Unidad
Pablo G. Maillet A. | Sección: Política, Sociedad
Chile se encuentra hoy en un momento crucial. Nos encontramos en medio de una crisis de grandes proporciones. Como todas las grandes ocasiones, nunca son vistosas. No son vistas por los ojos del que vive ajetreado, no son vistas por el que tiene su corazón puesto en las cosas mundanas, en el día y día y es incapaz de levantar su mirada a Dios, al pasado, a la tradición en la que se encuentra, a la sociedad que lo acompaña ni a las personas próximas a él.
Es una crisis en que el término “valórica” no refleja con suficiente realismo la grandiosa dignidad del problema. No es una crisis mal llamada “valorica”, como acostumbran a decir los indocumentados. Estamos en presencia de una crisis mayor y no creemos tener la grandeza de los hombres antiguos que eran capaces de resumir grandes problemas o grandes hazañas en un solo término. Estamos en presencia de una crisis que reúne todo un conjunto de conceptos cuya importancia para el ser humana es definitoria y jamás podrán ser objeto del arbitrio de conjeturas o de redefiniciones por medio de sufragio alguno. Por pertenecer a la esencia del ser humano, y por hacer de éste que sea tal, deben ser reconocidas por todo Estado, por toda sociedad, por todas las personas que se precien de tal. Esta crisis reúne a lo que sea que pueda unir estos conceptos constitutivos del Hombre: la familia, el matrimonio, la dignidad de la persona humana, la amistad social, la autoridad, la religión, la inteligencia, la sabiduría.
No es una mera crisis económica, porque de esa ya tenemos una cada cierto tiempo. Tampoco una crisis educativa, que por su parte es innegable. Tampoco es una crisis de pensamiento, por donde quizá comenzó todo esto. Ni siquiera una crisis religiosa, pues esto viene a ser como una consecuencia lógica. Es una crisis de toda la humanidad. Y no es exagerado decirlo.
¿Qué hacer? El instinto natural del pesimista es desesperar. Refugiarse en el egoísmo más absoluto, y procurar que la crisis no llegue a su vida, o a su bolsillo. El instinto natural del optimista será participar ingenua –y por lo tanto activamente– de la aceleración de dicha crisis. ¿Qué hacer entonces? Queda hacer resurgir el instinto natural del realista.
Un gran pensador decía que el pesimista, por ir mirando el suelo, se golpea la cabeza contra el poste; el optimista, por ir mirando al cielo cae en la alcantarilla que está con su tapa corrida; pero el realista disfruta de ir mirando al cielo al mismo tiempo que advierte el hoyo en el que no cae, precisamente por ser realista, por mirar de frente.
En medio de todo esto abundan los estrategas que ensayan una y otra abstrusa forma de resistir en medio del oleaje que sacude lo humano. Pero todos los que hemos sido niños –y ciertamente todos lo hemos sido, al menos de eso podemos estar seguros– recordaremos que la mejor estrategia, la más efectiva, cuando ya hacia el final del juego los de un lado son mayoría, o más fuertes, o ambas cosas, los del otro no tienen otra opción más que replegarse, apoyarse, retroceder al lugar seguro, etc., sea lo que sea a lo que estemos jugando.
Este casi instinto es perfectamente aplicable a la situación actual de la humanidad –y no sólo de Occidente– El “enemigo” está absolutamente fortalecido, es mayoritario y el “sentido común” está incluso de su parte. Lo “normal” ya no es lo que era, y nosotros hemos pasado a ser los “bichos raros”. Este instinto, con su visión realista de la crisis es el llamado que queremos hacer: es mantener la unidad.
El gran sabio de Occidente, Agustín de Hipona, repetía con frecuencia, y se ha convertido en un adagio, que “en lo sustancial, unidad, en lo accidental, libertad, pero en todo, caridad”. Es ese el verdadero sentido que hay que tener en medio de ésta crisis: una unidad en lo sustancial.
Muchas veces se han unido algunos en lo accidental, cuestión que termina a corto plazo con rencillas internas y a largo con la extinción de la “unidad”. Otras veces, otros, se han unido en lo sustancial, pero sin caridad, y se repite la conclusión del caso anterior. P
El espíritu que deben tener los unos y los otros en este momento crucial es de unidad en lo esencial. Saber que hay un “enemigo” común, que es el enemigo de “lo humano”, de nuestras raíces judeo-cristiana, greco-romana, hispano-occidental; esto es lo que se está atacando.
