¿Ideas respetables?

Augusto Merino M. | Sección: Política, Sociedad

03-foto-1-autor1A menudo se pregunta en las entrevistas qué piensa fulano de tal o cual cosa –en general, de alguna brutalidad dicha por alguien–.

El entrevistado, a fin de parecer ilustrado, tolerante y progresista, rasgos que todos quisieran tener, responde: “Naturalmente, yo respeto todas las ideas”. O: “Para mí, todas las ideas son respetables”.

Examinemos esto. ¿Son realmente respetables todas las ideas? ¿Es respetable la idea de que la tierra es plana y no redonda? ¿O la idea de que pasar debajo de una escala trae pésima suerte? ¿O la de que los judíos son una raza inferior? ¿O la de que los negros nacieron para ser esclavos? ¿O que las mujeres son seres de pelos largos e inteligencia corta?

“¡Ah!”, nos dirá alguien, inquieto por el pensamiento de que “dos más dos son cinco” es respetable: “lo que pasa es que lo que es realmente respetable son las creencias”. Y aludirá no a creencias como la de que “la mayonesa se corta cuando los huevos están helados” –aunque no se ve por qué ésa no, si es tan creencia como cualquiera–, sino a otras como “en el cielo seremos regaloneados por huríes”, o “yo me he encarnado anteriormente en un pirigüín y en una dama antigua”.

En estos temas reina, como en tantas otras partes, el smog intelectual de este siglo, esa nube espesona de principios medio digeridos, de confusiones, de relativismos.

03-foto-22No. Ni todas las ideas ni todas las creencias son respetables. Las ideas y creencias son verdaderas o falsas, no respetables. Uno acepta una idea no por su “respetabilidad”, sino por su “veracidad”. Sería absurdo aceptar que “dos más dos son cuatro” porque es una idea respetable, y no porque es verdadera.

Todas las ideas y creencias deben pasar por el tribunal de la razón, que es el que decide entre lo que es verdadero y lo que es falso. Y las ideas y creencias falsas deben ser rechazadas.

Lo respetable es la persona que sostiene la idea o creencia, sea ésta verdadera o falsa. No debemos confundir el respeto a la persona, que debe ser siempre perfecto e incondicional, ni la tolerancia a la persona, que se fundamenta en su dignidad de tal, con el respeto o la tolerancia de sus ideas y creencias. Estas correrán la suerte que les corresponda según sean verdaderas o falsas.

Esto debiera quitarnos el miedo a combatir, respetando a las personas, las inepcias sin número que se profieren cotidianamente de palabra y por escrito.