Reflexiones sobre el Acuerdo de Vida en Común

Pablo Montt Prado, María Inés Amenábar Christensen | Sección: Familia, Política, Sociedad

El Acuerdo de Vida en Común introduce el primer paso de legitimidad al matrimonio homosexual. Su debate no responde dudas al cambio social que de ello deriva. Dudan sobre qué es ser homosexual, (homo sexual: igual sexo) tanto psiquiatras, psicólogos, sociólogos y los propios homosexuales.

Se define generalmente como la atracción que sienten individuos, (varón o mujer) hacia otros del mismo sexo, que practican relaciones sexuales entre si. Hay quienes sintiendo tal atracción no realizan practicas sexuales ni se reconocen tales. En este indefinido elenco hay homosexuales, transexuales y bisexuales. Los estudiosos coinciden que es un mundo difuso dentro de las desviaciones de la personalidad humana.

Otra pregunta clásica es si homosexual se nace o se hace. Estudios comparativos entre homosexuales y heterosexuales clínicamente sanos, indican que no existen diferencias, biológicas, orgánicas ni genéticas entre ellos y del universo estudiado revela porcentajes muy bajos con esta atracción. Administrar hormonas sexuales aumenta la libido y no altera la inclinación en ninguna dirección. Tampoco cabe hablar de tercer sexo ni una suerte de etnia distinta, todos mantienen intacto el fenotipo de hombre o de mujer.

Entre las múltiples causas de desviación, hay cuatro elementos muy determinantes: el ambiente, la respuesta psíquica, la identidad y la conducta. También la deformación, debilitamiento o carencia  de la figura genuina del padre determina la personalidad de hijos e hijas. Familias mono parentales estarían más expuestas. Todas circunstancias psicosociales, no biológicas.

Es importante advertir que la dicotomía entre corporeidad e identidad psíquica, causa dolor y un arduo proceso de búsqueda, pero que no es un camino irreversible o sin respuesta; existen testimonios de personas que han abandonado la homosexualidad, y también profesionales y agrupaciones internacionales dedicadas a esto.

Otro aspecto de duda es: Si un hombre o una mujer no adquieren, antes que nada, esa segura certeza sobre su ser, es lícito preguntarnos: ¿Qué relación de amor podrían establecer hacia otro semejante, cualquiera quien sea? Mayor incertidumbre significa: ¿Qué sitio ocuparía cada cual en una presunta relación matrimonial entre dos hombres, o dos mujeres, si en ambos casos ninguno reconoce en si mismo, plena y derechamente su real y completa categoría sexual?

Desde un análisis racional, a la concepción clásica de esencia humana expresada en los géneros femenino y masculino, avanzar en este proyecto, contrapone la idea feminista radical y estructuralista de un sustrato biológico sin esencia; la orientación sexual se determina mediante un “constructo cultural”. Esta visión sustenta el argumento gay y le permite transitar del ámbito de sub cultura y constituirse en un movimiento socio político de carácter internacional para legitimar el matrimonio homosexual en todos los países.

En ese contexto, una tenaz campaña dirigida a la juventud mundial, utiliza la expresión artística, la publicidad y la moda, para materializar una explicita ambigüedad sexual, llena de personajes asexuados, imágenes, expresiones, y gestos homosexuales. Difundida por Internet y los demás medios, aparece simultáneamente en todas partes, crea una artificial apariencia masiva, natural y universal.

La homosexualidad, antes oscura, proscrita o escondida, hoy atraviesa todos los ambientes. Su iconografía desafiante y agresiva, muestra un mundo ideal de hedonismo sin límite.

A nuestro juicio una adecuada y sólida política sobre Matrimonio y Familia previene eficazmente la manifestación homosexual. Además del delicado y firme acompañamiento de los padres hacia sus hijos, reviste una responsabilidad social y política que trasciende la pura esfera doméstica y compromete al cuerpo social en su conjunto, pero en especial, radica en quienes se les ha confiado el poder de legislar y conducir la sociedad con sabiduría, prudencia y sentido común.