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	<title>VivaChile.org &#187; egoísmo</title>
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		<title>Un presidente debería ser el primer defensor de la vida</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2009 03:30:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cuando un Gobierno promueve el aborto, no les está enseñando a las madres a amar, les está enseñando que cualquier acto de violencia es justificable para lo que esa persona quiere.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/07-foto-11.jpg" alt="" width="200" height="242" />El actor y productor de la galardonada película <em>«Bella»</em> denuncia la ampliación de la Ley del aborto en España. <em>«Si todas las madres tuvieran el vientre de cristal, no matarían a sus bebés»,</em> asegura. Detrás de su profunda mirada se esconde un hombre sencillo y afable. Lleva en su alma muchas renuncias y muchas ilusiones. Dice que ha aprendido a ver la vida de otra manera y percibe, por fin, la felicidad. Habla con naturalidad de temas como el amor, la amistad, el dolor&#8230; Cuando le preguntan por su madre, se emociona.</p>
<p><strong>¿Quién es Eduardo Verastegui?</strong></p>
<p>Un ser humano que busca la felicidad y que trata de corregirse todos los días para poder ser un buen hijo, hermano, amigo, un buen actor y un buen productor. Alguien que todas las noches hace su examen de conciencia para ver dónde cayó.</p>
<p><strong>¿Y aprueba ese examen?</strong></p>
<p>Estamos en ello. Sé la responsabilidad que tengo con mi familia y también ante Dios. Trato de perfeccionarme en todas estas áreas. Yo no nací para ser una estrella de cine como antes pensaba. El fin de mi vida es conocer, amar y servir a Dios. Me declaro completamente fracasado, porque lo único que puedo hacer sin ayuda a Dios es pecar. Mi fe católica es lo más importante de mi vida y eso me ayuda a mantener los pies en la tierra.</p>
<p><strong>Acaba de ser galardonado con la <em>«Ola de Oro»</em> que concede la asociación CinemaNet por su película <em>«Bella».</em> ¿Qué significa para usted este nuevo galardón?</strong></p>
<p>Es un reconocimiento que uno recibe con mucha humildad y que comparto con todos los que hicieron posible que<em> «Bella»</em> existiera. Esto hace que el mensaje de la película llegue a más gente.</p>
<p><strong>¿Por qué nació <em>«Bella»?</em></strong></p>
<p>Nace de la necesidad de querer contar historias que, además de entretener, eleven la dignidad del ser humano.</p>
<p><strong><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/07-foto-21.jpg" alt="" width="200" height="231" />¿Colaboran hoy los medios de comunicación a elevar esa dignidad?</strong></p>
<p>Los valores son atropellados con frecuencia por los medios. Hoy es muy fácil confundir a la gente y manipularla, sobre todo a los jóvenes contando historias en las que lo único que se promueve es la envidia, el egoísmo, un ambiente hedonista&#8230;</p>
<p><strong>¿Y el cine?</strong></p>
<p>El cine es poderoso y la sociedad tiende a imitar lo que ve en sus pantallas. A veces se utiliza de una manera muy egoísta. Lo digo por experiencia: yo lo hacía por ignorancia.</p>
<p><strong>¿Se siente responsable de los comportamientos de la gente por aquella actitud?</strong></p>
<p>Era una manera de ganarme la vida, me gustaba el arte. Pero estaba utilizando mis talentos de una manera egoísta. Me avergüenzo de las cosas que decía en las entrevistas durante mis diez años de carrera. No era consciente de que cualquier proyecto en el que me involucrara iba a influir en la forma de pensar y vivir de la gente.</p>
<p><strong>¿Su regreso a la fe le ha hecho renunciar a muchas cosas?</strong></p>
<p>Cuando tomé la decisión de involucrarme únicamente en proyectos en los que yo creyera que podían hacer bien, toqué con la pared. Le prometí a Dios que no iba a trabajar en ningún proyecto que ofendiera mi fe, a mi comunidad latina o a mi familia. Pero todo lo que me llegaba era lo mismo. Me cansé de esperar, no llegaban guiones. Dejé de trabajar durante cuatro años y, para sobrevivir, vendí toda mi colección de arte, mis bienes acumulados en mis años de carrera.</p>
<p><strong>¿Mereció la pena?</strong></p>
<p>Tuve que reinventarme de alguna manera y empezar de cero. Me quedé en la calle, con mucha paz y con la confianza de que si todo lo estaba haciendo por mis principios y mi fe, Dios sabía hacia dónde me conducía. Ni yo mismo sabía entonces lo que necesitaba, pero en el fondo, era rico. Romper con todo aquello a lo que estaba atado antes fue como morir por dentro. Descubrí que los sueños personales pueden llegar a ser tu peor enemigo si esos sueños no van en línea con la voluntad de Dios. ¿De qué le sirve al hombre haber conquistado el mundo entero si se ha perdido a sí mismo y a los suyos?</p>
<p><strong><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/07-foto-31.jpg" alt="" width="200" height="295" />¿Cree que está en crisis el valor de la familia?</strong></p>
<p>En parte sí y en parte no. Lo más importante son los principios que te inculcan tus padres, que son la roca. Nosotros somos cuatro hermanos. Yo me había perdido con todo el ambiente que me rodeaba, pero las muchas amistades que Dios puso en mi camino me hicieron reflexionar. Además, las oraciones de una madre por sus hijos son muy poderosas y al final, el corazón se ablanda. Eso va sumando para que uno recapacite.</p>
<p><strong>¿El hecho de ser católico le ha supuesto alguna traba profesional?</strong></p>
<p>Dificultades siempre va a haber y más si estás haciendo algo bueno, pero es parte de ello. Estamos a prueba en esta vida. Antes de empezar con Metanoia Films, cuando no tenía dinero ni para pagar la renta, sentí una paz absoluta. No somos llamados a ser personas de éxito sino a ser fieles a Dios, ese es el verdadero éxito. Él nos premió con Metanoia Films, pero si mañana me quitaran todo, espero seguir con esa paz.</p>
<p><strong>¿Quién es Cristo para usted?</strong></p>
<p>Mi salvador, mi mejor amigo, mi redentor. La razón de mi existir, de mi vida. Lo más importante.</p>
<p><strong><em>«Bella»</em> es una película con un poderoso mensaje pro-vida. En España está a punto de aprobarse una ampliación de la ley del aborto. ¿Qué le parece?</strong></p>
<p>Es un tema que no tiene nada que ver con la política, sino con la moral. Si todas las madres tuvieran el vientre de cristal, ninguna abortaría. Cuando un Gobierno promueve el aborto, no les está enseñando a las madres a amar, les está enseñando que cualquier acto de violencia es justificable para lo que esa persona quiere. Si un Gobierno no es capaz de defender a los más inocentes de su propio país, que son los bebés no nacidos, ¿a quién piensa defender? El primer defensor de la vida debería ser un presidente y dar la voz a quienes no tienen voz.</p>
<p><strong><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/07-foto-0-portada1.jpg" alt="" width="200" height="250" />Dicen que es un derecho que le deben a las mujeres&#8230;</strong></p>
<p>Pero si el bebé es mujer, ¿dónde está el derecho de esa mujercita? La pregunta que hay que hacer a una persona que va a abortar no es si está lista para ser madre –porque ya lo es–, sino si va a matar a su bebé o no. Si a ellas les dieron la oportunidad de vivir, ¿con qué derecho promueven que le quiten a otros esa posibilidad?</p>
<p><strong>¿Si tuviera que cenar con algún político español para intercambiar impresiones, con quién lo haría?</strong></p>
<p>Me sentaría con todos aquellos que tienen el poder de aprobar esta ampliación de ley. Me encantaría enseñarles el vídeo de <em>«Dura realidad»</em> que ha salvado ya muchas vidas. Todo esto es un sinsentido: al final, se les ocurrirá hacer una ley que diga que si los padres pierden su trabajo y tienen un bebé que aún no puede caminar, que le pongan una una inyección y lo maten. Sólo harían falta 20 congresistas y 6 jueces de la suprema corte para aprobar una ley así. Si en EE UU empezaran de pronto a matar bebés a partir de un año de manera ilegal, entonces ¿habría que legalizarlo para que no fuera ilegal? ¡Es absurdo!</p>
<p><strong>Usted apoyó a McCain, pero ¿Qué virtudes destacaría de Obama?</strong></p>
<p>Es un defensor del aborto. Por muy perfecto que sea en cualquier otra área yo no puedo apoyar a ningún candidato que esté a favor de ello. Declarar la guerra a bebés inocentes es deplorable. Me gustaría sentarme a hablar con él sobre su programa.</p>
<p><strong>¿Qué le pide a 2009?</strong></p>
<p>Que vuelva a reinar la cultura de la vida donde reina la de la muerte.</p>
<p><strong>De Hollywood al cielo</strong></p>
