Benedicto XVI llega como mensajero de reconciliación
Jesús Colina | Sección: Religión, Sociedad
La segunda cumbre episcopal africana (la primera fue convocada en 1994 por Juan Pablo II) estará centrada en la emergencia número uno para un continente ensangrentado por guerras y conflictos étnicos, tribales o de control de los recursos naturales. Benedicto XVI lo ha enunciado con este tema: «La Iglesia en África, al servicio de la reconciliación, de la justicia y la paz. Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo ». Éste será el tema que congregará a los representantes del episcopado africano, del 4 al 25 de octubre próximo, en Roma, junto al Papa.
Reconciliación como mensaje
Poco antes de partir hacia Yaundé, el pasado domingo, el Papa reconocía que iba a África «con la conciencia de no tener otra cosa que proponer y entregar a cuantos encuentre si no es Cristo y la Buena Noticia de su Cruz, misterio de amor supremo, de amor divino que vence toda resistencia humana y que hace posible, incluso, el perdón y el amor a los enemigos. Ésta es la gracia del Evangelio capaz de transformar el mundo; ésta es la gracia que puede renovar también a África, porque genera una fuerza irresistible de paz y de reconciliación profunda y radical». Y añadía: «La Iglesia no persigue objetivos económicos, sociales y políticos; la Iglesia anuncia a Cristo, convencida de que el Evangelio puede tocar los corazones de todos y transformarlos, renovando desde dentro las personas y la sociedad».
El viaje de Benedicto XVI busca dar un impulso decisivo al catolicismo en un continente en el que experimenta un ritmo totalmente insospechado en décadas pasadas.
Según las previsiones, en 2050, tres países africanos estarán en el elenco de los diez primeros países católicos más grades del mundo. Dos deberían superar a España: la República Democrática del Congo, con 97 millones de católicos, y Uganda, con 56 millones; Nigeria podría también superarla, con 47 millones.
Los datos que la Santa Sede ha publicado en vísperas de la Visita del Santo Padre a Angola y Camerún, hablan por sí solos. Por ejemplo, en 1900, en el África subsahariana, había 1,9 millones de católicos; en el año 2000 eran 139 millones. De hecho, en los últimos años, casi la mitad de los bautismos de adultos en el mundo se registran en África.
Los números de los países que el Papa visita son también elocuentes. Camerún tiene 4.842.000 católicos, mientras que en 1932 eran 246.742. Pero lo que es más significativo es que hoy cuenta ya con más seminaristas que España. Angola cuenta con 8.600.000 católicos, es decir, el 55,6% de la población, mientras que hace ochenta años era 322.589. Hoy, según las estadísticas, Angola tiene doce seminaristas mayores más que España, pues en total son 1.236.
No es casualidad que uno de los dos países que visita Benedicto XVI en su primer viaje a África sea Angola, pues, como ha explicado el obispo de la diócesis de Viana, monseñor Joaquim Ferreira Lopes, «la epopeya de la Iglesia en África pasa por Angola», que celebró la llegada del cristianismo gracias a los misioneros portugueses un año antes de que los españoles llevaran la fe a América. En 1491, el rey Nzinga-a-Nkuwu, pidió el Bautismo. Le sucedió en el trono su primer hijo, Alfonso, que durante cuarenta años difundió el Evangelio entre su pueblo. Esos años se consideran la época de oro de la evangelización del Congo. Uno de sus hijos, Enrique, fue el primer obispo negro.
Hoy, el 55,6% de los 15.473.000 habitantes de Angola es católico, hay 27 obispos, 794 sacerdotes, 2.276 religiosos y 30.934 catequistas.
Lo que la Iglesia ofrece a África: Dignidad, justicia y paz
«En un continente que, en el pasado, ha sido testigo de cómo muchos de sus habitantes eran cruelmente llevados a ultramar para trabajar como esclavos, el tráfico de seres humanos, especialmente de mujeres y niños inermes, se ha convertido en una moderna forma de esclavitud», denunció el Papa, a su llegada al aeropuerto de Yaundé, la capital de Camerún. «En un momento de global escasez de comida, de confusión financiera, de modelos distorsionados por los cambios climáticos, África sufre de manera desproporcionada: un número creciente de sus habitantes acaba convirtiéndose en presa del hambre, de la pobreza, de la enfermedad», añadió.
Hoy los africanos «gritan reconciliación, justicia y paz, y esto es precisamente lo que la Iglesia les ofrece. No ofrece nuevas formas de opresión económica o política, sino la libertad gloriosa de los hijos de Dios. No ofrece la imposición de modelos culturales que ignoran el derecho a la vida de los que todavía no han nacido, sino el agua pura salvífica del Evangelio de la vida. No promueve las rivalidades interétnicas, sino la rectitud, la paz y la alegría del reino de Dios». Desde que Benedicto XVI subió el martes al Boeing 777, de Alitalia, que le llevó a Camerún, dejó muy claro que, con su undécimo viaje internacional, pretende movilizar la solidaridad de la comunidad a favor del continente africano.
A bordo del avión, el Papa respondió a las preguntas de los periodistas, centradas en buena medida en la crisis. Sobre su tercera encíclica, que abordará también estas cuestiones, confesó que, cuando ya casi estaba lista, el agravamiento de la crisis le impulsó a desarrollar más algunos pasajes, de manera que pudieran servir mejor para orientar la ética económica mundial y ayudar así a superar la crisis.
El Santo Padre Benedicto XVI habló también de los desafíos de la Iglesia en el continente africano, de su vitalidad y de sus problemas, de la capacidad de la Iglesia para responder a las expectativas más profundas de la cultura africana, y de dar a esa respuesta una dimensión comunitaria, y desde una perspectiva del largo plazo, a diferencia de las promesas de las sectas. «Amo África», dijo. «Tengo muchos amigos africanos desde los tiempos de profesor. Me gusta la alegría de esta gozosa fe que se encuentra en África».
El Papa también habló del sida, y de la perspectiva cristiana del amor y de la sexualidad, así como del compromiso de tantas instituciones católicas a favor de los enfermos. «No se puede superar el problema del sida en África sólo con dinero –advirtió–; no se puede superar con la distribución de preservativos, que por el contrario aumentan el problema. La solución pasa por una humanización de la sexualidad, una renovación espiritual y humana».
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Alfa y Omega, www.alfayomega.es.




