Los cimientos del progreso chileno
Julio Isamit | Sección: Política
El presidente del Partido Por la Democracia ha anunciado que la Nueva Mayoría va a “poner una retroexcavadora” para destruir “los cimientos” del modelo de desarrollo que ha tenido Chile en las últimas décadas. Estas expresiones no solo reflejan un peligroso fanatismo, sino que son una gran vuelta atrás.
Chile desde 1987 en adelante ha disminuido la pobreza desde un 45% a menos de un 15%; las posibilidades educacionales han aumentado en todos los niveles; diversos reconocimientos internacionales sitúan a nuestro país como una sociedad seria, con transparencia y seguridad jurídica. Esto ha permitido que Chile sea hoy parte de la OCDE y que el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas ubique al país entre las naciones más avanzadas.
¿Cuáles han sido los cimientos del modelo de desarrollo que ha tenido Chile durante los últimos años y que permitieron -bajo gobiernos de la Concertación y de la Alianza- obtener estos resultados? Sin pretender agotar el tema, podríamos mencionar el derecho de propiedad, la libre iniciativa en el campo económico, el fomento de la inversión extranjera, un régimen tributario estable, la certeza jurídica. En el ámbito social el valor de la libertad es fundamental, así como en las políticas públicas la focalización del gasto social resulta clave. Nada de esto sería posible sin un crecimiento económico sostenido durante mucho tiempo, así como sin el esfuerzo de todos los chilenos para procurar el progreso y bienestar.
Pero no podemos dejar de mencionar también la estabilidad política. El restablecimiento de la democracia ha permitido la participación social en los procesos electorales, la alternancia en el poder, la renovación de autoridades a nivel local y nacional, bajo un régimen de libertades, búsqueda de acuerdos y capacidad para edificar instituciones valiosas para todos. A su vez, las autoridades han demostrado ser responsables y a pesar de las diferencias de opinión, las mayorías y minorías han actuado con respeto y sentido nacional.
Por eso las palabras del vocero de la Nueva Mayoría no solo resultan ofensivas, sino que también peligrosas y con un sesgo totalitario. Más aún cuando las expresa para todo el ámbito educacional y para los cimientos del sistema chileno, que se funda en el derecho a la educación, la libertad de enseñanza, la pluralidad de proyectos educativos, reflejo de la diversidad que existe en nuestra sociedad.
Es bastante claro que hay mucho que mejorar en Chile. Que todavía queden más de dos millones de personas viviendo en la pobreza es algo que a nadie podría dejar satisfecho, aunque los avances hayan sido extraordinarios en estas dos décadas. Es verdad que sectores populares pueden acceder a la enseñanza universitaria -lo que durante más de un siglo era prácticamente imposible, cuando ni siquiera completaban la enseñanza secundaria-, pero todavía es insuficiente y falta un compromiso real y soluciones concretas para mejorar la educación básica y media. En salud hay mucho que mejorar, pero ya no tenemos al cincuenta por ciento de los niños padeciendo desnutrición, en una cifra que avergonzaba al país y destruía generaciones.
En Chile felizmente tenemos democracia política y alternancia en el poder, elecciones periódicas que permiten cambiar rumbos y estar en el circuito de las naciones integradas al mundo. Pero es igualmente importante contar con bases económicas sólidas, crecimiento económico permanente, estabilidad y seriedad. Se necesitan fundamentos firmes, que se consolidan con el paso del tiempo y no se ponen en tela de juicio a la primera de cambio. Por eso el país requiere proyectar el progreso de varias décadas por mucho tiempo, ampliar los beneficios a todos los chilenos, terminar con la marginalidad y la pobreza, llegar al fin a los niveles de países desarrollados.
Chile no necesita ni aplanadoras ni retroexcavadoras. No necesita amenazas ni extremismo. El progreso social se construye con trabajo y con instituciones sólidas; el crecimiento económico no es eterno por sí mismo y muchos países han caído después de sus tiempos de bonanza. Entre los múltiples problemas que los llevaron a la decadencia están las malas decisiones en políticas públicas, así como la irresponsabilidad de sus dirigentes políticos, que prefirieron la ideología y el populismo al trabajo serio, la responsabilidad cívica y la conservación de los pilares del desarrollo.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio.