<p>Nacido hace 33 años en un pueblecito del norte de México, EduardoVerástegui se convirtió a los 18 años en el actor latino de moda y dio el salto a Hollywood. Cuando consiguió todo lo que creía que le iba a dar la felicidad, sintió un profundo vacío:<em> «Estaba triste e insatisfecho. Me faltaba algo».</em> Ese algo era Dios, con quien se reencontró y a quien se entregó de forma radical. Vendió todo lo que tenía y con el dinero creó una productora, Metanoia Films, con el único objetivo de crear películas <em>«que no ofendieran a Dios».</em> Su primer filme, <em>«Bella»,</em> un canto a la vida, ganó el Festival de Toronto y ya lleva recaudados 2,1 millones de dólares. En su próximo proyecto, <em>«Venga tu Reino»,</em> una superproducción sobre la vida de Cristo que llega de la mano de los productores de <em>«El Señor de los Anillos»</em>, intepretará el papel de San Pedro.</p>
<p></br></br><br />
<em><strong>Nota:</strong> Esta entrevista fue realizada por C. S. Macías/M. Velasco y publicada originalmente por Religión en Libertad, <a href="http://www.religionenlibertad.com">www.religionenlibertad.com</a>.</em></p>
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		<title>Alegría de Navidad</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Jan 2009 15:37:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La alegría cristiana no aparece como resultado de la fiesta, sino que antecede a la fiesta, es la causa de la fiesta, porque lo que se celebra es que Dios está con nosotros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/10-foto-1-autor.jpg" alt="" width="200" height="283" />“La habilidad no está en organizar una fiesta, sino en traer a personas capaces de poner alegría”</em>. Son palabras de Nietzsche citadas por Benedicto XVI. Haciendo balance del año 2008, el Papa ha vuelto sobre uno de sus temas favoritos: la diferencia y la relación entre la fiesta y la alegría. No es la fiesta la que causa la alegría sino al revés. La verdadera fiesta es manifestación de la alegría.</p>
<p>Esto se comprueba en las fiestas cristianas, de un modo particularmente entrañable en la Navidad.<em> “Cada familia siente el deseo de reunirse, para disfrutar la atmósfera única e irrepetible que esta fiesta es capaz de crear”</em>. Según el Papa, una fiesta es <em>“un acontecimiento en el que todos están, por así decirlo, fuera de sí mismos, más allá de sí mismos, y así consigo mismos y con los demás”.</em></p>
<p>Cabe preguntarse: ¿no es esto una paradoja? ¿Cómo es posible que saliendo de sí mismo alguien se sienta feliz? Podría suceder por una evasión de los problemas de la vida, a veces acuciantes. Así se produciría quizá una alegría como efecto de la fiesta, pero una alegría artificial y efímera. La alegría auténtica no es esa. El <em>“éxtasis” </em>auténtico no puede ser una droga alienante, sino el rechazo del egoísmo, para ir al encuentro de Dios y de los demás. En ese proceso cada uno encuentra lo mejor de sí mismo. Y esto es posible porque estamos hechos en conexión con ellos. Por eso cuando descubrimos y vivimos esa conexión, surge la alegría, que a su vez acrecienta la comunión.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/06-foto-3.jpg" alt="" width="200" height="150" />La alegría cristiana no aparece como resultado de la fiesta, sino que antecede a la fiesta, es la causa de la fiesta, porque lo que se celebra es que Dios está con nosotros: <em>“Él está presente</em> –señala el Papa–<em>, Él entra en medio de nosotros. Se ha abierto el cielo y esto hace luminosa la tierra. Esto es lo que hace alegre y abierta la vida y lo que nos une con una alegría que no es comparable con un festival rock”.</em></p>
<p>Nietzsche tenía razón al decir que la clave no está en la <em>“fiesta”</em> como actividad, sino en la fiesta como manifestación de la alegría de las personas. <em>“La fiesta </em>–observa el Papa– <em>es parte integrante de la alegría. La fiesta se puede organizar, la alegría no. Sólo puede ofrecerse como don”.</em></p>
<p>Es lo que se expresa en los <em>“Belenes”</em> o en los <em>“Nacimientos”</em>, y también en los Iconos orientales de la Navidad. Cada vez que preparamos materialmente esas representaciones o las contemplamos, hacemos no <em>“un juego de niños”,</em> sino un ejercicio de madurez: caer en la cuenta de lo más bello y más grande que jamás ha podido suceder: el acontecimiento maravilloso de un Dios –el único vivo y verdadero– que entró en la vida de los hombres para compartir todo lo nuestro y ofrecernos todo lo suyo. Es también lo que cantan los villancicos.</p>
<p>Los adultos nos acostumbramos a todo y somos capaces de matar la vida. Los niños, en cambio, pueden dar vida a unos tacos de madera. Por más que la tecnología trate de hacer juguetes casi humanos, no alcanzará la capacidad de soñar que tienen los niños. Dios se hizo hombre haciéndose primero, como es normal, niño. Y así comenzó a mostrar claramente su corazón.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/06-foto-0-portada.jpg" alt="" width="200" height="128" />La Navidad trae la alegría, no como un sentimiento superficial y pasajero, sino como un don de Dios. Según San Pablo, la alegría es fruto del Espíritu Santo que nos incorpora a la vida de Cristo. Y para Benedicto XVI, <em>“la alegría es el don en el que todos los demás dones están resumidos. Es la expresión de la felicidad, del estar en armonía consigo mismos, algo que sólo puede derivarse de estar en armonía con Dios y con su creación. Forma parte de la naturaleza de la alegría el irradiarse, tener que comunicarse. El espíritu misionero de la Iglesia no es más que el impulso por comunicar la alegría que se nos ha dado”</em>. Esa alegría que es capaz de convertir en fiesta todos los días de la vida.</p>
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		<title>¿Basta con ser consecuentes?</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2008 03:56:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Si ser consecuentes fuera un valor absoluto, bastaría con que cada uno se inventara la moral que más le acomode… Debemos rechazar la concepción de que ser consecuentes con lo que pensamos equivale a ser buenas personas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/12/04-foto-1-autor1.jpg" alt="" width="200" height="263" />Suele erigirse como un valor fundamental y absoluto el de ser consecuentes con nuestras ideas. En ello se fundamentan la gran mayoría de las críticas que se hacen en contra del Cristianismo. Más aún, muchas personas se han alejado de la Iglesia en razón de que todo el tiempo se encuentran con cristianos inconsecuentes, ya sean curas, laicos e incluso ellos mismos. Sin embargo, creo que en esto la mentalidad contemporánea cae en un error. La importancia de este valor nunca puede ser absoluta, sino que por definición es relativa. ¿Acaso basta con que una persona sea consecuente con sus ideas para poder decir con seguridad que es buena? Por supuesto que no. El criterio determinante a la hora de saber si una persona es buena o mala de ninguna manera puede ser ese. Es cierto que es una característica muy importante de toda persona bondadosa, pero no constituye lo esencial. La razón es muy simple: hay ideas buenas e ideas malas. Por lo tanto, si una persona es consecuente con ideas mediocres e inmorales no tiene ningún mérito.</p>
<p>Es evidente que existen algunas doctrinas morales más difíciles de cumplir que otras. Ser un buen hedonista es muchísimo más fácil que ser un buen cristiano. Ciertamente, cuando se considera un valor el disfrutar al máximo de la vida por medio de la satisfacción de los placeres carnales, ser consecuente es extremadamente sencillo. Basta con dejar que nuestros apetitos más vulgares sigan su curso natural sin ponerles ninguna atadura. En esta misma línea, la ética nietzscheana, que pone la soberbia y el amor a nosotros mismos como un gran valor, facilita enormemente la toma de decisiones, ya que justifica todo nuestro egoísmo frente a las protestas de la conciencia.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/08-marx-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="133" />Conforme a lo anterior, si ser consecuentes fuera un valor absoluto, bastaría con que cada uno se inventara la moral que más le acomode. Así, por ejemplo, alguien podría inventarse una moral que le diera vía libre para dormir cuando quisiera y trabajar lo menos posible. De ser consecuente, no podríamos reprocharle nada. Más aún, habría que considerar su comportamiento como muy digno de elogio. Robar todo cuanto necesitáramos para vivir; andar desnudos por la calle; escupir a las mujeres de ojos verdes; meterse los dedos en la nariz; y todo, absolutamente todo cuanto podamos imaginarnos sería noble y bueno con solo tener como fundamento una doctrina moral.</p>
