Invulnerables
Max Silva Abbott | Sección: Familia, Sociedad, Vida
Cuando uno observa una serie de fenómenos que hoy están ocurriendo en nuestras sociedades occidentales (anticoncepción, aborto, eutanasia, divorcio, matrimonio homosexual, producción de y experimentación con embriones y un larguísimo etcétera), a ratos pareciera dar la impresión que ellas fueran invulnerables, esto es, que sea lo que fuere que hagamos a su respecto, seguirán funcionando incólumes, como si nada hubiera pasado.
Desde cierto punto de vista, sería fantástico que así fuera, porque podríamos hacer lo que se nos viniera en gana, con la total garantía que no sería necesario pagar los platos rotos fruto de nuestros yerros o incluso de nuestra mala fe.
Sin embargo, lo anterior no pasa de ser una mera fantasía, porque es imposible que nuestras actuaciones no tengan efectos, buenos o malos, más tardíos o más tempranos, pero efectos a fin de cuentas, tal como ocurre también en la vida de cada uno de nosotros o incluso –si bien en otro orden de cosas– en el plano ecológico. Mas no, hoy muchos creen que tienen carta blanca para hacer y deshacer a su gusto en nuestras sociedades, no sólo sin que se produzca nada malo fruto de ello, sino además, creyéndose con derecho para hacerlo.
Sin embargo, el más mínimo sentido común nos indica que si una sociedad está constituida por personas, por hombres de carne y hueso, ella acabará proyectando lo que se vaya produciendo en éstos. De este modo, resulta imposible que el tejido social no se vea dañado, y seriamente, si un buen número de sus miembros adoptan estilos de vida o luchan por ideales equivocados.
En efecto: ¿puede una sociedad seguir siendo la misma y funcionar adecuadamente si muchos de sus miembros son cada vez más individualistas y fruto de ello, no adquieren compromisos serios ni dan origen a una generación de reemplazo? ¿O si lo único que importa es “pasarlo bien” a como dé lugar, se elimina a los no deseados? ¿O si muchos creen que tienen derecho a lo que se le ocurra, sin importar los costos que ello tenga para el todo social?
Debe recordarse que los hombres individualmente considerados no somos autosuficientes, y por ello requerimos vivir en sociedad, sociedad a la cual le debemos todo: desde nuestra manutención hasta los conocimientos que hemos adquirido, pasando por la complejísima organización que nos permite llevar a cabo nuestras actividades más cotidianas. Sin embargo, lo que parece olvidarse hoy, es que todo este entorno no sólo no ha surgido de la nada, sino que requiere de un notable esfuerzo para seguir funcionando; esfuerzo que debemos hacer –obviamente– nosotros mismos, sus partes componentes. ¿Quién más si no?
Así, vivimos casi como si esta sociedad funcionara por arte de magia, y que todo seguirá igual, hagamos lo que hagamos a su respecto. ¿Parece esto lógico?