Esto se ve de manera muy clara en el ámbito político. Nos referimos en el sentido extenso y originario de “política”, que es la participación de la vida y en la vida social; y no en su acepción moderna, democrática-liberal y hasta casi ideológica en la que ha venido a terminar el concepto “politeía”, “civitas”, la “humanitas” en definitiva. En dicho ámbito, se observa clarísimo, en las absurdas –y en ocasiones grotescas– disputas entre quienes tienen más en común de lo que cualquiera pueda imaginar. O bien lo contrario: en el ámbito político, no pocas veces observamos una “unidad” en lo accidental, que es obsesiva, pertinaz, enfermiza, siendo que lo propio, en esos casos, sería conveniente la distinción y la posterior re-unión con aquellos en que lo sustancial o esencial no está puesto en duda. ¡Cuántos partidos políticos hemos visto surgir y después desaparecer en nuestra historia republicana, con excelentes intenciones, con impecables fundamentos, pero que no han logrado permanecer en el tiempo por falta de caridad! ¡Cuántos partidos políticos, por otra parte, hemos visto en esa misma historia, surgir inexplicablemente, y perdurar –también inexplicablemente– sin que haya en absoluto algo sustancial que una a sus integrantes! ¡Y cuántos hemos visto un verdadero desparramo de fuerzas de unos que combaten al enemigo por un lado y otros, que coinciden con los anteriores, combatiendo al mismo enemigo por otro lado! Y qué impotencia ver este espectáculo aberrante de derroche de energías, en una falta absoluta de estrategia. No hay nadie que los junte, que los reúna.
Y dentro del ámbito político, más concretamente, en la defensa y promoción de la familia, asistimos a éste espectáculo macabro de derroche de energías. Por un lado vemos con cuánto ímpetu se desgastan en esto diversas ONG u organizaciones nacidas de manera espontánea por diversas personas. Y por otra parte, otra institución, con los mismos fines, haciendo exactamente lo mismo, sin que ambas siquiera se conozcan. No se trata de “unir por unir”. Se entiende que es perfectamente plausible que surjan dos, tres y las que sea necesario y las que lleven a cabo las voluntades de las diversas personas para combatir por diferentes flancos a ese enemigo común. Pero, sin dejar ese aspecto, ¿no sería conveniente que al menos hubiese una relativa unidad entre ambas? No en función de estrategias o en pro de un sentimentalismo o de un sentimiento nostálgico, sino una relativa unidad en función de sus fines.
Lo peor de ésta crisis actual, entonces, no es la crisis misma, sino la ausencia de una voz que sea capaz de convocar a esa unidad en lo esencial.
Seminario fe y razón 2013: “Familia imagen de Dios”
Este 12 de diciembre de 16 a 19 hrs., se ha organizado en el auditorio de la Universidad Gabriela Mistral un seminario llamado “Familia, imagen de Dios”, en cuya ocasión se pretende dar muestras favorables a lo que hemos expresado acá: reunir –dentro de lo posible– a todas las instituciones y personas activamente pro familia con el fin de tener, al menos noticia de los restantes, de sus actividades, de aquellos puntos sustanciales o esenciales en los que debe haber una legítima, justa y necesaria unidad para ser eficientes en la defensa y promoción de la familia. El seminario contará con la presencia del filósofo Antonio Amado, que hablará desde esa perspectiva sobre el tema. Estará también presente la diputada María Angélica Cristi, presidenta de la comisión Familia de la Cámara de Diputados, quien contará su experiencia en ese cargo, pero también hablará sobre los aspectos legales y políticos a los que debe enfrentarse la defensa de la familia hoy en Chile. Por último, tendremos un panel con 4 instituciones pro familia, muy diversas en lo accidental, pero unidas en lo esencial: Idea País, Instituto Res Pública, ISFEM (Investigación y estudios sobre la mujer) y el IPF Chile (Instituto de Política Familiar de Chile). El seminario es gratuito y se aprovechará la ocasión de homenajear a un sacerdote que se educó y trabajó en Chile, el Padre Mateo Crawley ss.cc. (1875-1960), quien trabajó incansablemente también por la familia, desde su perspectiva religiosa, como es lógico. El seminario es patrocinado por el Instituto Berit para la Familia, la Universidad Santo Tomás, Foro Republicano, una red de personas e instituciones que buscan concretar acuerdos para conseguir que Chile sea un país más humano, y por la Red por la Vida y la Familia, que reúne a más de 64 instituciones que luchan por la defensa y promoción de la vida y la familia.





