¿Le fue rentable septiembre?

Axel Buchheister | Sección: Historia, Política, Sociedad

#05-foto-1La pregunta se refiere a si el Presidente Piñera acertó al asumir la agenda digitada por la Nueva Mayoría durante ese mes respecto de la cuestión de derechos humanos, reviviendo los fantasmas del pasado, lo que terminó complicando a su propio sector. Los hitos de su acción personal fueron la alusión a los cómplices pasivos, el cierre del penal Cordillera y decir que Evelyn Matthei se equivocó al votar Sí en el plebiscito.

La opinión que tiende a asentarse es que efectivamente acertó, prueba de lo cual son los resultados de las encuestas conocidas recientemente, en que mejora su aprobación. Conforme el sondeo del CEP mejoró entre una medición y otra de 31% a 34%, y en la reciente encuesta Adimark alcanzó el emblemático 40%, cifra que suena a punto de quiebre y que además se asimila a la adhesión electoral de la centroderecha. Lo confirmaría también el alza en los atributos de liderazgo y toma de decisiones, en que el cierre del mentado penal sería el detonante.

Puede ser, pero hay también otras explicaciones. Desde luego, una -que no es incompatible con la visión anterior- es el hecho de que está llegando al fin de su mandato, lo que gatilla instintivamente un análisis en perspectiva por parte de la gente, con opiniones más de “balance” que de coyuntura. Ricardo Lagos y Michelle Bachelet incrementaron sistemáticamente su aprobación hacia el final; con Eduardo Frei no fue así, porque terminó con una coyuntura económica mala, que nubló el panorama de su mandato. Y como en Chile las cosas han estado bien, a pesar de las quejas, merced en realidad al modelo más que lo que hayan hecho los presidentes, la gente le dispensa al que se va su aprobación. Esta explicación garantiza que la buena racha ascendente del Presidente continuará.

Hay una tercera hipótesis, no compatible con la primera: que lo único que el Presidente logró fue la aprobación de quienes no votaron por él ni nunca lo harán, como tampoco por la centroderecha. Partidarios de la izquierda que, preguntados en agosto por su aprobación, la negaban, que después de septiembre, regocijados, la conceden. Pero requeridos a decir si votarían por él, la respuesta sería “jamás”. Todo, a costa del desaliento, la confusión, la división o el enfado entre muchos de sus votantes. El 40% de aprobación puede ser una victoria pírrica; o sea, no obtuvo realmente nada y produjo daño.

¿Cuál es la hipótesis correcta? Difícil afirmarlo con certeza, pero es posible que el resultado de esa ecuación, entre los que no son y aprueban, y los que son y no aprueban, esté produciendo efectos en la intención de voto de la candidata presidencial de la centroderecha, que según todos los sondeos dista del piso del sector, lo que ha generado una inquietud que se transmite al resultado de las parlamentarias, respecto de las cuales sobran los rumores de doblajes en todas partes -a nuestro entender, sin mucho fundamento-, pero que envuelven el peligro de la profecía autocumplida.

Lo cierto es que estamos a una semana de conocer la verdad. Si los resultados dan la razón a los agoreros, habrá cuentas por cobrar. Y ahí quizás se ratifique algo que hemos sostenido antes: la obsesión por figurar en las encuestas puede ser mala consejera y, a la larga, un mal negocio.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera.