El ocaso de la DC

Alfonso Ríos Larrain | Sección: Historia, Política

08-foto-1-autor1A propósito del reciente acuerdo del candidato presidencial Eduardo Frei con el Partido Comunista de Chile, publicamos a continuación la respuesta de Alfonso Ríos Larraín a los comentarios recibidos por su carta “El ocaso de la DC”, incluída recientemente en El Mercurio, y cuya copia reproducimos también al final del artículo.

Estimado José Luis:

Leí con mucho interés tus comentarios a mi carta “El Ocaso de la DC” que publicó “El Mercurio” y te respondo a continuación.

Reacciones a mi carta

Efectivamente, “El Mercurio” no publicó reacciones a mi carta, pero el blog estuvo bastante activo. Es posible que ninguno de los mencionados, DC y comunistas, haya querido replicar o, si lo hicieron, sus respuestas no tuvieron acogida en la redacción del diario. También es posible que los dirigentes DC estén más preocupados del aggiornamiento de Frei Ruiz-Tagle que de polemizar públicamente. En fin, pudo haber, a) quienes piensan que el tema carece de interés; b) que la DC es inmortal y tal ocaso no existe; y c) que Cademártori y la DC son reliquias que tuvieron su minuto de gloria en el siglo pasado y ya no vale la pena preocuparse de ellos. En todo caso, la carta no pasó desapercibida, con los elogios y reproches previsibles.

Motivación para escribirla

No tengo el más mínimo interés en colaborar con la supervivencia de la DC. Repruebo su doctrina y tengo un juicio muy negativo de sus fundadores y actuales dirigentes. Pero soy más crítico de los comunistas y de todo el daño que han ocasionado, desde Marx y Engels a soviéticos y chinos, pasando por el citado Cademártori y otros humanoides criollos aliados con el PDC, y más disminuidos que éstos.

Este pacto tiene base histórica, muy anterior al sistema binominal con el que hoy pretenden justificarlo. En efecto, Eduardo Frei Montalva dijo alguna vez que “hay sólo una cosa peor que el comunismo: el anticomunismo”, sentencia que inspiró la trayectoria izquierdizante de la DC chilena y su alejamiento progresivo de otras expresiones social-cristianas. Las declaraciones de Cademártori –una réplica del patitas cortas, Luis Corvalán (1970): “¡Con la DC ni a misa!”– pone en evidencia la capitis diminutio de la DC, su pérdida de influencia y la debacle electoral que enfrenta desde 1969 a la fecha. Es, además, una fuerte crítica a la DC concertacionista, a sus presidentes, ministros y parlamentarios. Pero, carentes de auto-crítica y desvergonzados como son, los comunistas convienen en un pacto con la DC a sabiendas, claro está, que su eventual ganancia será a costa de transformarse en sepultureros de su agonizante aliado.

Tus reflexiones

Las interrogantes, afirmaciones y pronósticos que contiene tu carta dan para convocar a un Seminario de fin de semana titulado “Vida, Pasión y Muerte de la DC chilena: 70 años de utopías, angustias e indefiniciones”. Los temas de análisis y mis conclusiones serían las siguientes:

– LA DC: Vía alternativa del capitalismo y del comunismo
Conclusión: No venció al capitalismo y en su hora crepuscular intenta sobrevivir aliada con los comunistas.

– LA DC: Expresión política del cristianismo
Conclusión: Ni Maritain y Mounier, ni las encíclicas sociales y otras entelequias que buscó para dar sustento filosófico y moral a su agenda política (humanismo cristiano, comunitarismo, etc.) pudieron evitar su desafección con el mundo popular.

– LA DC: Revolucionaria, democrática y pluralista
Conclusión: Su revolución en libertad, acompañada de resentimiento, odiosidad y revanchismo, desencadenó la otra revolución –más auténtica, coherente y extremista– que encabezaron sus aliados de hoy. Frente al desastre, golpeó cuarteles, pidió y justificó la intervención militar, olvidando (“por un ratito y hasta que los milicos nos devuelvan el poder”) su apego irrenunciable a la democracia. Y tampoco fue pluralista: su primer gobierno, que anhelaba prolongar 30 años (Tomic 1964), fue sólo de la DC, por la DC, con la DC y para la DC.

Este cónclave podría incorporar otros temas que expliquen la merma electoral sufrida por la DC en los últimos veinte años: más de un millón de votos, 7 senadores y 18 diputados menos, junto a la pérdida de alcaldes en casi todas las ciudades importantes del país. Analizar, también, por qué el cambio del sistema binominal, que estimas “poco inclusivo”, podría dar oxígeno, no sólo a los comunistas, sino también a esta revenida DC.

En definitiva, estimado José Luis, la cuestión no es maquillar al moribundo, ni acicalarlo para el funeral. Si quieren salvarlo transplanten sus órganos básicos –el cerebro incluido– pero no acepten donaciones de cuerpos infectados.

Un abrazo,
Alfonso Ríos Larrain

La carta original, publicada en El Mercurio el pasado 11 de octubre, es la siguiente.

El ocaso de la DC

Señor Director:

“La debacle del partido de la flecha azul no debiera sorprender a nadie. Algo muy profundo ha afectado la mente y el corazón de millones de adherentes que hasta hace una década apoyaban la ideología y la política de las corrientes social-cristianas. La DC, como movimiento político e ideológico internacional, viene sufriendo fracasos estruendosos, como lo demuestra su liquidación total en Italia, su descomposición en Venezuela, El Salvador y otros países. En Chile, la DC y todos sus líderes –presidentes, parlamentarios y ministros– tienen la principal responsabilidad, aunque no la única, en el incumplimiento de las promesas electorales de la Concertación. Ninguno de sus dirigentes se salva. El partido fue paulatinamente abandonado por sus bases sociales, especialmente la clase media y los trabajadores…”.

Estos comentarios no son de un político de derecha ni de algún díscolo concertacionista. Corresponden a José Cademártori, ex diputado e histórico dirigente comunista, y fueron reproducidas por el diario El Siglo semanas después de la estrepitosa derrota de Andrés Zaldívar frente a Lagos en las primarias de 1999 (Niebyl-Proctor Marxist Library).

Los comunistas saben de fracasos electorales y desafecciones ideológicas. Ellos también fueron abandonados por sus bases, y hoy carecen de relevancia política en el mundo libre. Pero como la necesidad tiene cara de hereje y el instinto de sobrevivencia suele anteponerse a la consistencia doctrinaria, la DC se ha unido con los comunistas para postergar su ocaso y evitar la debacle que, a juicio de Cademártori, no debiera sorprender a nadie.

Veremos quién sale más favorecido con este pacto entre agónicos, pero está claro que los comunistas nada pueden perder y que la DC nada puede avanzar.

Alfonso Ríos Larraín