<p>Ahora bien, lo anterior no debe llevarnos a pensar que la dificultad de llevar a cabo una doctrina moral sea criterio de bondad. Por cierto, el asesinato, la violación, el genocidio no son acciones fáciles de realizar, sobre todo si es primera vez que las llevamos a cabo. No creo que nadie nazca tan profundamente malvado como para cometer por primera vez un asesinato con absoluta naturalidad y sin ningún tipo de remordimiento. Por otro lado, todas las buenas acciones son muy fáciles de realizar cuando nos hemos acostumbrado a ellas. Para quien tiene el hábito de decir siempre la verdad se le hace tremendamente difícil decir una mentira, aun cuando en ello le vaya perder su honor o su trabajo.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/12/04-foto-32.jpg" alt="" width="200" height="144" />Se comprueba, entonces, que tampoco puede establecerse como criterio de bondad el ser consecuentes con una doctrina difícil de cumplir. Como muy bien decía C. S. Lewis, hay hombres mejores que sus principios. Podríamos contar miles de individuos que, a pesar de no creer en la existencia del bien y del mal, han llevado una vida moralmente ejemplar. Gracias a que sus padres les pusieron límites cuando pequeños, tienen enteramente controlados ciertos impulsos que los podrían llevar a cometer grandes ruindades. Ahora bien, como todos sabemos, en estos dos últimos siglos de la historia de la humanidad se han elaborado algunas de las ideologías más monstruosas jamás vistas. ¿Cuánto habríamos dado porque los que creían en ellas no hubiesen sido tan consecuentes? Si Lenin y Stalin hubiesen sido más inconsecuentes –si hubiesen sido mejores que su ideología– no habrían muerto en terribles condiciones más de cien millones de rusos. Si Mao Zedong no hubiese sido tan intransigente con el concepto marxista de la lucha de clases, jamás se hubiese perpetrado esa espantosa aberración contra la humanidad que fue la revolución cultural, evitándose la muerte de miles de personas y la pulverización de casi todo lo que quedaba de la maravillosa cultura del imperio chino. Nunca hubieran desaparecido tres cuartos de la población de Camboya si los buenos sentimientos de Pol Pot le hubiesen ganado la batalla a sus ideas. Alemania no tendría que cargar con la insoportable carga del holocausto, si Hitler no hubiese sido tan consecuente y firme en la aplicación del Nacional Socialismo.</p>
<p>De acuerdo a lo anterior, podemos concluir que solo son buenas aquellas personas que adecuan su comportamiento a los fines de la naturaleza humana, independientemente de que sean o no consecuentes con una doctrina moral. Es muchísima la gente que nunca se ha puesto a reflexionar sobre lo que es el bien y lo que es el mal, lo que no significa que no puedan ser consideradas buenas o malas. Del mismo modo, respecto de aquellas personas que sí tratan de regir su conducta a partir de alguna doctrina moral o religiosa, es evidente que son mejores las que lo hacen en conformidad con aquellas doctrinas que en mayor medida se adaptan a las verdades de la naturaleza humana. Incluso si no son absolutamente consecuentes con dichas doctrinas, eso es mucho mejor a que gobiernen sus actos desde ideas erróneas e inhumanas. En este sentido, es preferible, por ejemplo, un cristiano inconsecuente que un marxista consecuente. El primero está llamado a amar a Dios y al prójimo, el segundo debe estar dispuesto a asesinar a toda su familia si el partido lo considera conveniente. Asimismo, aún cuando nunca haya existido un cristiano enteramente consecuente con sus ideas, esto es mucho mejor a que haya miles de personas que sean consecuentes con ideas desquiciadas y pervertidas, como en su momento lo fue Hitler.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/12/04-foto-0-portada2.jpg" alt="" width="200" height="150" />En definitiva, pienso que hacen muy mal aquellos católicos que reniegan de su religión por el simple hecho de que muchos de sus creyentes no practican lo que dicen. Aún cuando haya quienes de la manera más hipócrita cometan atrocidades en nombre de su fe, carece de sentido que nos alejemos de nuestra religión si esta en sí misma es buena y verdadera. La mejor actitud que podemos tomar frente a esas personas es la siguiente: si aun con sus creencias son mentirosas, envidiosas, murmuradoras, lascivas u holgazanas, ¿cómo serían sin ellas? Consiguientemente, puesto que solo puede conducirnos a un completo relativismo moral, debemos rechazar la concepción de que ser consecuentes con lo que pensamos equivale a ser buenas personas. En este sentido, no debemos tener miedo de seguir conduciéndonos desde los más nobles ideales, aun cuando sea muy difícil llevarlos a la práctica.</p>
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		<title>Dar el tono</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Nov 2008 03:33:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los miembros del gobierno parecieran no poder dar el tono en los asuntos relacionados con la educación de niños y jóvenes, simplemente porque no ven el problema. Y no lo ven, aparentemente, porque miran alrededor de ellos para encontrarlo cuando tendrían que mirarse a sí mismos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/jose-luis-widow.jpg" alt="" width="200" height="253" />“Dar el tono”</em> es algo propio del mundo de la música, en el cual un cantante o, en una orquesta, el primer violinista dan un tono según el cual se alinean todos los demás que vayan a participar en la interpretación colectiva de una pieza musical. El que da el tono pone la medida para todo el resto. La interpretación musical puede ser un éxito o fracasar según esa medida. Todo el resto deberá luego dar el tono en el sentido de que tendrá que seguir fielmente el señalado por el miembro principal.</p>
<p>Tomada desde ese mundo, se usa hoy en el ámbito de casi cualquier actividad colectiva en la que su buen término depende de la buena labor de uno de sus integrantes. Da el tono aquel que haciendo bien su trabajo coopera suficientemente al logro del fin del grupo.</p>
<p>Sin lugar a dudas, igual que en la interpretación colectiva de una obra musical, habrá algunos miembros del conjunto cuyo <em>“tono”</em> es más importante, pues establece la medida para los demás. Los otros, en cambio, deben darlo, más bien, en el sentido de ejecutar de acuerdo a las directrices generales puestas por el principal aquellas acciones que tienden a conseguir el logro común.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/11/01-foto-22.jpg" alt="" width="200" height="156" />Es fácil imaginar una situación en la que uno de los miembros del grupo <em>“no da el tono”</em> perjudicando al resto. Cuando eso ocurre se le insta a que corrija su actividad o simplemente se le reemplaza. Más fácil aun es imaginar una situación en la que el principal no da el tono. Es más difícil de solucionar porque precisamente quien debiera preocuparse de corregir cuando hay fallos es el que falla. Como además su papel es poner una medida al trabajo que realizan los demás, el conjunto total funciona mal. Cada uno anda por su lado.</p>
<p>El logro de sus fines por cualquier grupo humano depende, en definitiva, de que todos sus miembros <em>“den el tono”</em> y muy especialmente el principal, aquel que pone la medida a los demás.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/11/01-foto-32.jpg" alt="" width="200" height="255" />¿Está dando el tono el gobierno? Me parece que el gobierno de Bachelet, ahora que ya termina (en realidad le falta más de un año, pero la sensación de todos es que está de salida) se ha destacado, primero, por la incapacidad de tomar decisiones, aun sabiendo que son buenas. A veces es por no contrariar al izquierdismo más panfletario y duro (piénsese, por ejemplo, en la ausencia de Bachelet en el homenaje a Jaime Guzmán o en el descarte de introducir cambios significativos en la legislación laboral); otras veces es para no dar marcha atrás en decisiones erradas previas (Transantiago); otras, simplemente porque no se tiene idea qué hacer (sistema TV). Ya se sabía de la indecisión de Bachelet desde sus tiempos de ministra de salud y defensa, pero marcó en las encuestas… La segunda cosa por la que se ha destacado este gobierno, junto con los demás de la concertación, es en educación. En este terreno francamente no se ha dado el tono, sea por pecados de omisión sea por pecados de comisión. El gobierno de Bachelet partió con la rebelión de los pingüinos, a propósito de la cual se prometieron cambios definitivos en educación para desempantanar de una vez la formación de las nuevas generaciones. Sin embargo, de lo que era necesario hacer no se ha hecho nada. Absolutamente nada. Sí se han hecho cosas que era necesario no hacer. De nada servirá cambiar las leyes y crear gigantescas comisiones si es que no se inyectan más recursos para que el profesor pueda desarrollar mejor su clase. Eso significa mejores salarios, más y mejores libros, más becas para los que se preparan en las universidades para ser profesores, mayor acceso de los profesores a estudios de perfeccionamiento que tengan que ver más con las materias que enseñan y menos con técnicas educativas desconectadas de la labor diaria que deben realizar, mejor infraestructura, mayores subsidios a la demanda, término de la inamovibilidad laboral de los profesores, mayor apoyo a la autoridad del profesor, vuelta a la exigencia de disciplina a los alumnos, partiendo por su presentación personal. Es aquí donde definitivamente el gobierno no ha dado el tono. Pareciera que no es capaz de darse cuenta que la educación de los niños y jóvenes no es una mera cuestión de administración educacional, sino un proceso en el cual el niño debe ir haciéndose señor de sí mismo a través del cultivo de virtudes y, al mismo tiempo, debe ir despertando su inteligencia de manera de llegar a interesarse por entender toda la realidad, que es lo propio del hombre culto. Así, ese niño o joven podrá entusiasmarse tanto con la lectura de una buena novela, de un episodio histórico o de un problema ético como con partido de fútbol o una fiesta de fin de semana. O, si todavía le gusta más el fútbol o la fiesta, se tratará de que al menos su vida no sea monofocal, en el sentido de que apunte solo a la diversión fácil e inmediata.</p>
