Carretera Austral
Adolfo Ibáñez S.M. | Sección: Política, Sociedad
La Carretera Austral es la continuación natural de la Ruta 5, columna vertebral del país. El hecho de que al sur de Puerto Montt aún no se complete la unión con Chaitén, constituye una negligencia que afecta a los últimos gobiernos. Esto hace que el eje central permanezca trunco y que nuestros compatriotas radicados en Palena, Aysén y Magallanes piensen y sientan que para las autoridades, Chile concluye en Puerto Montt. Las desafortunadas y recientes declaraciones del intendente de Los Lagos sólo contribuyen a ratificar ese sentimiento.
Y tienen razón. Desde hace ochenta años que el Estado se desentendió, dejando a esa zona en la marginalidad y el abandono. Salvo obras aisladas que no configuraron una política estable, sólo el gobierno militar se abocó seriamente a vincular esas vastas regiones con el centro del país, pues debió enfrentar una emergencia bélica sin tener cómo desplazar contingentes militares a lo largo de mil kilómetros de frontera. Al otro lado, Argentina une desde Ushuaia hasta Bolivia a través de caminos pavimentados.
El abandono de Palena y Aysén corrió paralelo a la implementación por el Estado de ambiciosas políticas de bienestar social y de industrialización que consumieron recursos y energías. Sólo contribuyeron al crecimiento de Santiago, nos llevaron al subdesarrollo y olvidaron a las regiones extremas.
Pero se mantuvo la tradición de construir vías expeditas para unir al país. Durante el siglo XVIII, la fundación de ciudades entre Santiago y Los Ángeles permitió contar con una comunicación más segura; también fue el turno para el camino de la capital a Valparaíso. El siglo XIX vio el tendido de los ferrocarriles por todo el territorio, obra de privados y del Estado. Cabe señalar que durante la campaña de La Araucanía (1870), los rieles y el telégrafo fueron inmediatamente detrás de los soldados.
A partir de 1911 se comenzó a unir los diversos FF.CC. del norte para formar una red longitudinal hasta Iquique y Pisagua. Entre 1947 y 1964 se construyó la Panamericana Norte, gigantesca obra que requirió de una férrea voluntad para pavimentar más de mil kilómetros después del gran terremoto de 1960. Finalmente, la Carretera Austral también exigió un esfuerzo sostenido durante veinte años.
Ninguna de estas obras fue fácil. Siempre requirieron ingentes recursos humanos, técnicos, materiales y financieros. Por sobre todo, exigieron una voluntad superior, ordenada al éxito de la tarea emprendida. En otros y muy variados campos, también nos hemos expresado como un pueblo altivo: la organización de la república, las campañas militares, el reciente rescate de los mineros de Atacama.
El tramo eludido, ya que no inconcluso, entre Puerto Montt y Chaitén, constituye una negra mancha sobre nuestros gobernantes. Durante ochenta años se han magnificado los obstáculos de la geografía para no hacer los caminos en Aysén y Palena. Cuando en 1888 se construyó el Viaducto del Malleco, el desafío para la ingeniería chilena fue inmensamente superior al que significaba abrir rutas en Palena durante los años de 1930 y 1940, que sólo requerían de gran cantidad de trabajadores bien organizados con palas, picotas y explosivos, al igual como se hicieron los ferrocarriles durante el siglo XIX.
Aún hoy, las autoridades continúan escudándose en la complejidad geográfica, aunque la tecnología facilita lo que antes era complejo, abarata y mejora la calidad. El desafío novedoso, y muy menor por cierto, lo constituye la necesidad de trabajar con el debido cuidado para no estropear el paisaje y poder contar con un camino escénico y de alta calidad. Las presiones del señor Tompkins no tienen asidero, salvo para encubrir sus designios de mantener despoblada esa zona.
La Carretera Austral no es una labor que competa a las autoridades ni a los presupuestos regionales. Es una necesidad nacional, puesto que articula físicamente al país. En las regiones se le deben allanar los problemas inmediatos, velar por su pronta y adecuada ejecución y preocuparse de los caminos locales para beneficiarse de ella. Pero la responsabilidad verdadera es del gobierno central.
Es preciso completar esta tarea pendiente, para enfrentarnos a la nueva y grande etapa del camino por el occidente de Campos de Hielos Sur hasta Puerto Natales. Allí, una vez más, los chilenos deberemos manifestar nuestra voluntad de triunfar y allegar los recursos correspondientes. La pronta ejecución de estos proyectos no dirá si seguimos teniendo la altivez de siempre.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio.




