¿El huevo o la gallina?

Miguel A. Espino Perigault | Sección: Religión, Sociedad, Vida

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Esta pregunta, con sabor a juego infantil, se suele hacer al abordarse un problema del cual se desconoce por dónde empezar y cuya causa o circunstancias iniciales parecen imposibles de reconocerse. Cuando se trata de problemas sociales, siempre complejos, las respuestas resultan tan variadas e inciertas como los enfoques filosóficos o políticos con los que la razón trata de explicárselos. Como el problema inicial es siempre resolver cuál es el aspecto primero a considerarse y cuál es el objetivo primario, debe identificarse, responsablemente, cuál es el huevo y cuál la gallina en el problema, para aplicar el método adecuado y no asumir a priori posiciones pro o anti sin conocerse la verdad, identificada con la causa primera.

Uno de los temas de moda, que ha sido llevado a nivel de calenturas terminales y temores apocalípticos, es el ecológico.¿Qué es lo primero, lo importante, el hombre o el medio ambiente? El discurso de muchos movimientos ecologistas y de los seguidores del neo-pagano culto a la Madre Tierra no deja lugar a dudas de que lo primero, para ellos, es el medio ambiente, no el hombre y sus necesidades y derechos. Se preocupan más por los pingüinos que por los humanos. Algunos ecologistas, en gesto de aparente generosidad, reconocen al ser humano un valor relativo al de cualquier otro animal, planta o mineral: pero no le conceden al ser humano el primer lugar en la necesaria supervivencia.

Para los movimientos feministas de género, el ser humano no vale nada, en verdad, pues su vida es despreciada desde su concepción en el vientre materno. Lo primero para ellas es su supuesto derecho a decidir sobre su cuerpo como valor supremo. Para los sodomitas, lo primero es el falso amor enfermizo a sí mismos, sobre todas las personas y cosas.

Por otra parte, los movimientos políticos históricos que se autoproclaman defensores del ser humano, colocan en el primer lugar a la sociedad, al estado o al partido; después, al ser humano. Los movimientos liberales y neoliberales también sostienen su interpretación sesgada al definir el lucro como el primer valor, en detrimento del ser humano.

La ciencia sin Dios y sin ética desprecia al ser humano en favor de investigaciones y objetivos eugenésicos y comerciales aberrantes. El positivismo jurídico sujeta la verdad al voto mayoritario de cortes o parlamentos, y el relativismo moral reconoce a cada quien definir como verdad lo que así considere.

Los movimientos defensores de los derechos humanos relegan al segundo plano el derecho universal a la vida humana, y en juicios contradictorios asumen posiciones ideológicas arbitrarias, pues rechazan la pena de muerte a reos convictos, pero aprueban y fomentan el aborto, que es la pena de muerte al inocente ser humano no nacido.

Para cerrar los caminos a una solución racional del enigma, la desgastada organización de las Naciones Unidas, atada a su anárquica burocracia, así como y a sus propias contradicciones ideológicas, trabaja con el apoyo de delegados tan irresponsables o culpables como los gobiernos que representan para alcanzar sus anunciadas metas del milenio. Se ha convertido, la ONU, de ese modo, en un cuerpo enfermo y lleno de pústulas amenazadoras para la salud moral de los pueblos y la soberanía de las naciones. Padece la ONU del síndrome destructor propio del laicismo fundamentalista que busca imponer, como loables metas del milenio que comienza, un Nuevo Orden Mundial, en donde no habrá ni un antes ni un después de la historia; sólo un supuesto mundo nuevo concebido con los anti valores de la cultura de la muerte. Para estos movimientos de organismos especializados de la ONU, el ser humano es un estorbo, un virus indeseable, como lo anticipa la exitosa trilogía fílmica, Matrix, de los hermanos Wachowski.

Un mundo más aterrador que el imaginado por Orwell, en su famosa novela, 1984, en donde “El gran hermano” (¿La actual ONU?), esclavizará a la humanidad y en donde todo sería destruido sobre la faz de la tierra, tanto el hombre como la sociedad que conocemos y por cuya cultura y tradicionales valores morales trabaja cada pueblo, sobre todo los cristianos, para perfeccionarlos. Sin esos valores prevalecerá la cultura de la muerte denunciada reiteradamente por los romanos pontífices.

El poeta chileno, Pablo Neruda, en un hermoso poema inspirado ante las imponentes y ensangrentadas ruinas de Macchu Picchu, se preguntó, angustiado, dónde estaba el hombre en ese entorno majestuoso de piedras. (“Piedra en la piedra, ¿y el hombre dónde estuvo?”).

Esta pregunta ha de hacerse hoy a los promotores de los programas anti-vida y anti-familia de las Naciones Unidas y las organizaciones propulsoras de la cultura de la muerte en cada país.

¿En dónde está el hombre en los programas del Milenio de la ONU? ¿En dónde, en los del capitalismo? ¿En dónde, en los del socialismo y el fascismo? ¿En dónde, en las feministas? ¿En dónde, en los movimientos ecologistas y neopaganos de los devotos de la Madre Tierra?

Mientras tanto, como una voz en el desierto, desde siempre, se podía escuchar y se escucha como un tambor lejano, para quienes querían escuchar, el milenario llamamiento cristiano, y el de los pontífices romanos, a la cordura, a la razón abierta a la verdad y al amor en la verdad y a la vida Al hombre entendido como centro del universo y de la naturaleza; una naturaleza que ha sido entregada al hombre por su Creador, para que la domine y la conserve en provecho de su perfeccionamiento como ser humano.

No importa cómo se mire el enigma: con el prisma del evolucionismo, del creacionismo, del agnosticismo o con cualquier enfoque, científico, seudo-científico o esotérico, el enigma solamente puede resolverse con humildad científica y con la razón iluminada por la fe; una actitud que, al parecer, confunde a los poderosos y a los soberbios, quienes pretenden ignoran al Creador del universo y de todo lo que es primero. Pero; los que ignoran al Creador de todo lo primero, se han propuesto cambiar el mundo, cuando no pueden resolver el enigma del huevo y la gallina.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Análisis Digital, www.analisisdigital.com.