<p>El problema es que el los miembros del gobierno parecieran no poder dar el tono en estos asuntos simplemente porque no ven el problema. Y no lo ven, aparentemente, porque miran alrededor de ellos para encontrarlo cuando tendrían que mirarse a sí mismos. Son tantos los que hoy gobiernan que, al menos según lo que se ve exteriormente, llevan una vida mediocre en el sentido moral. Familias deshechas, hijos cuasi abandonados (con muy poca de la imprescindible presencia de alguno de sus padres), una concupiscencia por el poder desatada, y a veces la sexual también, egoísmo e ideologismo a la hora de tomar decisiones, de proponer y votar leyes, etc.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/11/01-foto-portada2.jpg" alt="" width="200" height="277" />El hombre moral es el que tiene la fuerza de voluntad para gobernar su vida según aquello que es bueno. El hombre desmoralizado es el que carece de dicha fuerza y es arrastrado fácilmente por los vientos, a veces tormentosos, que siempre están presentes en la vida humana. El desmoralizado está imposibilitado de dar el tono en la sociedad para que la vida en común sea el primer factor que empuje a la autoexigencia, que es el único camino por el que se pueden lograr cosas que valgan la pena. El tono moral de la sociedad, hoy día, es simplemente una vergüenza. El hedonismo, la frivolidad, el pansexualismo invade los ambientes y los espíritus haciéndolos incapaces de abordar empresas que signifiquen esfuerzos. Todo eso suele ser disfrazado de libertad, de progresismo, de indudable señal de modernidad. Pero no es más que liviandad y mediocridad.</p>
<p>Evidentemente que las personas que desde el gobierno han cooperado en esta interpretación desentonada de lo que debe ser la vida social no están capacitados para ver ni para implementar soluciones en la educación de las nuevas generaciones. Es que no saben lo que es la educación ni menos educar.</p>
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		<title>Vivir la Palabra</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Oct 2008 19:02:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Quien escucha la Palabra de Dios y la vive, nota que no le cabe dentro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/10-foto-1-autor.jpg" alt="" width="200" height="283" />Quien escucha la Palabra de Dios y la vive, nota que no le cabe dentro. A pesar de las dificultades actuales –ha dicho este domingo 5 de octubre Benedicto XVI en la homilía inaugural del Sínodo–, siempre habrá <em>“labradores”</em> de la viña de Dios (ojalá estemos entre ellos), que respondan generosamente. Para eso, hay que conocer y vivir la Palabra, y anunciarla con esperanza, alegría y sin componendas, con inteligencia y corazón.</p>
<p>Sobre esto trata el documento de trabajo del Sínodo. El texto se divide en tres partes. Cada una de ellas responde al título del Sínodo mismo: la Palabra de Dios (1) en la vida (2) y en la misión de la Iglesia (3).</p>
<p>En primer lugar,<em><strong> la Palabra de Dios</strong></em>. Se comunica a los hombres sobre todo en Jesús de Nazaret, Palabra eterna de Dios hecha carne y vida humana. Ya antes, Dios crea las cosas por su palabra y su amor; especialmente a las personas, con la capacidad para entrar en diálogo con Él y entre sí. Además, Dios deja su Palabra en las Escrituras, que son por ello palabra viva y actual. Y hoy, por la acción del Espíritu Santo, la misma Palabra de Dios se hace también vida en el anuncio de la fe, el culto y la vida cristiana.</p>
<p>Es cierto que no faltan <em>“lecturas”</em> inadecuadas de la Palabra de Dios (fundamentalistas, ideologizadas, subjetivistas, faltas de sentido espiritual, etc.). Pero de por sí, esa Palabra sigue siendo eficaz cuando se la escucha con serena confianza, sobre todo en la oración. <em>“Quien escucha</em> –dice el documento– <em>busca en sí mismo un espacio para que el otro pueda habitar en él; aquél que escucha se abre con confianza al otro que habla”</em>. En efecto, y en este caso el <em>“otro”</em> es nada menos que Dios. Nos comunica la verdad de su amor, con el fin de que nuestra vida se convierta, para otros, en <em>“palabra”</em> y de esa misma verdad. Por eso dice San Ambrosio que todo cristiano que cree, concibe y genera el Verbo de Dios. Y de esta manera, la Palabra de Dios es al mismo tiempo comunicación de verdad, estímulo para la conversión, guía para saborear la realidad, impulso para hacerla vida, fuente de consuelo y esperanza. ¿Cómo escuchamos esa Palabra? ¿Comenzamos por meditar asiduamente los Evangelios? ¿Hacemos nuestras las lecturas que escuchamos en la Misa?</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/08-foto-21.jpg" alt="" width="200" height="336" />En segundo lugar, la Palabra de Dios es –debe ser cada vez más– <em><strong>vida para los cristianos</strong></em>. Es alimento esencial de la predicación y la catequesis. Se hace vida para nosotros por medio de la Eucaristía y al mismo tiempo pide que ese pan de vida <em>“se transforme también en pan material, es decir, conduzca a ayudar a los pobres y a los que sufren”</em>.</p>
<p>La Palabra se hace vida a condición de que se la escuche y contemple: <em>“Este mundo exige personalidades contemplativas, atentas, críticas y valientes”</em>, capaces de vencer la rutina y el aburguesamiento. <em>“El Evangelio –en términos de Benedicto XVI– es una comunicación que comporta hechos y cambia la vida”</em>. La Palabra cambia la vida desde el corazón. Lleva a combatir las palabras falsas, los pensamientos egoistas, las conductas hostiles.</p>
<p>Tercero y último, la Palabra de Dios <em><strong>impulsa a la misión</strong></em>. Quien la escucha y la vive, nota que no le cabe dentro. Por encima de los obstáculos para proclamar y testimoniar hoy esta Palabra (el relativismo y el secularismo, la falta de conocimientos, etc.), brilla su potencia como fuente de conversión y de justicia, de esperanza, de fraternidad y de paz. De modo que San Agustin puede decir: <em>“Quien cree haber comprendido las Escrituras… sin empeñarse en construir, con el entendimiento de las mismas, este doble amor a Dios y al prójimo, demuestra no haberlas aún comprendido”</em>. Los fieles laicos, precisamente por su fidelidad a la Palabra, están <em>“llamados a hacer que resplandezca la novedad y la fuerza del Evangelio en su vida cotidiana, familiar y social”.</em></p>
<p>La Palabra de Dios es, ante todo, una gracia. Una gracia que, según el Papa, no envejece ni se agota; que es capaz de superar nuestra sordera para escuchar aquello que no coincide con nuestros prejuicios y nuestra opiniones. Por eso es fuente de espiritualidad, diálogo y cultura.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/08-foto-portada1.jpg" alt="" width="200" height="160" />Poco antes del final se cita a San Máximo el Confesor:<em> “Las palabras de Dios, si son simplemente pronunciadas, no son escuchadas, porque no tienen como voz la praxis</em> –la vida– <em>de aquellos que las dicen. Si, por el contrario, son pronunciadas junto con la práctica de los mandamientos, entonces tienen el poder, con esta voz, de hacer desaparecer los demonios y de impulsar a los hombres a edificar el templo divino del corazón con el progreso en las obras de justicia”.</em> Nuestra conducta se hace, cada día, voz y vida de la Palabra.</p>
