Compromiso del alumno de calidad
Federico García Larraín | Sección: Educación, Sociedad
Como casi todos los estudiantes de Chile, me doy cuenta que hay muchos problemas en la educación. Como me interesa que la educación mejore, por mi propio bien y el de mi patria, quiero hacer lo que esté de mi parte para lograr una educación de calidad. Soy consciente que educación de calidad se desperdicia si no hay un alumno de calidad dispuesto a recibirla. Por eso me comprometo:
– A llegar a clases a la hora, incluso unos minutos antes del comienzo, para que la clase pueda comenzar a la hora. Llegar atrasado sería una injusticia para con mis compañeros, que tienen derecho a una clase ininterrumpida.
– A apagar o silenciar el celular al entrar a clases, por las razones de arriba.
– A no conversar en clases.
– A no jugar juegos en mi teléfono o computador durante la clase, es una falta de respeto hacia el profesor y una distracción para mis compañeros. Si no me interesa la clase, me abstendré de asistir.
– A no faltar a clases por flojera.
– A ponerme al día cuando falte a clases.
– A comprarme una agenda.
– A llegar a clases duchado: mi comodidad no es razón para generar un ambiente desagradable para mis compañeros.
– A no quejarme cada vez que se anuncia una evaluación.
– A leer los textos asignados por el profesor.
– A leer más allá de lo obligatorio: conformarme con lo mínimo no sería buscar una educación de calidad.
– A desterrar el garabato y la vulgaridad de mi conversación habitual: hablar con precisión ayuda a pensar con claridad.
– A ser conversar sobre otros temas además de fútbol y farándula.
– A buscar los profesores y los ramos que sean más provechosos, no los más fáciles.
– Asistir a clases para aprender, no para pasar el ramo.
– A tratar mi casa de estudios como un lugar serio: que mi atuendo y postura reflejen mi disposición interna de tomarme en serio mi educación.
– A no fumar marihuana, porque debilita mis capacidades cognitivas, necesarias para recibir una buena educación.
– A vivir como si mi educación (de la cual los estudios son parte esencial) fuera lo más importante durante estos años, y no la evasión del fin de semana.
– A aprovechar las oportunidades que me da la universidad: conciertos, coloquios, charlas, sociedades académicas, publicaciones estudiantiles, etc.
– A conocer íntima y extensamente la biblioteca.
– A intentar comprender quienes piensan distinto antes de condenarlos desde una superioridad moral asumida.
– A cuestionar las consignas: el desarrollo del pensamiento crítico es parte de la educación.
– A leer el diario periódicamente.
– A participar en el debate público de manera razonada, no emitir insultos ni en persona ni en foros de internet.
– A inscribirme en el registro electoral.
– A no usar la fuerza en la universidad que es lugar de la razón.
– A no dañar las instalaciones de la universidad.
– A limitar el tiempo dedicado a facebook, twitter, televisión, etc. y aumentar el tiempo dedicado a los libros.
– A no copiar en pruebas ni plagiar en los trabajos escritos: sería la subversión de mi propia educación.
– A terminar mis estudios siendo alguien distinto quien los empezó, y no el mismo joven recién salido del colegio con una capacidad productiva añadida.
– A hacer un empeño serio en comprender la realidad en todas sus dimensiones.
Entiendo que es más fácil pedir que otros cambien a cambiar yo mismo. Comprendo, así mismo, que mi lucha por la educación no tiene sentido si no pongo empeño en ser un alumno capaz de recibirla.
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