Ambientalismo: La nueva amenaza colectivista
Alfonso Ríos Larrain | Sección: Sociedad
“Una caída permanente de sólo 1.6 a 2% en la energía que llega a la tierra conduciría a una cobertura inestable de nieve que avanzaría hasta el Ecuador y los océanos se congelarían. Todo esto puede suceder antes del año 2000. Cuanto antes prevengamos estos hechos, más seguro estará el planeta. Porque una vez que comience a helar, será demasiado tarde… ”.
(Del libro “The Weather Conspiracy: The Coming of the New Ice Age”, 1977).
Sí, la cita se refiere a “enfriamiento” y no a “calentamiento”. Recuerde que en los ’70 la amenaza era el frío, no el calor. La excusa ha cambiado, aunque el hombre común es indiferente a discusiones sobre el clima. En el mejor de los casos sigue algunas indicaciones, separando botellas de plástico para el reciclaje.
Es necesario aprovechar racionalmente las ventajas y recursos de la naturaleza. Pero detrás de una terminología catastrofista, los ambientalistas ocultan la doctrina que ampara sus refutadas proyecciones y disfraza sus verdaderos propósitos: reorganizar el mundo con parámetros colectivistas, restringiendo las libertades individuales y cambiando nuestros valores.
¿Cuáles son los fundamentos de la ideología ambientalista?
● Omnipotencia del dirigismo estatal sobre el mercado;
● Desconoce el papel que juegan los mecanismos de precios y el derecho de propiedad en la protección de la naturaleza;
● Pesimismo maltusiano;
● Sobrevalora las externalidades de la actividad humana;
● Promueve el “principio de precaución” que aumenta la aversión al riesgo y no mide el alto costo que dicha “teoría” tiene para el progreso de la humanidad;
● Subestima el crecimiento económico y el desarrollo social de largo plazo, lo que incide negativamente en la demanda de la calidad ambiental, como demuestra la Curva de Kuznets.
Todas estas premisas se relacionan con las ciencias sociales. Por lo tanto, a diferencia de la ecología científica, el ambientalismo no pertenece a las ciencias naturales y debe clasificársele como simple ideología.
El calentamiento global antropogénico (causado por el hombre) es la más reciente y poderosa personificación de la ideología ambientalista. Sustentada en el fracasado informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático –el IPCC 2007, otro circo montado por la ONU–, sus hipótesis carecen de pruebas empíricas y experimentales, están mal fundamentadas, son equívocas y poco transparentes. Por ello, miles de científicos de todo el mundo se unieron para impugnarlas y denunciar a su líder, el mediático Al Gore.
Las conclusiones de Copenhague 2009 –una extensión del Protocolo Kioto 1997–consideran suficiente el progreso alcanzado por la civilización y sugieren regulaciones cada vez más restrictivas de la libertad, cuyos grandes perjudicados serán, precisamente, los países más pobres: millones de personas que necesitan producir para salir de la miseria y acercarse al desarrollo. Mientras tanto, sorprende la pasividad de muchos políticos e intelectuales de derecha frente a esta nueva agresión colectivista que amenaza al mundo libre.
La vulnerabilidad frente al clima acompaña al ser humano desde la Creación. Siempre habrá inundaciones y sequías, olas de frío y de calor, contaminación y cielos limpios. Los dinosaurios se extinguieron mucho antes de que el hombre habitara la Tierra. La ecología científica estudia los fenómenos naturales y propone medidas para prevenir sus causas y controlar sus efectos. Los ambientalistas, en cambio, centran el debate en una discusión filosófico-política carente de rigor científico.
Como van las cosas, la fantasmal locura del reverendo Jim Jones que ocasionó la masacre y suicidio colectivo de 913 “feligreses” en Guyana (1978), será un pálido antecedente de la profecía apocalíptica que inspira a los burócratas reunidos en Copenhague y sus recomendaciones. Así, lo único caliente en el planeta serán los ánimos.




