Patriotas
P. Raúl Hasbún | Sección: Religión, Sociedad
Ser patriota es honrar un deleitable deber: de justicia, de gratitud, de amor, de fidelidad. Uno se debe a sus raíces, y se nutre de una solidaridad de bienes y destinos con quienes habitan la misma tierra, comparten la misma historia y construyen el futuro de todos. Para el cristiano, ser patriota es exigencia del cuarto mandamiento, interpretado magistralmente por el ejemplo de Cristo y del apóstol San Pablo: amaron con vehemencia, dolor, sacrificio y predilección a su pueblo de origen, sin perjuicio de practicar y urgir el amor sin fronteras.
Un poco más difícil es concordar respecto de qué significa y cómo se demuestra el ser patriota. El criterio primario y más ostensible es el simbólico: enarbolar con gallardía la bandera y lucirla en casa y automóvil. Muy popular es el criterio gastronómico: reencantar el disfrute de las empanadas, asados , dulces y bebidas típicas. A ello suele asociarse el criterio lúdico y folclórico: desempolvar juegos, bailes y melodías o cantos inconfundiblemente autóctonos. No son pocos los que adoptan el criterio turístico: salen de casa a conocer regiones emblemáticas del país, o van al extranjero con la anticipada nostalgia de regresar cuanto antes y relatar cómo todo lo de allá afuera se compara desfavorablemente con lo nuestro. Más problemático es el criterio jurídico: disponer e imponer, por ley, el consumo de productos chilenos, sobre la consabida y no probada presunción de que si es chileno es bueno (y olvidando que la libertad de escoger también caracteriza lo chileno y lo bueno).
Para el cristiano existe un criterio adicional: el litúrgico. El hace Patria orando por su país. Ya no es la oración individual que se hace, legítimamente, por propia necesidad; sino la oración que brota de la comunidad y suplica por caridad. Es Chile que ora por Chile. Tiene, sobre la anterior, la ventaja de que dos o tres reunidos en nombre de Cristo aseguran que Cristo ore en medio de ellos. Y de que Dios se complace más en la oración hecha por caridad que en la hecha por necesidad.
También es radicalmente conforme a la tradición. Los padres fundadores de la Patria entendieron explícitamente que ella nacía y se consolidaba más por obra de Dios que de los hombres. El único acto oficial y solemne del 18 de setiembre es una oración. En ella se patentiza que los bienes fundantes de la Nación: vida, libertad, trabajo, familia, fe, esperanza, perdón y reconciliación son otros tantos bienes que Dios regala a sus hijos de Chile. Esa unanimidad orante, en favor de la unanimidad laborante, sufriente y peregrinante es la más potente fuerza constructiva de la Patria. Orar por Chile es hacer Patria. Es un trabajo que nadie puede prohibir.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Revista Humanitas, www.humanitas.cl.




