Una visión alternativa de la Toma de Humanidades en la UC

Juan Pablo Miranda Arismendi | Sección: Educación, Política, Sociedad

Hace aproximadamente un mes, el día 26 de Agosto para ser preciso, ocurrieron lamentables hechos para nuestra comunidad. Mediante una toma en Humanidades se intentó imponer la voluntad de un grupo minoritario por sobre la democracia e institucionalidad estudiantil. Como representante en su momento manifesté categóricamente mi rechazo ante tal acción, ante un periodista de ADN Radio.

Las consecuencias de la toma se hicieron sentir pronto animándose un severo clima de confrontación. Consideré que la violencia empleada en el desalojo fue inapropiada y la rechacé, pero ello no eximía de responsabilidad a quienes desarrollaron la toma y tal acto era igualmente reprochable. Eso señalé al Presidente de la FEUC cuando lo interpelé ante TVN, luego de insistirle reiteradas ocasiones que se pronunciara no sólo por la violencia sino también por la toma, ante lo cual se negó por considerarlo inoportuno. En aquella oportunidad, no me identifiqué, menos aún dije que era representante estudiantil: hablé como estudiante común y silvestre. Inmediatamente se abalanzaron sobre mí un exaltado grupo de estudiantes de la Universidad quienes intentaron agredirme, además de amenazarme y proferirme variados improperios. Hay quienes han dicho que el Presidente de la FEUC intentó mediar, quiero señalar que eso es falso.

Los días siguientes fueron duros. Temí por mi integridad y lo señalé a mi Directiva, pero se me exigió asistir a la asamblea donde discutiríamos sobre lo acontecido. Accedí por cuanto ya sabía que había intención en destituirme, de modo que era juez y parte en tal cuestión. Así, la discusión partió con la puesta a disposición del cargo de la Vice-Presidenta de mi Centro de Estudiantes, quien participó en la toma. Luego, tres estudiantes exigieron mi renuncia, atribuyéndome que había señalado que avalaba la violencia de carabineros. Desmentí tajantemente tal cuestión y agregué que no había registro en los medios de mis intervenciones para poder evaluar. No les importó. Se basaron en trascendidos y rumores para juzgar un cargo que ni siquiera me precisaron y que hasta el día de hoy no entiendo. Asistieron 64 compañeros (de un total de 208 alumnos). Votaron 42 personas en favor de mi destitución, lo que corresponde a un 20% de mi carrera. Los acontecimientos corrieron rápido y tras reflexionar sobre el proceso, tomé apercibimiento que había sido indebido ya que no se respetó los estatutos que establecen los procesos de destitución. Se lo hice saber inmediatamente a mi Directiva. Entonces renuncié por motivos personales. Acto seguido, se emitió una declaración desde la Directiva del Centro de Estudiantes, quienes sólo reconocían parcialmente el error y continuaban aceptando como válida la destitución. Lo verdadero, según establece nuestra Constitución, es que dicho proceso fue indebido y que las justificaciones esbozadas no corresponden. Ello constituyó una evidente violación de las normas y un pretexto grotesco para justificar los atropellos como el de mantener a un representante que no respeta su propia institucionalidad.

En consecuencia, no se me hizo justicia debidamente y los medios no tienen los registros de los dichos de esa noche. Por lo tanto, sólo me queda manifestar mi versión de lo ocurrido. Mis palabras fueron manipuladas y se han prestado para especulaciones perniciosas y calumnias. Quiero decirles a aquellos que lo hacen, que están violando derechos humanos fundamentales, como lo es respetar las opiniones diferentes o presumir la inocencia y buena fe. Por este medio desmiento resueltamente todas esas acusaciones.

De las repercusiones universitarias del evento

¿Seguramente usted se preguntará qué atropellos? ¿Por qué he relatado toda esta historia?

Porque quiero compartir con ustedes una reflexión a propósito de estos eventos, ya que éstos tienen repercusiones no sólo locales sino también universitarias.

El espíritu de las humanidades y ciencias sociales contiene en su núcleo las grandes preguntas trascendentes sobre el hombre y su destino. Por este motivo el ejercicio de la tolerancia y el respeto es  fundamental para la búsqueda de la verdad y la contribución a la sociedad. Señalo esto, porque he visto durante cuatro años, cómo la ideologización nubla el juicio comprometiendo la imparcialidad e independencia, pero más aún, cómo ha afectado la convivencia y hoy nos ha llevado a la confrontación y la negación de la libertad de conciencia. Esta situación ha segregado a la comunidad de Humanidades, en virtud de determinadas posiciones políticas y religiosas, que divide y separa a las personas. Hay una confusión entre poseer determinados valores y creencias y aquella semejanza esencial que guardamos los seres humanos. A humanidades se le está olvidando la humanidad y debemos tomar conciencia.

En este contexto, aquí hay responsabilidades compartidas y omisiones importantes, pues nuestra Federación ha olvidado fomentar la unidad. Nos propusieron cambiar los estatutos para resolver las controversias, como si las instituciones pudiesen cambiar todo. Están equivocados. Primero tienen que cambiar las personas y sus actitudes. Y veo que las sombras autoritarias capturan la gestión, cuando omiten temas –como rechazar una toma o evitar pronunciarse por el apedreo de nuestra universidad– o justifican sus atropellos con pretextos y consignas.

Por lo tanto, cuando no se asumen las responsabilidades debidamente, olvidando la ética y moral que comprometen nuestras actuaciones públicas y los caminos que tomamos, no sólo perdemos nosotros como comunidad sino que defraudamos a la sociedad. Pero más aún, ese ámbito es crucial dentro de su misión. La negligencia en que ha incurrido la FEUC a costa de alcanzar la reforma, está haciéndonos olvidar los caminos y está siendo fatal. Hoy a la FEUC se le está acabando el tiempo y todo parece prever que extenderán una salida al conflicto que coincidirá con las próximas elecciones. Quiero advertir que este comportamiento es tremendamente perjudicial para nuestra democracia, por cuanto extender artificialmente el conflicto es una intervención electoral para apoyar a su sector.

Estas verdades son incómodas pero creo que es un bueno difundirlas. En consecuencia, como señalaba decidí renunciar por motivos personales. Pues estos eran: quedarme tranquilo con mi conciencia y basar mi servicio público siempre en honor a la verdad. No podemos permitir que la FEUC siga acallando a los que piensan distinto con prácticas autoritarias. Por eso increpé a Giorgio en Televisión, pues ha sido negligente en su gestión. En efecto, la negligencia de nuestra FEUC me condujo a abandonar mi centro de estudiantes. La actuación cínica que llevan muchos dirigentes hoy me parece inadmisible y espero que se tomen cartas en el asunto.

 

 

Nota: El autor de este artículo fué Secretario General del Centro de Estudiantes de Ciencia Política UC.