¿Solidaridad entre movimientos sociales?
Manfred Svensson | Sección: Política, Sociedad
“No vuelve al mismo país del que se fue, vuelve a un país movilizado”. Con tales palabras Giorgio Jackson ha dado la bienvenida a Michelle Bachelet, hablándole no en particular desde el movimiento estudiantil, sino desde el conjunto de los movimientos sociales. La subyacente idea de solidaridad entre movimientos sociales ha sido de hecho parte de la escena pública de los últimos dos años, parte de lo que hace que se perciba como generalizado el malestar.
¿Pero puede, estrictamente hablando, haber solidaridad entre los movimientos sociales? Pareciera que no. Después de todo, cada uno de ellos está pidiendo, tal vez justificadamente, más recursos para su sector. En pocas palabras, parecen apostar a repartirse un mismo botín y, si dicho botín es limitado, en realidad los movimientos sociales están no en una situación de solidaridad sino de competencia.
Pero a ese tipo de objeción bien podrían ellos responder que su solidaridad no es respecto de pesos más o pesos menos, sino respecto de un objetivo más profundo, un cambio general de mentalidad que lleve a una sociedad más justa. Serían solidarios no en relación con el dinero que cada sector reclama, sino respecto de un cambio estructural de la sociedad.
Esa, seguramente, es su autocomprensión. Pero ella abre a otra pregunta, la pregunta por la solidaridad entre estos movimientos y el resto de la sociedad. Porque el grueso de la población se suma a movimientos como el estudiantil, pero con toda probabilidad sin ese cambio tan estructural en la mira; se suma, pero precisamente porque está pidiendo más recursos para una tarea específica, como la de la educación. Quienes así se suman no están necesariamente apostando por un modelo de sociedad radicalmente distinto; tienen malestar, pero no porque el modelo no les guste del todo, sino porque no están plenamente incluidos en los beneficios del mismo.
Si esto es así, los movimientos sociales parecen estar ante un dilema: o bien se preocupan de acentuar su solidaridad recíproca, pero alienándose de aquella parte de la población que quiere acceder a los beneficios del sistema en lugar de echarlo abajo, o bien acentúan su solidaridad con dicha población, reconociendo que eso genera dudas respecto del modo en que su crítica radical al sistema ha sido planteada. Con todo, optar por este segundo camino no implica que deban entrar a una lógica de simple competencia recíproca, renunciando a una crítica social conjunta; pero deberá tratarse de una crítica más matizada.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el autor en su blog, http://manfredsvensson.blogspot.com.