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		<title>Eutanasia: Licencia para matar</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2008 15:59:23 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El remedio de una enfermedad no es matar al enfermo. Ni siquiera porque él lo pida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/08-foto-1.jpg" alt="" width="200" height="147" />Publicamos el artículo que ha escrito el profesor Ramón Lucas Lucas, L.C., catedrático de bioética en la Universidad Europea de Roma y miembro fundador del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Colombia, ante el proyecto de ley para la introducción de la eutanasia en Colombia.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>La legalización de la eutanasia que la Primera Comisión del Senado aprobó el 16 de septiembre en el <em>“Proyecto de Ley estatutaria 44 de 2008 Senado”</em> por el cual se reglamentan las prácticas de la Eutanasia y la Asistencia al suicidio en Colombia, el servicio de cuidados paliativos y se dictan otras disposiciones, es un asesinato legal y una contradicción jurídica: busca eliminar <em>“viejos inútiles”</em>, enfermos terminales y, en determinados casos, apropiarse de sus bienes. Aunque se enmascare con palabras bonitas: <em>“muerte digna”, “muerte dulce”, “no sufrir”, “respeto de la dignidad”,</em> es un verdadero crimen. No hay ninguna duda en el ámbito científico, moral, político ni religioso sobre el hecho de que cuando la medicina no puede proporcionar la curación, lo que tiene que hacer es aliviar el sufrimiento y el dolor de los pacientes, no suprimirlos. El remedio de una enfermedad no es matar al enfermo. Ni siquiera porque él lo pida.</p>
<p>El enfermo no desea la muerte, lo que desea es dejar de sufrir. Por eso se le pueden y se le deben administrar toda clase de paliativos del dolor. Incluso los que pueden indirectamente acelerarle la muerte, pero sin intención de matarle, como son aquellos que su acción primaria es analgésica, y el efecto secundario no querido, es el acelerar la muerte; en cambio, la eliminación voluntaria y directa del enfermo es eutanasia. Lo que sí es lícito, y además un deber ético y social, es evitar el encarnizamiento terapéutico, que se define como el uso de medios desproporcionados y ya inútiles para el enfermo. Es decir se pueden retirar o no dar al enfermo todos esos medios a él ya desproporcionados, inútiles y que prolongan su agonía más que ofrecerle elementos de mejora. Lo que nunca se puede hacer, por respeto a su dignidad de persona, es negarle o privarlo de los medios a él proporcionados según la situación y según el nivel sanitario del país en ese momento.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/08-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="156" />La eutanasia es un atentado mortal a la dignidad de la persona humana sobre la que se funda el Estado colombiano según lo expresa el pacto constitucional. Es siempre un crimen, también cuando se practica con fines piadosos y a solicitud del paciente. La principal expresión del respeto de la dignidad de la persona, no es sólo el respeto de su autonomía (la decisión hecha por ella) sino el respeto del bien objetivo contenido en dicha decisión, o el evitar el mal objetivo contenido en la decisión. Para que esta decisión sea auténtica y digna de ser respetada por el médico y la sociedad, es necesario que no contradiga el bien primario del enfermo que es la vida. Eliminada la vida se pierden todos los valores. La libertad está intrínsecamente unidad a la verdad, y no hay autentica libertad fuera de la verdad. Disociarlas es poner las premisas de comportamientos arbitrarios e inicuos. Por eso la eutanasia propuesta por el proyecto de ley de la Primera Comisión del Senado es la supresión de un ser humano, la eliminación del primer valor que tenemos: la vida, la violación del fundamental principio constitucional de nuestro país: la dignidad de la persona humana. Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente sea anciano, enfermo incurable o agonizante. Ninguna autoridad puede imponerlo o permitirlo. Se trata de una violación a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad. Los derechos fundamentales no se consensúan, ni se conquistan: se tienen y se defienden. La vida es un don y, si se quiere, el derecho fundamental, que jamás puede estar sujeto a el consenso de una mayoría parlamentaria. Un Estado democrático y social tiene el deber de proteger a los más pobres e indigentes, como son los discapacitados, los ancianos o los enfermos terminales. Cuando el Estado, en vez de proteger a los más débiles, da cobertura legal a su muerte, se transforma automáticamente en un Estado totalitario, los fundamentos de la convivencia se quiebran y surge una sociedad de la muerte, una auténtica <em>“tanatocracia”</em>.</p>
<p>También cuando se practica por sentimiento de piedad, la eutanasia es viola la dignidad de la persona humana. Monstruosa aparece la figura de un amor que mata, de una compasión que elimina a quien sufre, de una filantropía que se entiende como liberación de la vida de otro porque se ha convertido en un peso, de una compasión selectiva y eugenésica que no cura, sino que discrimina. El amor verdadero es siempre presencia, cercanía, apoyo; no es supresión, huida.</p>
<p>La legalización de la eutanasia en Holanda ha creado un fuerte problema social porque se ha perdido la confianza en los hospitales y ha motivado que los ancianos no quieren ir al hospital ante el temor de que se les administre una inyección letal. Por eso se ha fundado una organización, la NPV, que tiene cerca de cien mil afiliados que llevan una tarjeta donde dice que el portador no quiere ser ingresado en un hospital.</p>
<p>El<em> “Proyecto de ley estatutaria” </em>del Senado de Colombia ampararía muchas otras barbaridades, no sólo éticas, sino económicas y sociales: por ejemplo, se podría comprar un coche con el dinero del seguro del enfermo al que se ha eutanasiado. Detrás del “para que no sufra” puede esconderse el <em>“porque para mí es molesto; me da compasión; me lo quiero quitar de encima”</em>. Se daría también el caso de otros enfermos desesperados, porque aunque se ha hecho por ellos todo lo que es razonable hacer, piensan que se les aplica la eutanasia. Además empujaría a las políticas sociales hacia posturas extremas que violentan la conciencia de muchos colombianos. La objeción de conciencia por parte de los médicos puede quedar así borrada de la normativa vigente a la hora de tomar la decisión sobre el final de la vida. El <em>“Proyecto de ley estatutaria”</em> no prevé dicha objeción de conciencia y los médicos se verían penados si no se atienen a los mandatos gubernamentales.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/08-foto-portada.jpg" alt="" width="200" height="182" />La muerte digna no es matar al enfermo sino ayudarle en ese momento. Los enfermos necesitan verse bien tratados, estimados, acompañados. Nunca he visto un paciente, en situación terminal, que no se agarre a la vida con todas sus ganas. Sus ojos no me han mirado nunca con desdén hacia el trabajo terapéutico y de acompañamiento. El enfermo necesita, además y sobre todo con motivación en su dolor. La aceptación del dolor es una actitud madura frente a una enfermedad que no se puede superar, o a una muerte que viene inexorablemente al encuentro. También quien sufre de este modo puede realizarse a sí mismo y vivir la propia dignidad de persona. Los sacrificios motivados se hacen con gusto. Donde se ama no se sufre y si se sufre se ama el sufrimiento que el amor procura. Por eso la Conferencia Episcopal Española redactó un <em>“modelo de testamento vital”</em> que, entre otras cosas, dice: <em>“El que suscribe pide que no se le practique la eutanasia activa, ni se le prolongue irracionalmente el momento de morir, sino que en caso de muerte desea la compañía de sus seres queridos”</em>.</p>
<p>Llamar muerte digna a la eutanasia es como llamar belleza a la fealdad, día a la noche, agua al fuego. Los fautores de esta tergiversación no buscan precisión, sino hacer presentable algo que en sí es inconfesable, es decir, lograr que la sociedad acepte una práctica que definida con precisión sería abiertamente rechazada desde un mínimo sentido ético de la vida. Muchos de los que contemplan con indiferencia las propuestas legislativas sobre la eutanasia quizás crean que se trata de una muerte digna y por eso se apuntan o no se oponen a tal dignidad. Si se acercaran a lo que realmente es, se horrorizarían, porque la eutanasia no consiste en una muerte placentera, sino en la eliminación de una persona, y en muchos casos de un ser querido. La eutanasia requiere de la intervención del médico o de otra persona. Que se haga por piedad o para evitar el sufrimiento no cambia la substancia del acto:<strong> truncar una vida</strong>. Llamar muerte digna a la eutanasia es un engaño. No puede haber dignidad en la eliminación de una vida humana. Lo digno es la vida, el amor, la acogida, el sostén. La eliminación, el rechazo, el abandono, no es dignidad, sino egoísmo enmascarado.</p>
<p><em><strong>Nota:</strong> Este artículo fue publicado originalmente en <a href="http://www.zenit.org/">zenit.org</a>.</em></p>
