Miscelánea tras la comisión mixta

Manfred Svensson | Sección: Política, Sociedad

Unas breves reflexiones tras una ambivalente experiencia que tuve hoy. No precisamente una experiencia mística, sino una participación en la comisión mixta del Congreso encargada de resolver las discrepancias en torno a la ley de no discriminación. ¿Qué me hace pensar lo visto y oído ahí?

 

a) Se acrecientan (si fuera posible que se acrecienten más aún) mis dudas sobre el sentido de que las iglesias evangélicas se presenten en tales instancias a pronunciarse de modo colectivo. Esto puede ser un comentario desleal, puesto que acepté representarlas en esta instancia. Por tanto, me explico: no quiero decir que no deba haber evangélicos participando en éstas o análogas instancias, pero los esfuerzos colectivos debieran ir dirigidos a formar gente capacitada para abordar tal participación a través de otras redes u organizaciones, no como voz de un conjunto de iglesias. Las razones sobran: por una parte, está lo mucho que cabe decir del variopinto mundo evangélico; por otra parte, el sencillo hecho de que esto expone a que cada aparición pública de la iglesia se relacione con la prédica de la ley y no del evangelio (perdón, soy de esos cristianos old-school que siguen trabajando con ese binomio, creyendo que a la iglesia le corresponde transmitir esas dos cosas, pero que precisamente del evangelio SOLO habla ella, por lo que bien puede delegar algo de la prédica de la ley…)

 

b) Filosofía. Una o dos personas que sabían que me dirigía a este lugar se alegraron porque iba a participar, les parecía bueno que participara un filósofo, y no sólo abogados. No estoy tan seguro: la filosofía puede tener alguna utilidad, pero ¿en instancias en que sólo se puede hablar cinco minutos? Tanto desde la filosofía como desde el cristianismo diría algo muy sencillo: estos temas –tolerancia, homosexualidad, diversidad, etc.– son parte de un discurso más largo, uno que sencillamente no cabe resumir. La brevedad sólo acentúa una nefasta impresión a la que tales situaciones de suyo ya inclinan: que parezca que uno viene del lado de los “buenos” para hablar contra los “malos”. Romper tal lógica binaria presupone tomarse el tiempo para ello, el tiempo de los matices. El hecho de que se discuta una norma que a uno le parece mala, obliga por supuesto a no obstante estar ahí aunque sea por unos minutos –pero con serias dudas respecto del mensaje que eso transmite–.

 

c) Un punto por el que me pude retirar agradecido. En todos los sectores hay gente que pone malas caras a los del otro lado. Pero también hay gente interesada en escuchar, en no quedarse con una mirada estereotipada del otro grupo. Estoy tremendamente agradecido porque al final se me acercó una mujer que defendía la norma, siendo ella misma homosexual (y me disculpo si es otro el término que debo ocupar, mi vocabulario en este campo sigue siendo limitado). Se acercó porque indudablemente lo que yo dije a la comisión le pareció tonto u ofensivo; y sin embargo, no quiso quedarse con eso, estuvo dispuesta a no ofuscarse sino acercarse a preguntar para ver si había entendido bien. La conversación con ella fue para mí lo mejor del día, y creo que ambos aprendimos algo el uno del otro (al menos yo aprendí algo de ella). Jamás debemos perder de vista que tales conversaciones son posibles; sumamente posibles, pues a veces basta con darse vuelta y saludar al que está al lado. Yerran, sin duda, quienes tras una conversación como ésa sienten que tienen que cambiar todo lo que han creído; pero yerran en una medida al menos igual de grande quienes creen que no hay nada que aprender al conversar con otros.

 

d) Para el futuro de nuestra cultura siento que ese tipo de conversaciones son mucho más importantes que la ley que acabemos teniendo.  Pero eso es lo que siento; al analizarlo no sé si es la pura verdad: la cultura influye mucho sobre las leyes, pero éstas repercuten también sobre la cultura. Ni de lo uno ni de lo otro debemos dejar de preocuparnos; pero ni lo uno ni lo otro nos debe hacer perder la paz ni el sueño. Siendo las 22:45, procedo a dar cumplimiento a esta última observación…

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el autor en su blog, http://manfredsvensson.blogspot.com.