El niño y el divorcio
Sergio Canals L. | Sección: Familia, Sociedad
“La ilusión es la vida del niño…un niño sin ilusiones no es propiamente un niño, sino una cría…el niño es todo futuro” y felicidad, habría que agregar a la frase del filósofo Julián Marías.
Veamos la diferencia con las frases de estos niños… “No estoy feliz cuando mi madre sale llorando de la pieza de mi padre…Tengo miedo que se divorcien…No quiero ver más a mi padre…Me da rabia y pena…”
Recordemos que el desarrollo integral de un niño, consiste en una humanización y personalización individualizadoras permanentes, a través de una apropiación de la realidad de uno mismo, de la vida y del mundo, en busca de una felicidad auto-realizadora y trascendente, dirigidas hacia la libertad para la belleza, la verdad y el bien, en un camino en y al encuentro con lo absoluto a través del amor. Absolutos, que son en primer lugar el padre y la madre en la vida familiar matrimonial, seguida, de los otros como personas, hasta el Otro (Dios).
Al hablar de persona, nos referimos a una sola “sustantividad”, al decir de Zubiri, con dos sustancias, una material y otra espiritual, cada una a través de la otra como un solo todo, como cuerpo “animado” y alma “corporizada”.
La respuesta de un niño frente a una “injerencia en su desarrollo”, como es un divorcio, siempre implicarán una reconfiguración adaptativa global unitaria a su nueva situación vital, en las dimensiones corporales, cognitivas, afectivas, morales y relacionales-vinculares, sociales y culturales.
Se mencionan como respuesta, además del duelo respectivo por la pérdida, con sus penas y la tristeza respectiva, angustia, ansiedad y una “preferencia” por sentirse culpables, para en la espera del perdón y la expiación, superar la rabia de la impotencia y la desesperanza dolorosa, con el miedo a que se vaya el otro padre y el desamparo consiguiente.
Algunos intentarán asumir el rol de la madre o del padre ausentes, intentando ser sus “propios” padres o madres, necesitando reconstruir la imagen del padre ausente, perturbándose los procesos de identificación identitarias, y las relaciones de pareja futuras.
Los sentidos de lo humano, de identidad y de pertenencia, y la construcción del mundo valórico, se despliegan como un todo, en horizontes de seguridad y confianzas desde el amor gratuito y absoluto en la comunidad familiar, asociados y formadores en la bondad, la compasión, la caridad, la misericordia, el perdón, el sentido del compromiso y el deber, el sacrificio y la justicia.
Todo esto se pone en juego, y es afectado en un divorcio que no debiera ser, salvo que sus causas sean violencia y abusos familiares permanentes, intensos y destructores generadores de “estrés tóxico” en cualquier ámbito, (incluyendo los morales) junto a algunas patologías psiquiátricas invalidantes de un cónyuge (donde no están incluidas el “amor líquido” de hoy, el egoísmo y el “narcisismo” actual como formas del desamor)
No hay divorcio que no afecte a los niños y adolescentes, como una amenaza y perturbación a su desarrollo completo vivido como una situación de estrés, con su necesidad y posibilidad potencial-real de respuesta adaptativa, junto a un mayor riesgo presente y futuro para la aparición de trastornos y patologías de diversa índole. En este último ámbito, según los estudios, destacan los Trastornos de Conducta, Ansiedad, y Depresivos, seguidos por mayor probabilidad de Abuso de Alcohol y Drogas, Suicidio y Comportamientos Disociales, (Antisociales en los adultos), en la adolescencia.
Es cierto que es la dinámica relacional de violencia y desamor pre y post divorcio, son las que más impactan al niño y el adolescente, pero la estructura disfuncional final, como puede ser la ausencia y/o realidad periférica del padre generalmente, o de la madre que habitualmente es la que permanece fielmente con los hijos, también condicionan, con menor impacto, la posibilidad de riesgos deletéreos, que son minimizados por la posibilidad siempre presentes del amor que acoge, perdona, repara y reconstruye.
No olvidar finalmente, que frente a la injusta sensación de soledad devastadora que sienten por el divorcio, la mayoría de los niños preguntados al respecto, responden… “Ojala se junten de nuevo”…
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Centro UC de la Familia, http://centrodelafamilia.uc.cl.




