El dilema estratégico: Poder versus hegemonía
Cristián Raggio Donoso | Sección: Política, Sociedad
En plena II Guerra Púnica un matemático cartaginés de Siracusa modeló el principio de flotación de los cuerpos. Arquímedes (287-212 a.C.) quien murió en manos de un centurión romano planteó el principio hidrostático: el peso contenido es igual al agua desplazada. De esta forma hoy se pueden diseñar grandes buques portacontenedores que desplazan mucha agua y en consecuencia resisten gran tonelaje de carga, son lentos y muy estables, siguen un itinerario, tienen larga vida útil y siempre llegan a destino. Una fragata de guerra por el contrario es liviana, desplaza solo lo necesario para contener gran poder de fuego, potentes motores y equipamiento electrónico, es inestable por que requiere flexibilidad para llegar rápido a la zona de operación táctica, fiel a la estrategia naval a partir de la “voluntad” de su capitán, asignada la misión busca la “posición” y aplica la “fuerza” siempre de manera oportunista.
Este modelo físico nos deja la enseñanza de que siempre hay que tomar una decisión, ver como se quiere flotar, evaluar las opciones y resolver. ¿Cuál debería ser el eje estratégico del actual Gobierno? ¿Cómo desea ser recordado el Presidente Piñera? ¿Cuál es el sustento ideológico del régimen? ¿Qué centro de gravedad se busca?
Modelemos: John Rawls señalaba que una de las características de los regímenes democráticos liberales es la “neutralidad de lo político”, donde el ciudadano entrega a través del voto el poder a su representante, para que maneje la “res publica”, pero en sus otras esferas tiene plena libertad, en los valores, en la cultura, en la economía y en sus relaciones sociales, por lo tanto no se pretende que el gobierno de turno le solucione todos sus problemas le basta que actúe de manera subsidiaria. ¿De la búsqueda del bien común tomista?, no gracias, limítese a lo mínimo, políticas redistributivas, seguridad jurídica y reglas económicas claras y permanentes.
He aquí el dilema de la actual administración, para ponerlo en blanco y negro: la Alianza y el Gobierno pone como objetivo el poder sin apellidos, la aspiración de entregar el mando a un miembro de su camada, con sello solo en la gestión y administración (una fragata), o eleva los tiros y va a una lucha hegemónica, a tratar de imponer su cosmovisión de la sociedad (un gran buque).
La estrategia del poder
Si el centro de gravedad estratégico esta en el poder, entonces se entiende perfectamente la táctica de destruir los cimientos de la Concertación, robarle las banderas, tender al centro y a los sectores populares, ponerse simpáticos, “mantener los beneficios sociales”, consolidar la base electoral, no criticar en demasía a sus antecesores, centrarse en “la buena gestión y el gobierno de los gerentes”, tratar de ganarse al vecindario, no meterse en peleas pírricas y ganar la próxima elección. Es decir generar una Concertación V
Lo anterior no necesariamente significa no hacer algunos intentos “con valor agregado”: se tratará de mejorar la salud y educación, neutralizar la delincuencia y algunos maquillajes más como la optimización de algunas empresas y servicios públicos, focalizar el gasto social, terminar con la corruptela y mandar para la casa (en realidad a las ONGs y organismos multilaterales) a los operadores políticos. En esta línea está el Ministro Lavín con su valiente y creativo “incentivo a las pedagogías”. Pero ¿alguien más le pondrá el cascabel al gato?
Está estrategia, legitima por cierto, tiene efectos colaterales, los nostálgicos e intelectuales de derecha deberán aguantarse la foto del Ministro del Interior con Allende (sin la AK-47), el embajador en Argentina debe renunciar por decir lo que al menos el 43% de la población cree, cada ministro o alto funcionario emite señales a medias tintas con un libreto predecible: en la mañana un comunicado, en la tarde una aclaración y al otro día un nuevo comunicado. Bajo este modelo, las encuestas actúan como “el único termómetro”. Bajan los apoyos, entonces la culpa es de la vocera y vamos a terreno, pongámonos “progres”. ¿De olvido y perdón?, olvídense si se trata solo de un par de docenas de condenados. En resumen aquí lo importante es el rating y el “people meter”.
¿Por último, es malo el poder por el poder? Me reservo la opinión. Supongo para algunos que leyeron al florentino, después de 20 años en las galeras, un poco de sacrificio en el sector público es necesario, aunque está por verse si es también reconfortante.
La Búsqueda de la Hegemonía
Si la estrategia es la hegemonía, el camino se pone más pesado. Hay que ponerse a pensar, y tener coraje. El mítico segundo piso tiene que desempolvar la Escuela Austriaca, releer a Gramsci pero desde la óptica cultural, revisar los apuntes de “free to choose” de Friedman, escuchar a sus profesores de economía de la Católica, contratar sociólogos y antropólogos y menos periodistas.
