. La línea recta es artificial y separa en lugar de avecindar, rompe el hábitat de las aves pero no confiere a estas nacionalidad, ni ciudadanía.
Si el pato Yeko, que para algunos causa daños, es peruano de visitas temporales en Arica e Iquique ¿habrá que demandar por daños al Perù? Lo que no es natural es artificial y por ello en algún momento es recuperado por la naturaleza. El desierto llega hasta donde se acaba, las montañas llegan hasta donde se terminan, el mar hasta la mas alta marea. Los funcionarios americanos, chilenos y peruanos, hoy dìa,siguiendo las instrucciones de los engolados de La Haya, miden el agua mirando las estrellas, estableciendo puntos y coordenadas. Ya están cayendo en cuentas que hay un espacio aéreo tan importante como aquel que cubre las aguas y las tierras. ¿Que es lo que impide que el dia de mañana se acuerde que a partir de un punto se eleve un cono al espacio que llegue a las estrellas y se pretenda soberanía sobre él?
Es necesario establecer una política de estado pero armonizando el interés de la nación con el entorno y esta política de estado debería proyectarse con las políticas de los demás pueblos de america. Cuando se decida realmente generar un política de estado en materia de relaciones exteriores habrá que reconocer de que se trata de un tema esencialmente político y no jurídico, que limites y fronteras son la consecuencia de una situación geopolítica,todo ello dentro de un entorno americano que cuenta con una realidad geográfica permanente y una historia imposible de ignorar y modificar. Los actos del hombre definen el territorio No estamos hablando de un americanismo empalagoso ni de un bolivarianismo repartidor de territorios a caudillos todos bajo la tutela de uno de ellos Estamos hablando de una america en que se dicen hermanos pero que todos se miran unos a otros con desconfianza y hostilidad. En este entorno la confianza y la fe en el vecino se convierten en ingenuidad propiciadora del ventajismo. La futura política exterior de Chile, como política de estado, deberá tener presente su unicidad y la cohesión de todos los elementos que componen un poder nacional indivisible consciente de tal. Lo señalado debe plantearse en la realidad de su entorno ignorando las utopías y las ideologías soñadoras pero además encabezadas por una clase dirigente no pusilánime y seriamente comprometida con su nación.
La mejor arma disuasiva de Chile, hoy, es que América perciba el mensaje que nuestro país revisará su política exterior desde sus fundamentos. Como dijo Sócrates, el vecino siempre recelará de tu prosperidad y tu pasto siempre se verá más verde que el propio de él.