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		<title>40 años de la Encíclica Humanae Vitae</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Sep 2008 18:38:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La Iglesia siempre ha estado muy atenta al progreso humano, pero de aquel que le permita a la persona cumplir con su fin y así alcanzar su salvación eterna.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/06-humanae-vitae-foto-1-au.jpg" alt="" width="200" height="218" />Hace cuarenta años, en 1968, S.S. Paulo VI, en su Carta Encíclica Humanae Vitae, escribió y enseñó para la Iglesia y el mundo la doctrina católica acerca del uso de la sexualidad humana en función tanto del bien de las personas, como del bien de sus hijos, y del bien de toda la humanidad. Durante los meses precedentes el mundo había sido sacudido por el descubrimiento de un compuesto químico que bloqueaba la ovulación femenina y que, por ende, hacía infecunda la relación sexual sin importar el período en el cual ella se produjera. Esta sustancia, comprimida en una píldora -denominada, desde entonces, <em>“la píldora”</em>-, fue prontamente objeto de una masiva comercialización y de un creciente consumo. En apariencias, permitía asumir la sexualidad exclusivamente como fuente de placer o de comunicación interpersonal hasta un punto que nadie antes había podido imaginar. Apoyados en ella, las parejas evitaban las discusiones en torno a si cabía o no sostener una relación sexual en atención precisamente al riesgo que significaba traer al mundo un nuevo habitante que podía venir enfermo, que podía ser difícil de mantener y educar, o que simplemente era no deseado.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/06-humanae-vitae-foto-port.jpg" alt="" width="200" height="150" />La Iglesia siempre ha estado muy atenta al progreso humano, pero de aquel que le permita a la persona cumplir con su fin y así alcanzar su salvación eterna. Por eso, a la Iglesia, barca de salvación, no le es indiferente cuál sea la conducta que mantengamos en esta vida. En esto no hay misterio: para la Iglesia, la conducta debida es aquella que se conforma con los rasgos propios de nuestra naturaleza y que tiende a la perfección de ésta. La religiosidad no impone obligaciones estrafalarias o puramente externas. Exige de sus miembros que lleven una conducta acorde con su propio ser, de manera que así la obra de Dios, la creación, llegue a su máximo esplendor. Por eso, S.S. Paulo VI insistió en la doctrina tradicional: la sexualidad humana está naturalmente ordenada a la procreación de nuevas vidas humanas, y no de cualquier manera, sino a través del uso del matrimonio, esto es, la unión de por vida, indisoluble, entre un hombre y una mujer destinada precisamente a procrear, a vivir juntos y a auxiliarse mutuamente. El amor humano entre un hombre y una mujer es verdaderamente tal en la medida en que se sustenta en un compromiso de entrega total del uno al otro y que, por su propia índole, no puede ser sino por toda la vida, hasta que la muerte los separe. Y que, entonces, se proyecte en la creación de nuevas vidas humanas; que sea, pues, plenamente fecundo. El uso de la sexualidad expresa ese amor, pero no puede ser disociado de su apertura a nuevas vidas. De lo contrario, se transforma en un instrumento de placer puramente material que de a poco va encerrando a cada persona en una cápsula de egoísmo que no sólo la aparta del otro con quien mantiene esa relación, sino que va transformando a ambos en auténticos y mutuos enemigos. Es lo que, de hecho, ha sucedido y que se expresa en el enorme aumento que han tenido los delitos provocados por la mal llamada <em>“violencia intrafamiliar”</em>, porque sólo con dificultad puede ser llamado familia el lugar donde éstos se cometen.</p>
<p>Hoy, más que nunca, podemos apreciar la verdad y hermosura de las enseñanzas de esta Encíclica. No es fácil, a veces, seguir el camino que nuestra naturaleza nos muestra como el mejor; pero es el único para ser personas de manera plena.</p>
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		<title>Tres grandes obstáculos para una cultura del esfuerzo</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Aug 2008 17:18:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El paternalismo, los modelos fáciles que proyecta la televisión y un falso mito de igualdad hacen difícil animar a padres e hijos a esforzarse.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/04-foto-1-conferencista.jpg" alt="Víctor Ruíz " width="200" height="251" />Educar en valores no es tarea fácil dados los tiempos que corren. Transmitir a nuestros hijos, por ejemplo, la idea de <strong>que el esfuerzo es necesario para su formación integral</strong>, para construir su personalidad, se estrella en demasiadas ocasiones con el modelo de sociedad que proyectan los medios de comunicación -especialmente la televisión- y fomentan incluso las administraciones.</p>
<p>Se trata de un modelo basado en <strong>no renunciar a nada, vivir sin complicarse la vida y esquivar el esfuerzo</strong>, que es la mejor forma de medir la felicidad en términos de placer inmediato, aunque lleve aparejados la pereza, el egoísmo y, a la larga, el fracaso.</p>
<p>¿Cómo ejercer entonces una pedagogía del esfuerzo cuando los valores fundamentales para la formación de nuestros hijos son devaluados por aquéllos que deberían promoverlos? La respuesta no es fácil y requiere de buenas dosis de voluntad y paciencia.</p>
<p>Por otra parte, cuando los pequeños se esfuerzan en realizar una actividad concreta y fracasan en el intento, con demasiada frecuencia <strong>los padres tendemos a solucionar el problema </strong>al que se enfrentan, en lugar de animarles a que sigan intentándolo.</p>
<p><strong>Aprender sin esfuerzo, una quimera</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/04-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="299" />Sin embargo, el esfuerzo es un elemento básico en el proceso de educación de los jóvenes. <strong>Aprender sin esfuerzo es, sencillamente, una quimera</strong>. ¿Cómo abordará el niño con éxito su próximo desafío sin haber superado por él mismo el anterior? Sólo con esfuerzo y una cierta renuncia a los ‘cantos de sirena’ se puede lograr un objetivo medianamente serio en la vida.<br />
Todo esto lo sabe bien Francesc Torralba i Roselló, profesor catedrático de Filosofía de la Universidad Ramon Llull y miembro colaborador del Instituto Borja de Bioética, quien, además de sus actividades académicas, ofrece conferencias en centros escolares sobre la importancia de la <strong>cultura del esfuerzo</strong>.<br />
El pasado 24 de enero, en la <strong><em>Escola Grèvol</em></strong>, centro escolar concertado del <em>Front Marítim </em>(Poblenou, Barcelona), Torralba subrayó en una de esas conferencias que “<strong>los frutos que se derivan de una pedagogía del esfuerzo son frutos profundos</strong>”.<br />
Sin embargo, advirtió el profesor de Filosofía y padre de familia numerosa, para educar a los hijos en una cultura del esfuerzo, lo que él denomina como un “<strong>impulso continuado a lo largo del tiempo</strong>”, se han de superar tres grandes obstáculos.<br />
Cabe recordar aquí que la <em>Escola Grèvol</em> es pionera en Europa en impartir la asignatura<strong> ‘Emprendedores’</strong>, a través de la cual los alumnos, mediante esfuerzo y buenas dosis de imaginación, realizan un viaje iniciático al para ellos aún complejo lenguaje de la economía, los negocios, la política y la expresión en público en inglés. Se organizan en grupos, con lo que se potencia el trabajo en equipo y pueden ver plasmados en proyectos que llevan a la práctica el resultado de sus esfuerzos.</p>
<p><strong>“Ya te lo haré yo”</strong></p>
<p>El primero de esos obstáculos, considera Torralba, “<strong>es el paternalismo, el ‘ya te lo haré yo’ </strong>que los padres solemos exclamar cuando nos domina la impaciencia por resolver una situación que es el hijo quien ha de resolver [...]. Antes que pasar por ver cómo nuestro hijo se hace un lío para cocinar una simple tortilla preferimos hacérsela nosotros”.<br />
Ese paternalismo entra en una evidente contradicción: “queremos que se esfuercen, pero les resolvemos los problemas. Vemos que se esfuerzan y no consiguen su objetivo, así que se lo hacemos nosotros”, añade.<br />
Torralba, autor de libros como <em>El arte de saber escuchar; ¿Otro mundo es posible? Educar después del 11 de septiembre; o Padres e hijos, la aventura de encontrarse hoy</em>, asegura que, mientras tanto, el adolescente es consciente de que “alguien me lo hace siempre”.</p>
<p><strong>“La cara luminosa, no el Gólgota”</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/_04_foto_extra.jpg" alt="" width="200" height="132" />El segundo obstáculo, dice Torralba, son los<strong> modelos que niños y adolescentes ven proyectados en la tele</strong>, o sea, “jóvenes que lo consiguen todo, mientras sus padres son, en muchas ocasiones, unas personas más o menos grises que se matan para pagar una hipoteca”.<br />
“Ven el modelo, como un Fernando Alonso, pero no ven todo el esfuerzo que cuesta llegar a ello. Y es que, culturalmente, <strong>los medios muestran la cara luminosa, pero no el ‘Gólgota’</strong>, el tremendo esfuerzo que hay detrás de ese triunfo”, advierte el catedrático.</p>
