¿Y no se enojan destempladamente?

Marcos Jaramillo | Sección: Sociedad

La catástrofe ha sido inmensa. Uno de los más grandes terremotos de la humanidad junto a un maremoto gigantesco. Japón, con su larga historia, no tenía registros de tal desastre, y si agregamos la radiación nuclear, nos encontramos frente a una gran tragedia. Mis amigos japoneses me cuentan que un cataclismo así ocurre uno en mil años, y que frente a la magnitud de lo ocurrido están preocupados. ¿Qué hacer?  ¿Saquear, robar, aprovecharse? No,  no hay revueltas, no hay desórdenes, no hay robos, no hay saqueos. Incluso los comentarios a las noticias en los blogs japoneses que he leído, que podrían ser una válvula de escape de lo grosero por ser anónimos, son medidos, no dan rienda suelta a las pasiones. Se nota por la forma de escribirlos que están muy abrumados, pero lo dicen con tranquilidad.

En mis catorce años en ese país, no dejaba de sorprenderme y estar a gusto entre ellos. En una ocasión me subí a un bus interurbano en Tokio, que llegó puntualísmo al paradero, y que andaba por su pista a velocidad prudente y constante. Cosa rara, tuvo que parar bruscamente: es que un automóvil se puso en su línea súbitamente, y tuvo que detenerse para evitar la colisión. Miré la cara del conductor, se puso tenso, como para decir un exabrupto, pero no, ni siquiera hacerle ver su enojo con un ruidoso bocinazo. Nada de eso. Siguió su andar plácido por la avenida.

¿Pero no se enojan, no se impacientan? Sí, claro que sí, pero saben tener autocontrol. Así, y siguiendo con el tránsito de vehículos, cuántas veces no me tocó ver que teníamos que detenernos en alguna calle, a veces no conociendo la causa. ¿Será un taxi dejando a un pasajero, o un camión repartidor desde el cual sale corriendo un chiquillo con una caja? No sé, y la verdad es que nadie toca la bocina. Todos están contestes en que debe ser una causa lógica lo de la detención, y que nada se saca con hacer ruido. Es que todos saben que el causante está haciendo todo lo posible para solucionar el problema y no molestar a los demás, además de disculparse por lo hecho, con una reverencia. A los pocos segundos volvemos a poner primera en el auto, y seguimos tranquilos nuestro camino.

Esto es Japón, un país hecho frente a las grandes calamidades, que no sólo sabe sobreponerse a ellas, sino que lo hace subiendo a los primeros lugares… y con elegancia.