La mística y el elemento épico, que moviliza a los pueblos, está en poner metas de largo plazo y ser consecuentes, el capitán define el rumbo y no lo cambia por un punto menos o el comentario de un “progre”.
En mi opinión la Alianza no debería estar dispuesta a renunciar jamás a los contenidos: La concepción del hombre provenga de la visión cristiana con la creación, o de una evolución Darwiniana, o de la mitológica con la rebelión de Prometeo, no puede ser visto sólo como materia que produce (Marx), ni como pensamiento puro propio del liberalismo extremo y utilitarista (Betham), y cuyas relaciones se reducen a un capitalismo salvaje (la mano invisible de Adam Smith). Siguiendo al estagirita (Aristóteles) somos cuerpo y alma, materia y forma, potencia y acto, por derivación individuos y comunidad (Montesquieu). La esencia de nuestro pensamiento, de la “intención hegemónica”, está en la nueva tesis de rescatar a los economistas clásicos (David Ricardo) y la escuela de Viena (Menger, Hildebrand) generando una doctrina económica de corte liberal pero sin convertirla en dogma, ajustada a nuestra matriz latina, nutriéndola de una vertiente social (cristiana o laica), romántica, racionalista, respetuosa del medio ambiente, post moderna, acorde con la doctrina social de la Iglesia, y respetuosa de la familia como bloque central y pilar de la sociedad. No es ni el estado, ni el individualismo extremo, ni las versiones apocalípticas (Malthus) el llamado a superar nuestros males. El Gobierno debería estar por un conservadurismo compasivo, o un liberalismo de tinte social.
Este marco ideológico necesariamente debe traducirse en un plan de acción, en el Anexo proponemos algunas medidas generales.
Resolviendo el Dilema
¿Cuál de las dos opciones es la correcta?, ¿poder o hegemonía? Por analogía: administración, reacción y visión cortoplacista o actitud proactiva, penetración cultural, valorica y fidelidad a los principios. ¿Sé pueden dar las dos simultáneamente? con un 52% de apoyo, 20 años de marcar el paso y estar a la defensiva, difícil.
Si queremos generar un cambio, hacer que la juventud se inscriba masivamente, que el potencial elector participe y se interese en la cosa pública y revertir la “neutralidad de lo político”, debemos olvidarnos del tibio discurso políticamente correcto. Reconocer el enorme aporte de la Concertación, pero comprender que su tiempo ya pasó. En definitiva hay que retomar la esencia de nuestros valores, plantear una nueva y creativa agenda.
Tenemos un Presidente de lujo, que sabrá tomar la decisión. Dejémonos de la crítica fácil. Lleva apenas un semestre y el Terremoto golpeo duro y fuerte. El tiene un “timing” y aprecia los aportes.
El Primer Mandatario ponderará el escenario: un país como Chile, emergente, en la medianía de la tabla, con “el peso de la noche” al disponer de un presidencialismo monárquico, espera algo más que lo visto hasta el momento. El Gobierno debe comprender que su singularidad, su impronta, no está en el poder por el poder sino en el poder con intención de hegemonía, no está en andar pidiendo disculpas y ser reactivos, hay que tomar la ofensiva, definir la agenda, focalizarse en un centro de gravedad, identificar una épica, un discurso y, por sobre todo, una estética.
Anexo: El Plan de Acción
Para instrumentalizar la larga lucha por la hegemonía, por cambiar el eje desde la “gouche a la droite”, dejamos abiertas algunas preguntas: ¿Para qué discutir el sistema electoral, si el Congreso no pesa en Chile? ¿No será mejor reducir los diputados a la mitad y tener sólo uno o dos senadores como máximo por región? ¿Por qué estar de acuerdo con un sistema proporcional que sólo generará partidos pequeños y confusión? ¿Para qué tener veinte ministerios si podemos manejarnos con solo cinco: Interior, RREE, Desarrollo Social, Desarrollo Económico y Defensa. ¿No será mejor un estado más reducido pero donde los empleados fiscales reciban una remuneración acorde con su real nivel? ¿Cómo superar la pobreza con salarios míseros en hospitales y en la red pública educacional? ¿Para qué tener gobernadores?, ¿alguien los conoce? ¿Por qué no elegir a los intendentes? ¿Cómo evaluamos la marcha de los municipios?, si es importante acercar el gobierno local a la comunidad, ¿cuántos recursos y qué autonomía tienen las municipalidades?, ¿cuál es el nivel profesional de las mismas?
