El verdadero Karl Marx, según sus cercanos
Joaquín Reyes B. | Sección: Política, Sociedad
Karl Marx fue, sin duda, un hombre singular. A más de 120 años de su muerte, su figura aún suscita las más diversas pasiones. Muchos lo admiran como un gran libertador, amigo del pueblo, como quien sentó las bases en la lucha verdadera contra la injusticia. Para otros, se trata de un hombre que intentó destruir la sociedad con su ideología. Sin embargo, los datos sobre su vida y su verdadera personalidad resultan desconocidas para el hombre común, por causas de diversa índole –entre ellas, el ocultamiento y selección que los mismos marxistas han hecho acerca de algunos “detalles” biográficos–.
A continuación, algunas opiniones sobre Marx dadas por quienes lo conocieron y mantuvieron cercana relación con él:
“… Es un espíritu destructor; su corazón está lleno no tanto de amor al prójimo como de odio; … es extraordinariamente maligno, astuto y disimulado. Es celoso de su autoridad de jefe del partido; vindicativo y sin piedad frente a sus rivales y enemigos, a los cuales no cesa de combatir hasta que los destruye. Su característica principal es la ambición y la necesidad de dominio sin límites. A pesar de que la igualdad comunista figura en su lema, es un monarca absoluto de su partido.” (Mazzini, según Werner Sombart, Der Proletarische Sozialismus, vol. I, pág. 63, en la ed. de 1926, citado por Raddatz, Karl Marx, une biographie politique, ed. francesa, París, 1975, pág. 84).
“Era pequeño y enclenque, de pelo negro como el carbón y tez amarillenta. La frente muy alta y las orejas salientes. En sus ojos pequeños, oscuros y miopes brillaba una llama de inteligencia y malicia. Cuando leía, tenía que acercar mucho el papel a los ojos… Poseía una inteligencia asombrosamente aguda, pero también era un intrigante y mentiroso…, sólo deseaba explotar a los demás; le movía más la envidia a los otros que su propia ambición.” (Karl Heinzen, colaborador y secretario en la redacción de Rheinische)
“Marx se dice comunista, pero es un egoísta fanático. Me persigue como librero y burgués… estamos a punto de convertirnos en enemigos mortales; y yo, por mi parte no conozco otra causa más que el odio que me tiene, realmente del peor gusto. Parecía desear la destrucción de todo recuerdo sobre nuestra relación pasada, por crearle dificultades la interrupción de mi ayuda, viendo que estaba equivocado respecto a mi situación financiera. Para todo esto no conozco más causa que el odio y la locura de mi adversario. Mostrando sus dientes y sonriendo sarcásticamente, Marx destrozará a todo aquel que le cierre el paso.” (Arnold Ruge, colaborador de Marx en los Anales Franco-Alemanes, en Briefwechsel und Tagebuchblätter, pág. 380)
“Nunca he conocido a un hombre con arrogancia más ofensiva e insoportable. A ninguna opinión que discrepase de la suya concedía el honor de una consideración ni siquiera medianamente respetuosa. Todo aquel que se hallaba en desacuerdo con él era tratado con poco velado desprecio. Respondía a todos los razonamientos que le desagradaban con un desdén mordaz, aludiendo a la ignorancia de quienes los exponían, o con un análisis difamatorio de sus móviles. Todavía recuerdo el tono incisivo y despreciativo con que pronunciaba, casi podría decir que escupía, la palabra burgués…” (Karl Schurz, colaborador con Marx en el movimiento revolucionario alemán del año 1848, en Lebenserinnerungen, pág. 143)
“Primero bebimos oporto, luego un clarete, que es burdeos rojo, después champagne. A continuación del clarete Marx se hallaba completamente borracho. Esto es lo que yo buscaba exactamente, porque así se volvería más franco de lo que seguramente hubiera sido en otro caso. Y así descubrí la verdad, que de otro modo habría quedado en suposiciones. Pero, a pesar de su borrachera, él dominó la conversación hasta el último momento. La impresión que me causó fue la de una persona dotada de una extraña personalidad muy peculiar. Si su corazón lo hubiera tenido a la misma altura que su inteligencia, y si hubiese poseído tanto amor como tenía odio, yo habría desafiado el fuego por él; incluso, a pesar de que al final me expresó el franco y absoluto desprecio que le merezco, insinuado antes incidentalmente. Marx era el único y el primero entre nosotros a quien yo confiaría la jefatura, porque es un hombre que nunca se pierde en cuestiones mínimas y sólo se ocupa de asuntos trascendentes.
Sin embargo, es cosa lamentable, dado nuestros objetivos, que este hombre, con su claro intelecto, carezca en absoluto de nobleza de alma. Estoy convencido de que todo cuanto de bueno pudiera existir en él lo ha devorado una ambición personal peligrosísima.” (Willich, miembro de la Liga Comunista)
“Marx no entiende absolutamente nada de economía, y una expresión como “sistema económico” ni tiene para él ninguna significación.” (Engels, en carta de respuesta a una pregunta de Franz Mehring)
“Es un monstruo poseído de diez mil diablos.” (Engels, en un poema medio grotesco, medio serio. El texto completo está en el libro de Raddatz, op. cit., p. 163)
“El Dr. Marx, así se llama mi ídolo, todavía muy joven, apenas de unos 24 años, es quien dará el último golpe a la religión y la política medievales; él vincula el sarcasmo con la filosofía profunda; imagina tú a Rousseau, Voltaire, Holbach, Lessing, Heine y Hegel unidos en una sola persona, y digo unidos y no mezclados, y ahí tienes al Dr. Marx.” (Mosés Hess, llamado den Kommunisten-Rabbi -el rabino comunista-, escribiendo a Berthold Auerbach)
Nota: Las citas están tomadas de PORADOWSKI, Miguel, Karl Marx, su pensamiento y su revolución (ed. Covadonga, Santiago de Chile, 1983), pp. 21-33.




