Incompatibilidad entre marxismo y cristianismo
Oscar Muñoz Villegas | Sección: Política, Religión
Ante la reciente irrupción en la República de Chile, de la incompatible alianza entre marxismo por un lado; y, doctrinas de inspiración cristiana y de promoción de la dignidad humana por el otro, se hace urgentemente necesario que los católicos en el servicio público manifiesten su malestar y oposición por semejante experimento nefasto, de pseudo-ingeniería socio-política.
Los partidos políticos chilenos de inspiración cristiana, y todos los miembros de la Iglesia, tanto pastores como ovejas de la grey, deberíamos recordar y considerar las sabias palabras del sacerdote y abogado, San Alberto Hurtado, quien afirmaba en Moral Social (1952) que “el comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede colaborar con él en ningún terreno” y “jamás el cristiano podrá aceptar los principios laicistas del liberalismo y del marxismo que desconocen esta finalidad sobrenatural del hombre.”
Para el abogado y sacerdote chileno tanto el sistema económico liberal, como el marxismo, pero en especial este último porque tiene desastrosas consecuencias materiales y espirituales por negar los valores en los cuales se basa y fundamenta la civilización cristiana por ignorar la dignidad humana. “Con la misma firmeza con que condenamos el individualismo y el liberalismo económico, condenamos el marxismo, y en forma especial el comunismo, y, hacemos ver a nuestros fieles, la absoluta oposición entre estos dos sistemas y la fe cristiana. Por su ideología que niega los valores religiosos y morales en que se asienta la civilización cristiana, por su desconocimiento de la dignidad de la persona humana”. Esta afirmación refuta la desafortunada frase del ex-Presidente, Eduardo Frei Montalva quien afirmó que “peor que el comunismo es el anticomunismo”.
Asimismo, para el pensador André Frossard (1977) el socialismo es una metafísica en base al rechazo de la condición humana, al Creador y Legislador Supremo, que los cristianos llaman Dios. Pero a pesar de lo anterior, según Spieker (1977) se esfuerzan por “dialogar” con los cristianos como estrategia de penetración marxista. “Como participante en el diálogo se escoge a los cristianos pero nunca a la Iglesia. Se habla mucho de la necesidad absoluta del diálogo, de que cada participante en el diálogo tendría que entrar en él consigo mismo y cambiarse a sí mismo, que el diálogo debería abarcar la totalidad de la comunidad cristiana y marxista; pero los revisionistas no dejan duda alguna de que el diálogo es ´solamente un medio´ para la construcción del socialismo y aspirar a él junto con los marxistas”. V.gr. las declaraciones del ex-Presidente marxista Salvador Allende Gossens, ante el periodista Régis Debray, en una entrevista publicada por El Siglo (1971) donde asevera que la alianza de cumplimiento de las “garantías constitucionales” con el Partido Demócrata Cristiano era sólo, “una necesidad táctica”.
Chile por ser una nación de profunda y vasta tradición católica ha sido siempre blanco de la ideología marxista en sus distintas vertientes. Antes fue el marxismo leninista y maoísta. Incluso hubo un premio Nobel de Literatura que le hizo una oda a Stalin. Actualmente es el marxismo de Antonio Gramsci y el neomarxismo frankfurtiano de Jürgen Habermas y Marcuse, el que intenta socavar las bases y bienes morales de nuestra Patria. Desde hace unos años, a esta tierra austral se le ve como un blanco y bastión por quebrantar, por ser una de las pocas naciones que puso su más férrea oposición a ideologías anti-cristianas en todos los ámbitos legítimos. Tan sólo hace unos años recomenzaron la demolición promoviendo y legitimando el divorcio aprobando la nueva ley de matrimonio civil; luego con la proliferación sin límites de la píldora abortiva del día después; luego el feticidio mal llamado “terapéutico”; y ahora el intento de legitimización mediática, política y jurídica de la “unión civil” homosexual, intentando equipararla al matrimonio heterosexual.
Ante tal penosa situación que aqueja a Chile, es necesario traer a nuestra memoria nuestro patrimonio doctrinal, que a través de S.S Pío XI asevera: “Procurad, Venerables Hermanos, que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede admitir que colaboren con él en ningún terreno los que quieren salvar la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen a la victoria del comunismo en sus países, serían los primeros en ser víctimas de su error; y cuando las regiones, donde el comunismo consigue penetrar, más se distingan por la antigüedad y la grandeza de su civilización cristiana, tanto más devastador se manifestará allí el odio de los ‘sin-Dios’.”
Asimismo S.S Pablo VI afirma que el comunismo desorienta a los buenos, amenaza la unidad espiritual, funda sus bases sobre la mera inmanencia material, y actúa con una diversidad de propaganda anticatólica. “El marxismo ateo que con su mesianismo social hace del progreso humano un mito y funda toda esperanza sobre los bienes económicos y temporales, determina un ateísmo doctrinal y práctico (…) En el campo religioso se hace presente y activa una propaganda anticatólica de diversas proveniencias, que amenaza la unidad espiritual del continente, produce incertidumbre y duda, proyecta desconfianza sobre la obra de la Iglesia Católica, desorienta a los buenos, no siempre crea un clima religioso positivo y si lo crea, está fuera y es en desmedro de la solidez de la unidad católica”.
El escritor ruso, Alexander Solzhenytsin afirmó que “el comunismo sólo se detiene cuando encuentra una muralla, aunque sólo sea una muralla de resolución”. Por los motivos anteriores es que deberíamos recordar que según S.S Juan Pablo II, la “libertad y los valores de la persona, [es] en nombre de los cuales hay que oponerse al comunismo”.




