Robándose a nuestros jóvenes
Max Silva Abbott | Sección: Familia, Sociedad
En estos días, se ha realizado en México la Conferencia Mundial de la Juventud, que ha concluido con la “Declaración de Guanajuato”, documento que pretende, ni más ni menos, que privar a los padres de su legítimo e inalienable derecho a educar a sus propios hijos de acuerdo a sus convicciones.
En efecto, el aludido documento aborda las políticas referidas a la juventud en materias de sexualidad desde el enfoque de la ideología de género y todo lo que esto conlleva.
¿Qué significa lo anterior? Sencillamente, que se pretende imponer, no ya a nivel estatal, sino internacional, un prisma único y totalitario de la sexualidad a los niños y jóvenes, que incluye todo lo que se puede imaginar.
Así, este documento llama a establecer políticas públicas que garanticen de forma global el acceso a la denominada “salud sexual y reproductiva”, o sea, en la ya conocida jerga de la ONU, al completo y gratuito acceso a todo tipo de anticonceptivos y abortos para menores de edad, sin conocimiento ni menos autorización de sus padres.
Pero además, el aludido documento establece directrices sobre los planes de educación sexual desde una perspectiva –así llamada– “integral”, que en términos simples, significa que aquí “todo vale”, incluidas, por supuesto, las diversas formas de “familia” por todos conocidas.
Es decir, el intento por imponer una nueva antropología, que tiene su punta de lanza en la concepción de la sexualidad como una actividad aparentemente sin reglas (salvo, por supuesto, las que determine el poder de turno), que atenta contra todo lo que huela a “tradicional” o “conservador”, y que en el fondo, equivale en el corto plazo a la destrucción de la familia y en el largo, a un “invierno demográfico” que puede poner en entredicho la continuidad como país de naciones enteras, posee ahora ribetes de totalitarismo internacional.
Se insiste: lo que se pretende con este documento es adoctrinar a nuestros niños y jóvenes en un cúmulo de materias, por decir lo menos, muy discutibles sobre sexualidad humana, haciendo caso omiso, es más, anulando por completo la libertad de los padres en este sentido, así como la posibilidad de disentir. De esta manera, se impone en este campo una emancipación total de los menores de edad respecto de sus progenitores (siendo que para muchísimas otras materias poseen una libertad muy restringida), a fin de entregarlos, sin condiciones ni protección alguna, a las directrices del poder no ya estatal, sino internacional.
Al parecer, el ansia de dominio de algunos no tiene límites. Es por eso que ya no basta con controlar a otros gracias al poder del Estado, sino que el paso siguiente, por simple lógica, es crear una especie de Superestado, un Superleviatán, en lenguaje hobbesiano. ¿Dejaremos que se roben así a nuestros jóvenes y niños?




