Transmitir ideas arriesgándose a la impopularidad
Pola Ovalle | Sección: Política, Sociedad
“El contagio de los prejuicios hace creer muchas veces en la dificultad de cosas que no tienen nada de difíciles.”
Pío Baroja
Muchas veces nos dejamos llevar por imágenes preconcebidas respecto de las personas, adelantando conclusiones gratuitas sin mayores fundamentos. Este fue el error en el que caímos nosotros, como juventud UDI de Talca, por bastante tiempo.
Pensábamos que las personas menos afortunadas y criadas en un ambiente hostil hacia nuestras ideas, necesariamente profesarían premisas típicamente asociadas a los movimientos de izquierda y que nuestra visión de los temas valóricos, resultaría muy impopular. Gran error sería el nuestro, y peor la perseverancia en él durante largo tiempo.
Bajo estas premisas erradas, los políticos de nuestro sector suelen creer que es mejor enarbolar las ideas de la técnica y la eficacia casi con exclusividad, dejando de lado la visión valórica de la sociedad, bajo el argumento de que correríamos el riesgo de ser impopulares. Probablemente estas conclusiones equivocadas son compartidas por un gran número de simpatizantes de las ideas conservadoras.
Son estos prejuicios los que constituyen el origen de la desidia y la inacción con la consecuente pérdida de oportunidades que finalmente pueden llegar a cambiar la vida a las personas, aunque sea en una pequeña parte, de hecho, así lo demuestra la experiencia de la que los quiero hacer parte.
Hace poco tiempo atrás, nos encontramos con la dirigente de un centro cultural con la que habíamos realizado, hace ya varios años, una de las tantas actividades sociales en terreno que se han llevado a cabo por la Juventud de la UDI de Talca durante los últimos 10 años.
Conversando con ella, surgió la idea de hacer una charla sobre salud de la mujer, aprovechando que una de nuestras integrantes es estudiante del área. Al mismo tiempo nace la sugerencia de hacer conjuntamente una charla sobre violencia intrafamiliar.
Teniendo esta tremenda oportunidad, no queríamos hacer una charla sólo de Violencia Doméstica, no era suficiente. Fue así como armamos otro esquema, introduciendo un matiz valórico y no sólo técnico a la presentación. Se incorporaron temas como la familia, la importancia de la institución del matrimonio por sobre la convivencia, dentro de los tipos de maltrato tratamos el aborto, y explicamos cómo este crimen, en cada una de sus formas e hipótesis es completamente inaceptable. Terminamos exponiendo respecto de la nefasta influencia que las ideologías de género ejercen en las personas y la sociedad. Es decir, intentábamos transmitir, a través de consejos que ayudaran a prevenir la denominada violencia intrafamiliar, ideas diferentes a las usualmente transmitidas los últimos veinte años, tales como: “la maternidad es una carga”, “ los orígenes de los abusos sobre las mujeres son la imposición social del concepto de lo femenino”, “el aborto terapéutico es legítimo” dentro de tantas otras.
Considerando nuestro público, siete mujeres que viven en un lugar relacionado fuertemente con diferentes tipos de adicciones, mujeres que en su totalidad eran agresoras o víctimas, personas para quienes todo lo escrito sólo en un papel para nosotros eran experiencias de vida para ellas, mujeres que en su totalidad profesan ideología política de izquierda (en la sala colgaba un cuadro del ex presidente Allende) y por tanto en teoría contrarias en ideas a todo lo que se les había expuesto, pensábamos que la recepción, considerando estos datos objetivos, sería como lo esperaría la mayoría de las personas, derechamente hostil.
Sin perjuicio de este antecedente, perseveramos en nuestra intención de llegar con ideas novedosas a este grupo al cual nadie con nuestras convicciones llega. Lo anterior, con la finalidad de a lo menos, generar la inquietud de que existe otra mirada a estos temas en alguna de las asistentes.
Lo que pasó, fue simplemente sorprendente. Entre galletas y café, sucedió lo inesperado, logramos comunicar estas ideas que han sido tan relativizadas incluso por nuestro propio sector, a personas que querían escuchar la parte de la historia que nunca les habían contado, de tal modo que terminando, la dueña de la casa en la cual estuvimos, que era esta misma dirigente con la que empezamos esta historia (la del cuadro de Allende), nos cuenta que siempre estuvo en contra del aborto y que su duda hasta ese momento era respecto al aborto llamado terapéutico, pero que le había quedado claro que este es en concepto una falacia y que por lo tanto ella desde ese minuto estaría en contra de todo aborto. Es más, ella misma nos invitó a hacer una charla idéntica, a otro grupo de mujeres con las mismas características anteriores. Dicha charla también se realizó, un día sábado frío y lluvioso, en una pequeña casa donde el grupo ya no era de siete personas, sino de quince, ya las caras no eran tan amables sino más bien hostiles (esta vez, en lugar de una foto de Allende, había una del Che Guevara). Nuevamente nos dieron una tremenda lección. Esas quince personas quedaron tan motivadas con todos nuestros planteamientos que resultaban tan novedosos para ellas, que nos pidieron enviarles más información al respecto, nos invitaron a volver a hacer charlas de ese tipo. Sólo puedo decir con certeza que estamos llenos de prejuicios, respecto de las personas y de nuestras propias ideas y dichos cuestionamientos nos limitan enormemente en nuestras intenciones.
Para nosotros como juventud UDI, es ahora cuando el trabajo de tantos años está dando frutos. Estos se traducen en
lo más preciado que se puede obtener de alguien: su confianza. El cariño y la confianza con la que nos reciben las personas en sus propias casas, sin el recelo que provoca la politiquería, la oportunidad que nos dan de ser escuchados y la credibilidad que hemos ganado a punta de trabajo son nuestra mejor recompensa.
Después terminar con en el temor de no ser escuchados y de atrevernos a cruzar la línea, nos hemos dado cuenta de que se puede, sólo hay que atreverse. Probablemente no siempre el recibimiento será tan bueno, pero mientras exista sólo una persona que esté mínimamente interesada en escuchar esta parte de la historia que nunca le contaron, vale la pena intentarlo.
Claramente lo que estamos haciendo no tiene sólo una finalidad meramente electoral, sino que la comprende, es un fin mucho más trascendente, es lo que queremos para nuestra sociedad.




