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	<title>VivaChile.org &#187; cobardía</title>
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		<title>El ateísmo de J. P. Sartre y el misterio de su vida</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jan 2009 01:19:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El ateísmo de Sartre es profundo, radical, pero toda vida encierra misterios. Por eso mismo, juzgar a una persona es algo que solo Dios lo puede hacer con justicia y conocimiento plenos. Y Jean Paul Sartre es un caso que ilustra muy bien esto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/06-cambiando-el-salvador-1.jpg" alt="" width="200" height="274" />Afirmé en un artículo anterior que <em>“vivir un ateísmo radical, profundo, hasta las últimas consecuencias de esa postura, es algo prácticamente imposible y que tarde o temprano lleva a una alternativa: la conversión o el suicidio.” </em></p>
<p>El problema de Dios o de no-Dios se lo plantearon de la manera más radical los filósofos existencialistas. Sören Kierkegaard,<em> “el padre”</em> de todos ellos, lo resolvió así: a)<em> “Las ideas objetivas (matemáticas, física, ciencias, etc.) no son esenciales para la vida. No son de vida o muerte.”</em> b) <em>“Lo importante es si el Cristianismo es verdadero o no, si Cristo resucitó o no. Ahí no caben términos medios: hay que decidir. Optar: o lo uno, o lo otro.”</em> c) <em>Europa camina hacia su ruina, con gente cada vez más cobarde ante lo esencial. Su cobardía es una cobardía vital</em>.” Pienso que esa cobardía vital, no plantearse la opción<em> “b”,</em> vivir en superficie, es una plaga que se ha ido extendiendo mas allá de Europa, incluyendo gente de nuestro país.</p>
<p>De los existencialistas, el más ateo fue el francés Jean Paul Sartre (1905-1980). Para Sartre el hombre es libertad, es lo que él mismo se hace –ahora diríamos <em>“la autorrealización”–. </em>El hombre también es <em>“una pasión para fundar el Ser, constituir el En-Sí, el ser que es causa de sí, es decir, Dios. Pero la idea de Dios es contradictoria y nos perdemos en vano”. </em></p>
<p>A veces –sigue Sartre– el ser humano se sumerge en la mala fe: se niega a elegir y se refugia en lo cotidiano, lo común, etc. y entonces se cosifica, se hace cosa. Hoy diríamos: <em>“se masifica”.</em></p>
<p>Para colmo de esta visión egocéntrica, Sartre piensa que no cabe una autentica relación con los otros seres humanos porque, al conocerlos, <em>“los convierto necesariamente en objetos”</em> y por tanto <em>“el infierno son los otros”.</em> Ante esta realidad, y la evidencia insoslayable de la muerte, Sartre decide que todo está de más y por lo tanto la consecuencia es la náusea y el concluir que <em>“el hombre es una pasión inútil”. </em></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/10-foto-22.jpg" alt="" width="200" height="306" />El ateísmo de Sartre es profundo, radical, pero toda vida encierra misterios. Por eso mismo, juzgar a una persona es algo que solo Dios lo puede hacer con justicia y conocimiento plenos. Y Jean Paul Sartre es un caso que ilustra muy bien esto.</p>
<p>Estamos en 1940, en la Segunda Guerra Mundial. Jean Paul Sartre tiene 35 años y es uno de los doce mil soldados franceses prisioneros en un campo de concentración nazi en Alemania. Los capellanes católicos obtienen permiso para celebrar la misa del Gallo en la Navidad. Se estaban ensayando villancicos pero Sartre –primera sorpresa– les propone algo más: celebrar un Misterio Navideño.</p>
<p>Sartre escribió, dirigió y representó un Auto Sacramental, que fue su primera obra teatral. Se llamó<em> “Barioná, el Hijo del Trueno”</em>, obra perdida para el gran público hasta que la descubrió y la hizo reeditar un profesor universitario español, José Ángel Argejas.</p>
<p>En esta ocasión la jefatura del Lager no le niega el permiso y no le censura ni una línea. Sartre se encarga de todo, texto, dirección, ensayos, vestuario, etc. y además se incluye entre los actores, pero –segunda sorpresa– no representará al existencialista ateo<em> “Barioná”</em>, sino que interpretará al Rey Mago Baltasar.</p>
