Burocracia y vida

Juan Carlos Aguilera | Sección: Educación, Sociedad

Lo que a nuestra educación le sobra es el exceso de burocracia y lo que le falta es vida, la noticia del momento, los resultados de la llamada evaluación docente, puede ser un buen ejemplo del agotamiento en que se encuentra la discusión acerca de la educación en nuestro país.

En efecto, los datos aportados por la ministra de educación en orden a la evaluación de los profesores, constituirá material de análisis, contra análisis, justificaciones y objeciones de índole diversa. La discusión entrará en receso y muy probablemente con un resultado bien sorprendente: empate técnico. Pues, cuando de cifras y números se trata, todos, bajo su peculiar perspectiva salen ganadores.

Aquellos que resultan fascinados con las cifras, cálculos, planillas, primeros lugares, etc., y que fabrican la realidad a partir de lo cuantificable, constituyen el nuevo contingente de idealistas y burócratas, neo-burócratas les llamaremos. Y para no pecar de injusticia hay que reconocer que la burocracia no es patrimonio exclusivo de lo estatal.

Los neo-burócratas son la versión postmoderna de los idealistas de antaño. A propósito de idealistas, Guitton, recordando al viejo Renan (quien deseaba que el oficio de marino torpedero se convirtiese en la profesión de los grandes idealistas “a los que le proporcionaría los medios de soñar tranquilamente en este mundo, pero también se les haría participar en la horas heroicas con cuatro o cinco posibilidades de no volver”), consideraba una posible cura para los idealistas, nuestros neo-burócratas: que tuvieran que responder de sus pensamientos, verdaderas pesadillas para los ciudadanos de a pie, con su propia carne.

Lo característico de la burocracia consiste en la implementación de procedimientos que deben ser evidenciados por medio de la documentación, en el caso de la evaluación docente, el asunto es claro, el portafolio. Según he sabido es posible incluso adquirirlo a un precio razonable, tal como fue denunciado por los medios de comunicación con escándalo incluido, pero a la chilena, algo así como una pataleta pasajera, en la que nada serio e importante está comprometido.

Los procesos, eso es lo que importa y si se atienen a pautas y registros de hechos, otro término que hace delirar a los neo-burócratas, estamos a las puertas de la perfección educativa, es decir, de aquello que se ha convertido en una especie de ídolo moderno: la calidad de la educación. Y esto es así porque la búsqueda de la ansiada calidad, resulta sinónimo de eficacia, discurso igualmente presente entre marcianos y trolls. Cifras, hechos, números, eficacia, progreso, calidad y utilidad ideas todas transidas por lo cuantitativo y el corto plazo.

Es la vieja cuestión acerca de qué es lo importante la materia o el espíritu, las personas o las cosas. En la medida que la discusión esté centrada en lo que podríamos llamar la tecno-estructura educativa, no podremos salir de la encrucijada en la que nos encontramos respecto de la educación de nuestros hijos, quienes estarán, ciertamente, más escolarizados pero menos educados.

Tal vez resulte oportuno recordar las palabras del profesor Steiner quien, es sus Lecciones de los maestros, a propósito de confundir la realidad con los hechos, la eficacia con la fecundidad, la calidad de la educación con la utilidad, escribió: “enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto. Una enseñanza deficiente…..que conscientemente sea cínica en sus metas meramente utilitarias son destructivas. Arranca de raíz la esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina”.