<p><strong>Un mito ingenuo</strong></p>
<p>Para este experto en educación, el tercer obstáculo se encuentra en el mito según el cual <strong>“todo el mundo puede hacerlo todo si se esfuerza”</strong>. Torralba considera que <strong>“ésta es una idea ingenua”</strong>.<br />
<strong> “Tú, hijo, algunas cosas y con dificultad”</strong>. “Salvo excepciones, esa es la realidad cotidiana”, y no ese <strong>“falso mito de igualdad”</strong>, plantea el profesor de filosofía.<br />
Sin embargo, no se trata de proyectar en nuestros hijos nuestras propias frustraciones, sino que Torralba cree que el mensaje para ese hijo debe incidir más en que “<strong>todo no, pero tienes tus propias capacidades</strong> y eso puede hacer que llegues a realizarte consiguiendo aquello para lo que estás capacitado”. Para ello, es necesario “<strong>observar atentamente cuáles son sus potencias</strong> y aconsejarles desarrollar aquello para lo que valen”.<br />
“¿Cómo vencer estos tres obstáculos?”, se pregunta Torralba, quien sugiere algunas estrategias para hacerles frente.<br />
“Es importante intentar inculcarle la <strong>motivación o ‘impulso’</strong>, porque si puede hacerlo sin esforzarse, mejor para él”; pero “no son buenas las amenazas del tipo: ‘si no lees&#8230;’; es una vía negativa. Al final, acaba por odiarse la lectura”, advierte.</p>
<p><strong>Pedagogía de la contrariedad</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/_04_foto_4.jpg" alt="" width="200" height="133" />Pero, entonces, “¿qué tipo de motivación podemos dar? Pues la vía más pragmática, o sea <strong>hacerle ver que ese esfuerzo tendrá sentido en su vida</strong>, en su formación. El esfuerzo es básico para poder desarrollarse”.<br />
Otra buena estrategia es “<strong>mostrarle los beneficios del esfuerzo con ejemplos cercanos</strong>, que conozcan o que admiren, siempre insistiendo en que a esos triunfadores no les han regalado nada, que <strong>detrás de lo ‘luminoso’ hay siempre un gran esfuerzo</strong>”, insiste.<br />
Y es muy importante practicar la “<strong>pedagogía de la contrariedad</strong>”. Que el niño o adolescente se encuentre con contrariedades que le estimulen a esforzarse.<br />
“<strong>Confrontar las contrariedades en el proceso de aprendizaje le ayudará a salir adelante</strong>. Si no se esfuerza en solucionarlas nadie lo hará por él y esa es la realidad que hay fuera del ‘nido’. Si no encuentra obstáculos en el camino no aprenderá nunca a superarlos”, asegura el catedrático.<br />
Torralba recurre al ejemplo de la bicicleta: “Cuando son pequeñitos, primero van en triciclo y luego pasan a la bicicleta con dos ruedas pequeñas de soporte. Pero, será necesario que los padres se dejen los riñones aguantando el sillín mientras corren detrás de la bici y que ellos se despellejen las rodillas de vez en cuando para que aprendan a ir a dos ruedas”.<br />
Y recuerda asimismo la anécdota de aquella señora que se dirigió a una violinista con estas palabras: “<strong>Daría la vida por tocar como usted</strong>”. La violinista contestó diciendo: “<strong>¡Qué cree que he hecho yo!</strong>”.<br />
Pero, “cuando hablamos de contrariedades, ¿a qué nos estamos refiriendo? Pues por ejemplo a algo tan simple como hacer los bocadillos. Si nunca se pone porque ‘lo hace mal’, si no empieza por lo relativamente simple, difícilmente podrá superar cuestiones u obstáculos más complejos”, aclara Torralba.<br />
Al mismo tiempo, llegará a situaciones como la que ha fomentado el Ministerio de Educación al permitir que los alumnos de Bachillerato puedan pasar con cuatro materias suspendidas: “<strong>He pasado, soy universitario</strong>, se dirá más tarde, orgulloso de sí mismo. Pero, eso sí, <strong>no sabrá escribir correctamente</strong>”, constata el experto.</p>
<p><strong>“Frutos profundos”</strong></p>
<p>Por el contrario, “cuando detrás del ingreso en la universidad hay un esfuerzo, cuando se ha sudado tinta para superar todos los obstáculos que han conducido al alumno hasta ahí, <strong>los frutos que se derivan de esa pedagogía del esfuerzo son frutos profundos</strong>”, asegura Torralba.<br />
Así, cada vez que ese joven se encuentre con alguna contrariedad, la asumirá e intentará de nuevo resolver el problema al que se enfrenta.<br />
El resultado de la cultura del esfuerzo forja también la personalidad del adolescente y “<strong>le dota del valor de la prudencia</strong>, de manera que aprende también <strong>a decir ‘no’ ante situaciones ‘peligrosas’</strong>, como la ingesta de alcohol o drogas. Saber decir ‘no’ cuando es conveniente es algo mucho más fácil para un joven si se ha formado en una pedagogía del esfuerzo.<br />
Torralba nos recuerda también la hipercompetitividad que existe actualmente en todos los campos. “<strong>Es inmisericorde, no tiene entrañas</strong>”. “Acabar los estudios como ‘pardillos’ y enfrentarse a la ‘jungla’ que hay fuera no es cosa sencilla.[...] Sabiendo desarrollar la cultura del esfuerzo convenientemente esa prueba de fuego se supera con más facilidad, afirma.</p>
<p><strong>“Educar, cosa de padres”</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/04-foto-3.jpg" alt="" width="200" height="174" />Por otra parte, “el trabajo de educar es, esencialmente, un trabajo que corresponde al padre y a la madre. Actualmente, aún reconociendo la dificultad que conlleva conciliar la vida laboral y familiar, “<strong>hay una cierta tendencia a la dejadez y a delegar</strong> muchas veces esa tarea a la escuela: <strong>‘Pago, ahí os lo dejo’</strong>”.<br />
No me cansaré nunca de recordarlo:<strong> “el primer responsable de la educación de los hijos son los propios padres”</strong>, insiste.<br />
Torralba advierte al mismo tiempo de que no hay una relación directa entre el esfuerzo y los resultados, de manera que suele ocurrir que lo que funcionó bien en nuestro primer hijo no da el mismo resultado en el segundo.<br />
Es tarea de los padres el “<strong>hacerles ver el enorme ‘capital’ que tienen dentro</strong> en potencia, a través de su recorrido vital”.<br />
Los hijos tienen que asumir sus propias responsabilidades. Deben aprender a preguntarse ¿por qué fracaso reiteradamente en esto? No se puede recurrir siempre a echar la culpa a los demás. Es mejor hacerles ver que “<strong>el fracaso tiene un enorme valor pedagógico</strong>, que forma parte de la condición humana para aprender”, dice el experto.<br />
Para concluir, Torralba asegura que “<strong>el resultado del esfuerzo da ‘felicidad’, que no es lo mismo que placer</strong>. Es difícil encontrar a alguien que, tras un enorme esfuerzo y sacrificio culminado con éxito, no haya experimentado esa felicidad. Y os animo a transmitirles eso a vuestros hijos”.<br />
“Además, <strong>el estado subjetivo de felicidad que se deriva del esfuerzo da impulso para realizar un nuevo esfuerzo</strong> ante un nuevo reto” recalca.</p>
<p><em><strong>(*) Publicado en Forum Libertas: <a href="http://www.forumlibertas.com">www.forumlibertas.com</a></strong></em></p>
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		<title>¿Para qué vivir? La enseñanza de Arturo Prat</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 18:50:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Él entregó su vida –fue al encuentro solemne con la muerte–, por esos bienes que llevaba consigo, amados sin mancha de egoísmo y simbolizados en esos objetos que portaba: Dios, patria y familia. El sabía que esos bienes eran, a fin de cuentas, los únicos por los que valía la pena vivir y, por eso mismo, los únicos por los que valía la pena morir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-57" title="José Luis Widow" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/jose-luis-widow.jpg" alt="José Luis Widow" width="200" height="253" /></p>
<p>Cuando el vigía de la Esmeralda alertó sobre la presencia de buques que entraban en la bahía gritando “¡humos al norte!”, que pocos minutos más tarde serían identificados como los dos más poderosos acorazados de la Armada del Perú, Arturo Prat tuvo tiempo para hacer almorzar a la tripulación y para sopesar en detalle la situación en la que se encontraba.<br />
La situación estrictamente militar era clarísima. Él, junto con Carlos Condell, comandaban los buques más débiles de la fuerza naval chilena, por lo que, si la lucha se basaba en las capacidades técnicas, poco y nada podían hacer frente a la potencia de los navíos del país del norte. La única alternativa que, aunque lejana, tenía alguna posibilidad de éxito era aquella que él mismo, sin pensar quizá que se concretaría, había mencionado al Almirante Williams cuando este partió a encontrar la escuadra enemiga: abordar el Huáscar. Sin embargo, esta alternativa, aunque la única que abría la posibilidad de hacer algún daño al enemigo, implicaba, casi con seguridad, su propia muerte. “Mientras yo viva… y si yo muero”, dijo a su tripulación en la arenga que pasara a la eternidad, adelantando esa posibilidad que él veía como de concreción muy segura.<br />
