Aborto terapéutico y grupos pro-vida
P. Francisco Javier Astaburuaga Ossa | Sección: Política, Sociedad, Vida
La tramitación en el Congreso nacional de un nuevo proyecto de ley a favor del aborto terapéutico desafía a los grupos pro-vida a una renovada acción contra la cultura de le muerte. Pues estamos llamados a “ser voz de los sin voz”.
En efecto, no basta con hacerse presente en el Parlamento cuando ya se estén votando los artículos de una ley que quiere aprobar un crimen abominable, por meritorio que esto sea y lo valoremos inmensamente por la valentía, entrega y decisión de tantos a favor de la vida. Lo que hay que lograr más aún, es un trabajo mancomunado de toda la red por la vida. Al menos, aquellos que son efectivamente activos y no meramente nominales.
Y al leer con detención el texto en discusión, seguramente conocido por un grupo reducido de ciudadanos, nos podemos dar cuenta de la artificiosa elaboración del mismo y la manipulación de las normas constitucionales y legales citadas. A tal punto llega la calculada argumentación que termina no sólo derogando el artículo 119 del Código Sanitario. Además, modifica sustancialmente la codificación penal (art.342 a345) atentando contra el sentido genuino de la norma, hasta el punto de hacerla ineficaz. De igual modo se interpreta de manera antojadiza, contra el espíritu del constituyente, la garantía constitucional del Art. 19 nº1 donde, en definitiva, la única persona que goza de tal garantía es la mujer-madre.
Sin embargo, la defensa a la vida del inocente por nacer queda borrada de plano.
Más grave aún es la facultad que se concede a un médico para que ante la falta de consentimiento informado de la madre que aborta, él lo reemplace y presuponga una acción positiva a favor del aborto si no consta lo contrario. Habría que preguntar a las madres si de verdad quieren abortar. Lo más seguro es que no si tuvieran todo el apoyo que necesitan. Es muy fácil deshacerse de un problema cuyas consecuencias no asumimos como sociedad y argumentar que por razones psicológicas se puede abortar.
Esto abre la puerta al aborto a todo evento. Mejor es decir la verdad y no usar de resquicios legales para legitimar un crimen.
Una ley que propicia el aborto de niños con malformaciones o sin viabilidad es una nueva política nazi encubierta y típica de regímenes totalitarios que han destruido la humanidad sembrando la muerte y el dolor de inocentes. Chile no se puede permitir tales programas de gobierno porque el país, en lo más intimo de su ser patrio, lo rechaza, aunque no lo exprese y las encuestas de opinión digan lo contrario para algunos. La vida humana no es cuestión de encuestas. Y la ley no se hace por encuestas.
Hay que informarse y no dejarse engañar por los slogans del lobby abortista financiado por multinacionales que sólo buscan enriquecerse sumiendo en la pobreza a los pueblos en desarrollo. Y se presenta por los políticos como un slogan de campaña y política de estado que olvida que el derecho a la vida es originario y anterior al estado. Argumentado a favor de una falsa libertad nos engañan.
La riqueza de un país está en sus hijos. La pobreza, en el asesinato legalizado de inocentes por nacer.
La gravedad del problema nos obliga, entonces, en conciencia, a dejar de lado los intereses personales de los grupos pro-vida. El individualismo y el egoísmo es el peor enemigo de la causa pro-vida.
El futuro de Chile está en juego. La defensa de la vida por nacer es un imperativo jurídico y ético. Debemos estar a la altura de los desafíos que la sociedad actual nos demanda para hacer de Chile un país más justo y democrático.
Tenemos que ser objetores de conciencia y defender los derechos humanos sin temores de ninguna naturaleza. Chile le pertenece a Chile y no a las ideologías que promueven la cultura de la muerte. Familias, padres y madres; estudiantes, profesionales y técnicos; trabajadores, campesinos y empresarios; políticos y hombres y mujeres de buena voluntad no tengan miedo de defender la vida por nacer. “Jóvenes, atrévanse a ser desafiantes en la defensa de la vida. No tengan miedo de ir contracorriente. No se dejen engañar por promesas electorales que les hablan de libertades e igualdades a media, pero atentan contra la justicia”. Ustedes están vivos porque sus padres les respetaron sus vidas. Y ustedes serán los padres y madres del futuro de Chile. “En los jóvenes de hoy y de mañana está la esperanza del país”.
Aquéllos que den razones para vivir y esperar son quienes deben conducir los destinos de nuestra patria. “No dejemos que nos roben el alma de Chile: el derecho a la vida. Pues ya es hombre aquél que lo será (Tertuliano)”.




