Matrimonio, familia y… ¿“ciencia” económica?
Matías Petersen | Sección: Familia, Sociedad
El 9 de octubre, en este mismo medio, Luis Fernández Cuervo nos presenta la relación existente entre el matrimonio, la familia y la economía. El 13 de noviembre Max Silva Abbott nos habla del capital humano y su relación con la familia. Debo decir que estoy de acuerdo con ambos en algunos de sus postulados, sin embargo, creo que es necesario aclarar algunos conceptos. Se trata, en efecto, de hacer una pequeña advertencia que puede ser útil a la hora de hacer un análisis serio de realidades tan fundamentales para nuestra patria como lo son el matrimonio y la familia.
Ambos autores fundamentan sus artículos en algunos pasajes de las obras del economista Gary Becker, uno de los más famosos exponentes de la Escuela de Chicago. Efectivamente, el profesor Becker se ha dedicado, entre otras cosas, al estudio de la familia, aplicando la metodología de la “ciencia” económica contemporánea, comúnmente denominada economía positiva. Los fundamentos de esta metodología, descrita en su texto The Economic Approach of Human Behavior, se fundan básicamente en el siguiente supuesto:
“… los individuos maximizan su utilidad a partir de ciertas preferencias que no cambian sustancialmente a lo largo del tiempo, y el comportamiento de los diferentes individuos está coordinado por mercados explícitos e implícitos”
En castellano, esto significa que el enfoque económico propuesto por Becker, mejor conocido como rational choice, consiste en suponer que los individuos actúan como si maximizaran su función de utilidad individual, que es una especie de medida cuantitativa del bienestar individual, de manera que todas las decisiones del hombre se fundan en un cálculo de costos y beneficios. En palabras de Becker, este enfoque sería “tan comprensivo de la realidad, que es aplicable a todo el comportamiento humano”. Este es, por tanto, el punto de partida, nunca demostrado, desde el cual el profesor Becker y, en general, los economistas de la Escuela de Chicago, encaran la realidad.
Los pasajes que podemos leer en el artículo de Luis Fernández provienen, directa o indirectamente, de otro texto del profesor Becker llamado A Treatise on the Family. Lo primero que llama la atención del lector cuando se enfrenta a este texto es su excesiva complejidad; en efecto, el texto está lleno de ecuaciones y “outputs” de regresiones econométricas que son ininteligibles para quienes no hayan tenido al menos dos cursos de cálculo infinitesimal, uno de probabilidades y uno de econometría. Ahora bien, ¿cuáles son las principales incoherencias entre la doctrina de Gary Becker y las afirmaciones de los señores Fernández y Silva?
Una de las afirmaciones citadas por el señor Fernández es la siguiente:
“… Gary Becker justifica la existencia de la familia y su carácter indispensable desde un punto de vista y argumentación exclusivamente económico”
Quizás alguien se podría preguntar: ¿se puede estudiar, la realidad, desde un punto de vista puramente económico? ¿Existen, en la realidad, actos puramente económicos? ¿No sería más preciso afirmar que no existe sino una dimensión económica de los actos humanos? ¿Cuáles serán las implicancias de este “análisis económico”, en apariencia riguroso, pero de un reduccionismo extremo?
El mismo Gary Becker se da cuenta de que alguien podría cuestionar su análisis, pero al parecer no saca las conclusiones adecuadas y no llega sino hasta la segunda pregunta que nosotros nos hemos hecho. En efecto, Becker afirma en la introducción de su texto (A Treatise on the Family) que su intención es “analizar el matrimonio, los nacimientos, el divorcio, el prestigio social y otros comportamientos no materiales con las herramientas y el enfoque desarrollados para el comportamiento material… El título de mi libro no se refiere a los aspectos económicos de la familia… mi intento es más ambicioso”. Es decir, Becker quiere utilizar la metodología de la economía positiva, principalmente dedicada al estudio de la crematística, para analizar realidades que nada tienen que ver con este tipo de actividad; y si tienen que ver con ella es de un modo secundario. Es verdad que el bienestar económico de la familia es requisito para su desarrollo y perfección, pero el bienestar económico de la familia no constituye su fin último, razón por la cual un análisis riguroso de la familia y del matrimonio no puede fundarse en un criterio puramente económico.
El señor Fernández también menciona que según Becker “la familia es el fundamento de la economía” y agrega que “se sobreentiende que (Becker) se refiere a la familia normal, buena, la que procrea hijos y crea naciones…”. A mi juicio esta conclusión es un poco apresurada. Gary Becker no se refiere de ese modo a la familia y al matrimonio, para el economista estadounidense la familia es una fábrica de bienes domésticos obtenidos con ciertos factores de producción. Los precios de estos bienes tienen dos dimensiones: los precios de mercado y el costo de oportunidad del tiempo. ¿Y qué ocurre cuando hay que referirse al matrimonio y a los hijos? Veamos cómo responde Becker a algunas preguntas que dejarán en evidencia su pensamiento:
¿Por qué nos casamos?
“De acuerdo con el enfoque económico una persona decide casarse cuando la utilidad esperada del matrimonio excede la utilidad esperada de quedar soltero o la utilidad de invertir tiempo adicional en la búsqueda de una pareja más adecuada”. Becker afirma también que hay un mercado de matrimonios, con sus respectivos precios de equilibrio y cantidades de matrimonios “transados”.
¿De qué depende el número de hijos que tenga una familia?
“La demanda por hijos dependerá del precio relativo de éstos y de los ingresos. Un aumento en el precio relativo de los hijos reduce la demanda por niños y aumenta la demanda por otros bienes”
¿Y por qué nos divorciamos?
“Una persona casada decide divorciarse cuando la utilidad esperada de quedar soltero o de volver a casarse excede la pérdida de utilidad por la separación… pérdida que incluye los efectos de separarse de los hijos, la separación de los bienes comunes a ambos cónyuges, los costos legales, etc…”
¿Qué relación existe, según Becker, entre fe y razón?
Recordemos que para Becker un individuo es racional si maximiza su utilidad y toma sus decisiones en función de sus costos y beneficios. En este contexto el economista menciona que “… no he podido comprobar que la racionalidad se encuentre en todas partes, pero podríamos considerar algunos ejemplos de sociedades religiosas… En Irlanda… las parejas hacen un uso considerable de condones y de otros métodos de control de natalidad, a pesar de la continua oposición de la Iglesia Católica a los métodos anticonceptivos”.
¿Son acaso irracionales aquellos que, bien por obediencia al Magisterio de la Iglesia, o bien por el dictamen de la razón, se niegan a utilizar métodos anticonceptivos?
Es evidente que Gary Becker no es un defensor de la familia, ya que no entiende por familia lo que ésta realmente es; una comunidad de amor, conformada por un hombre y una mujer, unidos por el matrimonio, imagen de la Comunión Trinitaria y pilar fundamental de la sociedad política, en la cual la persona se forja adquiriendo la virtud.
No pongo en duda que los artículos de Luis Fernández y Max Silva intentan defender la familia. Es más, creo que si tuviéramos ocasión de conversar estaríamos de acuerdo en los principios naturales sobre los cuales ésta se funda. El objetivo de este artículo sólo apunta a que evitemos utilizar como bandera de nuestra lucha por la familia y el matrimonio razonamientos como los presentados por Gary Becker. En los tiempos que estamos viviendo y sobre todo en el escenario actual de nuestra patria, pidamos a Dios la valentía de defender la familia con la razón, pero no con el racionalismo, que hagamos de este tema materia de estudio, y no un estudio materialista, que lo hagamos de un modo positivo, pero no positivista.