¿Para qué tantos organismos regulatorios dispersos? ¿Para qué tanto “apoyo a la pyme en el discurso”, si no se va a un régimen de flexibilidad laboral en serio, y un acceso al crédito realista?, ¿qué sentido tiene preocuparse por las pequeñas empresas si tenemos altos grados de concentración económica que impide y merma cualquier desarrollo? ¿Quién protege al consumidor? ¿Hasta cuándo damos recursos “desfocalizados” a educación si cada vez los niveles académicos son peores? ¿Tiene sentido continuar contando con un profesorado que esta pésimamente mal calificado y peor remunerado? ¿Cuándo haremos el cambio de raíz? ¿Continuaremos con impuestos que castigan la capitalización, el ahorro y el crecimiento? ¿Queremos un país desintegrado socialmente?
¿Royalty mas o menos, estamos conscientes del enorme aporte de la gran minería?, ¿Qué industria entrega mejores salarios y beneficios? ¿Cómo evaluamos la política de RSE masiva y generosa que va en beneficio de comunidades necesitadas?
¿Cómo pretendemos apoyar a los desposeídos si las políticas asistenciales han demostrado siempre su fracaso?, ¿no es mejor que el Gobierno se centre en diseñar las políticas y planes de acción pero la implementación quede en manos de los gestores que saben cómo hacerlo? Aquí estamos hablando de cárceles privadas, fortalecimiento de las ONG, red pública de salud administrada por profesionales privados, etc. ¿Nos dedicamos en serio a focalizarnos en combatir la pobreza, o continuamos con maquillajes y una burocracia que se come el presupuesto?. ¿Por qué no optimizar parte de la ayuda social a través de una red privada como el Hogar de Cristo y decenas de instituciones de beneficencia que lo hacen mejor que un estado anquilosado? Si estamos preocupados de la cesantía, ¿seguiremos abriendo la frontera sin restricciones a extranjeros mal calificados? ¿Cuál es el costo de contratación en Chile versos el sudeste asiático? ¿Cómo van a subir los sueldos sin pleno empleo?, ¿por decreto? ¿Qué haremos con los transgénicos?, ¿cuánta tecnología, investigación y desarrollo realiza Chile?, ¿cuál es su capital intelectual?
¿Resulta muy difícil comprender que no es siempre adecuado compararse con países del primer mundo, capitalizados, cultos y que aprovecharon en su momento la revolución industrial y el colonialismo?, ¿son similares los acervos religioso-culturales católicos versus la ética protestante y calvinista que hace del trabajo y el éxito un bien preciado y valorado?
¿Estamos conscientes que es la empresa, de cualquier tamaño, la capacidad de emprendimiento, el lucro bien entendido y el riesgo son los pilares del desarrollo? ¿Miramos el vaso medio lleno o medio vacío?
¿Hay apoyo real a la cultura y las artes?, ¿cómo funciona la ley de donaciones?, ¿cuánto leen los niños?, ¿seguimos con el IVA a los libros? ¿Continuaremos dando concesiones de TV con esa calidad? ¿Cómo pretendemos un país integrado socialmente y equilibrado, si el centralismo megalómano concentra no sólo el poder económico sino la toma de decisiones? ¿Es necesario que el Gobierno de turno tenga un diario, un canal de televisión, administre empresas, universidades públicas y concentre los apoyos a la innovación y el fomento? ¿No será mejor evaluar el impacto de las políticas asistenciales, darles un carácter sólo temporal y focalizarlas? ¿Seguiremos con un urbanismo de “ghettos” y ciudades alienadas?
¿Cómo apoyamos al sector agrícola, para que de una vez viva sin subsidios, se modernice y compita? ¿Cuál es el real aporte del INDAP? ¿Podemos lograr que Chile sea una potencia alimentaría de primer nivel? ¿Cómo competiremos con los chinos cuando se integren verticalmente y comiencen a instalar shoppings propios? ¿Cómo nos protegeremos del terrorismo ecológico? ¿Seguiremos siendo blandos en nuestra protección ambiental y fitosanitaria?, dos grandes activos.
¿Estamos ganando la lucha contra el narcotráfico? La delincuencia ¿es un problema estructural relacionado con la destrucción de la familia y focos de pobreza urbanos, o sólo un tema de represión?, ¿qué estamos haciendo con la prevención? Si tenemos amplias zonas despobladas que se baten en la pobreza, como la Patagonia y el extremo norte, ¿por qué no movilizar a jóvenes en riesgo social dentro de las FFAA, para que “hagan patria”, adquieran un oficio, y salgan de un medio de desesperanza y frustración?
¿Hasta cuándo nuestra matriz energética depende de terceros?, ¿Qué tiene de malo un par de plantas termonucleares?
¿Es aceptable que asignemos mal el crédito fiscal a los pobres? ¿Hasta cuándo seguiremos contando cadáveres?, ¿cerramos o no el capítulo del pronunciamiento militar con sus dolorosas secuelas? ¿Mantendremos un modelo de crecimiento basado sólo en exportación de minerales, mano de obra barata y clima?, o nos vamos a un modelo de valor agregado.





