Pata Daisy Imperatrix

Ruperto de Nola | Sección: Sociedad

Cumbias y mojitos en Fiestas Patrias. Colores chillones tiñendo las casas de Valparaíso. Creativos que creen haber inventado algo con un risotto de mote. El Cronista reconoce que en estas fechas se pone “lloricón”. Pero razones no le faltan.

Un presidente vecino ha decidido “honrar” su promesa de no sé qué. Otros “honran” sus compromisos. La imbecilidad lingüística se abate sobre nosotros como aguacero septembrino. Durante uno de ellos habrá celebrado Usía las Fiestas Patrias chapoteando cumbias colombianas, sorbiendo mojitos cubanos y comiendo anticuchos limeños.

Reina sobre nuestro folclor la Pata Daisy, avechucha perfectamente asexuada e insípida que impone su estilo en algunas de nuestras más queridas ciudades. ¡Vaya, si no cree, a los cerros de Valparaíso y contemple esas casas pintarrajeadas atrozmente con los colores más chillones, dando un espectáculo vergonzoso, ridículo, que encoge el corazón!: pintoresquismo postizo, forzado sobre esas nobles casas de los cerros Alegre o Concepción para “deleite” de los turistas. ¡Ah, colorido fulero, vulgaridad disneylandesca! ¡Cuándo se les iba a ocurrir a esos sobrios habitantes de los cerros vivir detrás de una pared rabiosamente morada y una puerta verde limón! Dicen que son las municipalidades las que le imponen a Ud. el color del que ha de pintar su domicilio… Los colores pastel de los cup cakes desplazan a nuestros viejos ocres, blancos y añiles.

Ítem más. Descubren por ahí hacer un risotto de mote, con aire de creatividad y novedad que le llena de orgullo la careta al “creador”, algún ignaro que jamás comió mote a la crema. Pero no se le dé ná: peor es el huachaquismo esnob que cultiva la ordinariez y el desmadre, con edénica ignorancia de los estilos sobrios, recatados y señoriales de nuestros auténticos populáricos que decía la Violeta. ¡Confundir una buena ramada campesina con un sucio comedero de cuneta arrabalera! ¡Creer que lo limpio y lo claro son remilgos burgueses! Estos “huachacas parisienses” (que los hay) no han visto jamás esas señoritas pueblerinas que meramente pellizcan el cacho de la empanada con el meñique bien tieso y contestan, ruborosas, que ellas “no bailan ni valsean porque se marean y endéi ‘gomitan”’…

¡Cuán equilibrada en la sazón y sencilla en los ingredientes, atinada en la cocción y discretamente decorada es nuestra cocina vernácula! ¡Cuánta verdad en plato y copa! Perdone, mijita, pero es que se pone uno lloricón por estas fechas, que es cuando se nos impera estar felices. Así es la vida: hay quienes reciben la orden de alegrarse y les baja la depre. Lo que ocurre es que abre uno los ojos, mira en derredor y… ¿qué queda sino lagrimear? Pero, en fin: nos consolaremos con lo que más consuela en la vida, un guiso lleno de recuerdos.

 

Pastel de porotos

Para acompañar bisteques jugosos. Remoje, cueza y pase por cedazo porotos secos. Fría en color chilena (o mantequilla) cebolla picada finamente. Dorada, mézclela con los porotos, sal y pimienta. Vierta esto a una fuente, y cubra con una capa gruesecita de un batido de huevos, no mucho pan rallado y harto queso rallado. Gratine.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio de Santiago.

�trpaPdcreencias. Respetar implica darse cuenta de que no es igual hacer una caricatura de Cristina Fernández que de Mahoma, aunque a algunos les pueda caer más simpática la primera que el segundo.

 

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio de Santiago.