La decisión de enfrentar al Huáscar y no rendir la Esmeralda primero, y de abordarlo, después, aunque se explica, por supuesto, por el honor militar y el apego al deber de Prat, requiere, sin embargo, de más antecedentes para entenderla en toda su grandeza. Prat, el 21 de mayo de 1879 era un hombre joven: tenía 33 años. Estaba casado con una bellísima e inteligente mujer, a la que amaba profundamente y que respondía a ese amor con otro, quizá, aun más grande. Tenía dos hijos vivos, Blanca Estela y Arturo Héctor, ambos de cortos e inocentes años. Esperaba verlos algún día adultos, formados, con su propia familia y regalándole nietos. Más aun cuando había pasado por el peor trance que puede afectar a un padre: haber sufrido la muerte de su hija mayor, Carmela de la Concepción, cuando tenía breves nueve meses de edad. Prat, además, era un oficial muy bien considerado por su mando. Estaba desarrollando una carrera brillante. Era, también, abogado y aunque por su carrera naval no había podido ejercer asiduamente esta profesión, las veces que lo hizo, fue el mejor: conocedor del derecho, valiente para exponer sus argumentos, claro a la hora de hacerlo.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/muerte.jpg" alt="Muerte de Prat" width="200" height="300" />Estas circunstancias de la vida de Prat constituían una poderosa batería de razones humanas para desear vivir, para no morir. Hoy, donde el éxito profesional y el amasamiento de bienes económicos parecieran ser el norte de tantas vidas humanas, y no sólo consideradas en su individualidad, sino también en la vida política, la decisión de Prat de saltar al abordaje –a la muerte– suena muchas veces a locura. Los tiempos que corren parecieran excluir los heroísmos. Por ello, los héroes son incomprendidos, si no despreciados. ¡Es que están en las antípodas del que vive para su propio bienestar! Terminan por constituir estorbos que incomodan con sus demandas de grandeza la floja y tantas veces cobarde conciencia. El hombre pequeño no sólo es tal, sino que, por serlo, termina ignorando o despreciando o simplemente odiando al grande, al héroe. La acción de Prat es así incomprendida. Pareciera carecer de sentido. ¡Es que si es cierto que no debía rendir la Esmeralda, no era necesario que abordara el Huáscar!, argumentará el mundano. ¡Para qué morir!, gritará frívolo, ¡que nadie te echará en cara que vivas!<br />
Pero Prat aborda el Huáscar y salta a la muerte. Pero su acción no fue un sinsentido. Llevaba colgado en su cuello el escapulario de la Virgen del Carmen, la medalla de la Purísima y una reliquia del Corazón de Jesús. Lo sabemos, porque don Miguel Grau se los remitió a doña Carmela junto con la carta que le mandara para condolerse por la muerte de su esposo. En ellos estaba presente la fe de Arturo. Aquella que daría plenitud de sentido a cada uno de los actos de su vida, según bien lo revelan las cartas que le enviara a su esposa cada vez que su trabajo lo mantuvo lejos del hogar. Su decisión de saltar a la cubierta del buque enemigo, fue, antes que todo, una decisión de hombre cristiano.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-58" title="Combate Naval de Iquique" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/combate-naval-de-iquique.jpg" alt="Combate Naval de Iquique" width="200" height="136" />Prat salta a la muerte luego de haber arengado a su tripulación señalando que la patria debía permanecer en alto, flameando en la bandera que no se arría. Es que sabía que ella es la reunión de historia y afectos que dan forma concreta a la existencia humana.<br />
Pero Prat elige saltar a la muerte con la espada en la mano, simbolizando el mando, el orden, la eficiencia y la disciplina de su institución, la Armada de Chile, a la que ya tantas veces había servido con una entrega sin espacios para mezquindades.<br />
Prat salta a la muerte con tres fotografías en el bolsillo interior de su chaqueta: una es de su querida Carmela, las otras, de sus hijos. Es nuevamente Grau, ese gran caballero del mar, héroe a su turno, quien las envía a la viuda junto al anillo de matrimonio. En esas fotos y en ese anillo están los grandes amores de Prat en esta tierra.<br />
Prat, finalmente, saltó a su muerte vestido de gala, mostrando así el sentido de su sacrificio. Él entregó su vida –fue al encuentro solemne con la muerte–, por esos bienes que llevaba consigo, amados sin mancha de egoísmo y simbolizados en esos objetos que portaba: Dios, patria y familia. El sabía que esos bienes eran, a fin de cuentas, los únicos por los que valía la pena vivir y, por eso mismo, los únicos por los que valía la pena morir.</p>
<p><em><strong>José Luis Widow Lira</strong>, Profesor Universitario</em></p>
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		<title>¿Existe el “derecho” a equivocarse?</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jun 2008 04:09:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Siendo alguien a quien le gusta escribir, mi primera inclinación es a decir que sí: quien hace demasiado frecuentemente pública su opinión sobre tal o cual tema corre tanto mayor riesgo de estarse con cierta frecuencia equivocando… y nada más natural que pensar entonces en un derecho a equivocarnos. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/04-foto-12.jpg" alt="" width="200" height="250" />Siendo alguien a quien le gusta escribir, mi primera inclinación es a decir que sí: quien hace demasiado frecuentemente pública su opinión sobre tal o cual tema corre tanto mayor riesgo de estarse con cierta frecuencia equivocando… y nada más natural que pensar entonces en un derecho a equivocarnos. Pero hay precisiones que no están demás. Pues hay una distancia entre reconocer por una parte que los hombres somos falibles y el introducir por otra parte aquí la palabra <em>“derecho”</em>, casi como si el equivocarnos constituyera un acto de justicia. Un alumno se puede equivocar en un examen. De ahí no se sigue que su profesor tenga derecho a ridiculizarlo, pero tampoco se sigue que el alumno conserve su derecho a la máxima calificación: recibirá una calificación más baja, y precisamente así se hará justicia. Hay que imaginar la consternación del profesor si el alumno replicara <em>“¿acaso no hay derecho a equivocarse?”</em></p>
<p>Esto puede parecer un mero juego de palabras, pero no lo es. La idea de tener un<em> “derecho a equivocarse”</em> es en efecto tan problemática como la idea de que tengamos un<em> “derecho a la felicidad”</em>. Tenemos, ciertamente, derecho a seguir siendo respetados tras equivocarnos, tal como tenemos derecho no a la felicidad, pero sí a buscar la felicidad por todos los medios lícitos. Pero eso es todo. Y el hecho de que acostumbremos introducir aquí un derecho no tiene nada de inocente: pues con eso en lugar de afirmar que somos falibles, o que necesitamos perdón por nuestros errores, introducimos en el mismo momento del reconocimiento del error una autojustificación. Precisamente lo único que dignifica al error, la humildad en el reconocimiento del mismo, es borrado de un plumazo. El error mismo parece como una reivindicación más entre tantas otras. ¿Cómo no vamos a tener derecho a él si no hay absolutamente nada a lo que no creamos tener derecho?</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/04-foto-23.jpg" alt="" width="200" height="151" />Pero esto es sólo uno de los puntos inquietantes. Otro lado del problema aparecerá si atendemos a los distintos campos en que se puede errar. Quien se equivoca en un ejercicio matemático y luego dice<em> “¿acaso no hay derecho a equivocarse?”</em>, está diciendo una tontería; pero sólo eso, una inocente tontería. Pero la mentalidad de los<em> “derechos a equivocarse”</em> y de los<em> “derechos a la felicidad”</em> también se hace extensiva a aquellos campos en los que el objeto de nuestro error no es de naturaleza mental, sino una persona. La señora González cree que fue un error casarse con el señor Herrera. Bien puede haberlo sido. Pero a lo único que tiene <em>“derecho”</em> en tales circunstancias es a esforzarse por ser la mejor persona posible, porque más importante que cualquier <em>“derecho”</em> es el hecho de que ella y el señor Herrera se deben mutuamente. Muchos nos dirán que ella tenía <em>“derecho a equivocarse”</em> y que en virtud de su<em> “derecho a la felicidad”</em> puede dejar al señor Herrera por el señor Figueroa, por lo demás de modo tan expedito como quien corrige el error del ejercicio matemático al que también tenía derecho. ¡Pero pobre palabra <em>“derecho”</em>! Emparentada alguna vez con la justicia, la vemos ahora desfilar como mera bandera del egoísmo. A este error sí que no tenía derecho alguno nuestra civilización.</p>
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