Y si Dios Existiera…

Sebastián Toro Dellacasa | Sección: Religión, Sociedad

Entre las variadas evaluaciones que se han publicado sobre la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2011 en Madrid, nos ha llamado poderosamente la atención la columna “La Fiesta y la Cruzada” del premio Nobel Mario Vargas Llosa, que fuera publicada en el diario El País de España y reproducida en variados otros medios, entre ellos el L´Osservatore Romano.

Nos sorprende por venir de un reconocido agnóstico, liberal y laicista furibundo que hasta hace poco incitaba el retiro de todo símbolo religioso de la esfera pública (en particular la campaña contra los crucifijos en las escuelas) y que vapuleaba la fe a la sola profesión privada.  

Movido por la impresión de las grandes manifestaciones del JMJ 2011, con su fervor religioso y pacifico, expresa, “Bonito espectáculo el de Madrid invadido … (por) una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su «adicción» al Papa” y como “Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática”, aún a pesar de algunos “ incidentes menores” provocados por “ grotescos … grupos de energúmenos”, que buscaban opacar el encuentro.

Llama la atención también que siendo tan sólo un espectador externo de temas religiosos entienda las consecuencias desintegradoras del programa progresista dentro de la Iglesia. Así destaca que “El sueño de los católicos progresistas de hacer de la Iglesia una institución democrática es eso, nada más: un sueño. Ninguna iglesia podría serlo sin renunciar a sí misma y desaparecer”. Y muestra que gracias a los recientes Pontífices,  Juan Pablo II y Benedicto XVI, “el catolicismo está hoy día más unido, activo y beligerante que en los años en que parecía a punto de desgarrarse y dividirse por las luchas ideológicas internas.

Pero luego cambiar la ideología laicista que le era tan cara tiempo atrás, resulta un paso esperanzador de sensatez. La honestidad intelectual de Vargas Llosa está fuera de toda duda y ya ha dado muestras sobradas de reconocer errores pasados. Al parecer el escritor peruano ha sufrido una dolorosa desilusión con el papel de la cultura moderna en el desarrollo de los pueblos, que ahora ve convertida en una “divertimento” insustancial y a la vez una “jerigonza” incomprensible, que palidece frente a una fe viva.

Cuánto bien haría que los ideólogos del laicismo en Chile siguieran el ejemplo del premio Nobel. Cuánto odio se oculta tras la dialéctica disfrazada y cuánto se ha aprovechado del ingenio para difamar y denostar la Religión, la misma que ahora  Vargas Llosa  promueve como un gran bien para la sociedad.

Vargas Llosa termina en una hermosa aspiración, “Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos.”