Una auténtica guerra civil
Max Silva Abbott | Sección: Sociedad
Según ha sido dicho muchas veces, las ideas son la fuerza más poderosa de nuestro mundo, porque actuamos conforme a ellas. Así, según cuál sea la concepción que se tenga del hombre, dependerán los valores que se consideren imprescindibles para el inevitable proyecto vital que vamos construyendo continuamente.
Como lógica consecuencia de lo anterior, las ideas que logren consolidarse tendrán consecuencias prácticas evidentes y profundas, porque se intentará modificar el mundo a fin de hacerlo acorde a ellas, al ser tenidas como un modelo de la realidad.
Por otro lado, también nuestra propia experiencia histórica muestra que estos modelos de realidad pueden ser muy variados, y que en toda sociedad han existido ciertas ideas-fuerza que le han dado su fisonomía y su itinerario a través del tiempo; además, que como todas las cosas humanas, ellas evolucionan y van teniendo diferentes acentos y matices a través del tiempo.
Ahora bien, si se observa la situación de Occidente, puede apreciarse muy claramente no sólo que en la actualidad no hay un modelo de realidad único o claramente mayoritario que sea el “alma” de su actuar, sino, por el contrario, una profunda división en su seno, al punto que podría hablarse a este respecto muy bien de una verdadera “guerra civil”.
En efecto, hoy pugnan al menos dos tipos de concepciones del mundo y del hombre muy distintas, y en algunos aspectos, diametralmente opuestas: las de inspiración judeo-cristiana (que le han dado su fisonomía propia a la cultura occidental) y las que podrían llamarse (simplificando bastante las cosas, al existir diversas corrientes, no siempre conciliables entre sí) de inspiración laicista, muchas veces también autodenominadas “progresistas”.
Según se sabe, estas corrientes poseen concepciones muy distintas respecto del origen del hombre, de la dignidad humana, del valor de la vida, o de lo que debe considerarse familia, entre otros muchos temas polémicos y candentes de nuestros días. Y como resulta obvio, la propia realidad que vivimos ha sido y está siendo modificada profundamente según cuales de estas ideas han ido triunfando o se han impuesto en no pocos casos, en diversos lugares.
Así las cosas, no es difícil percibir que hoy asistimos a una verdadera batalla campal por imponer la “agenda progresista” en desmedro de la cultura tradicional, utilizando todos los recursos imaginables: medios de comunicación, cultura, arte, educación, leyes, economía, e incluso la religión en no pocos casos.
¿Qué sucederá con nuestra cultura occidental ante un cambio como el que se pretende? Sólo el tiempo lo dirá. De lo que sí podemos estar seguros es que la realidad no sólo nuestra, sino aquella que vivan nuestros hijos y nietos, dependerá de manera esencial de cuáles sean las ideas que triunfen en definitiva.