<p>La edición española actual de <em>Barioná,</em> el hijo del trueno lleva el subtítulo de <em><strong>“un ateo que presenta mejor que nadie el Misterio de la Navidad”</strong>.</em> Ese juicio corresponde al teólogo René Laurentin, para quien, después de los Evangelios, esta obra de Sartre es la que más le ha ayudado a ver el Misterio de la Navidad. Sartre presenta la lucha de la libertad humana afirmándose contra Dios, pero lo hace conduciendo magistralmente a su auditorio hacia la admiración del misterio de Belén y al compromiso y la respuesta personal que exige el Cristo-Niño, el Dios-con-nosotros. Y es Sartre, interpretando al Rey Mago Baltasar –tercera sorpresa– el que anima al ateo Barioná, a que acepte el nuevo sentido que tendría su libertad si reconocía al Niño como el Mesías salvador. Al acabar la función, Sartre estuvo –cuarta sorpresa–, con el resto de los prisioneros, en la misa del Gallo.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/10-foto-3.jpg" alt="" width="200" height="150" />Se puede interpretar todo esto de muchos modos. ¿Fue sólo por respeto a sus compañeros de cautiverio, muchos de ellos católicos, por lo que trató tan bien la postura creyente? ¿Fue por agradecimiento con alguno de los capellanes católicos de aquel Lager? ¿O fue porque ese Sartre joven quiso retarse a sí mismo representando lo que no creía y atacando lo que creía? Pero, ¿por qué tuvo tanta fuerza persuasiva la tesis cristiana en esa obra suya? ¿<strong>Fue porque el Espíritu Santo<em> “sopla donde quiere”</em>? </strong>En cualquier caso, allí no se cumplió lo de que <em>“el infierno son los otros”.</em></p>
<p>Después, ya liberado, su ateísmo amargo y radical cobró mayor énfasis, le rindió buenas ganancias en la venta de sus obras y en su fama literaria hasta llegar a un Premio Nobel que rehusó. Sus relaciones íntimas tan conflictivas con la musa del feminismo ateo, la Simone de Beauvoir, también contribuyeron para afirmar esa postura. Así se mantuvo, muy lejos de Dios, durante muchos años. Pero…</p>
<p>Hace tiempo, en un editorial del ABC español y en un libro leído sobre Dios y el universo –creo que era de Etienne Gilson, conversando con dos físicos de origen yugoeslavo– tuve indicios de un cierto cambio en el ateísmo de Sartre. Más tarde apareció en un diario francés.</p>
<p>Fue Le Nouvel Observateur el que recogió un diálogo de Sartre con un marxista, pocos días antes de su muerte. Sartre dijo allí: <em><strong>«No me percibo a mí mismo como producto del azar, como una mota de polvo en el universo, sino como alguien que ha sido esperado, preparado, prefigurado. En resumen, como un ser que sólo un Creador pudo colocar aquí; y esta idea de una mano creadora hace referencia a Dios».</strong></em></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/10-foto-0-portada3.jpg" alt="" width="200" height="222" />Esas pocas palabras fueron como una bomba para muchos de sus admiradores. Simone de Beauvoir quedó alucinada y se dedicó, con verdadera saña, a ocultar esa <em>“claudicación”.</em> Norman Geisler, (en <em>The intellectuals Speak out About God</em>, Chicago 1984) recoge la consternación que esa confesión de Sartre produjo en todos sus colegas. El hecho era una noticia-bomba. ¿Por qué no estalló en las mejores páginas de los grandes diarios del mundo?</p>
<p>A mí no me extraña demasiado ese silencio. Es lo habitual. Tampoco se ha dado publicidad a la muerte de Voltaire, como católico. Tampoco figura en muchos espacios de Internet la conversión al catolicismo del Premio Nobel Alexis Carrel; ni otros muchos ateos ilustres que alcanzaron la fe; ni de como Albert Camus, poco antes de su muerte en accidente, quería creer; ni de un montón de anticlericales que mueren contritos y confesos, ni de etc., etc., etc.</p>
<p>Para los que dominan las Agencias de Prensa internacionales y otros grandes Medios Informativos, siempre hay grandes titulares y generosidad de espacios para cualquier escándalo eclesiástico o para todos los <em>saramagos</em> del mundo que hacen alarde de estar contra Dios o contra su Ley Moral Universal.<br />
La Verdad tiene su hora, su Juicio Universal, pero también algo mucho más modesto: algunos rayitos de luz en Internet, para el que sabe buscar.</p>
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		<title>De nada vale el silencio</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jan 2009 23:38:41 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Resulta curioso constatar como son muchos los que se conjuran para invitarnos al silencio cuando se cuestionan o se atacan de forma pública nuestras creencias… El silencio es la comodidad de los cobardes y el inicio de la apostasía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/05-foto-12.jpg" alt="" width="200" height="133" />Resulta curioso constatar como son muchos los que se conjuran para invitarnos al silencio cuando se cuestionan o se atacan de forma pública nuestras creencias. <em>“No tenemos que hacer caso, no tenemos que responder. Se diga lo que se diga no afecta a la Verdad”.</em> La recomendación general, instalada en amplias capas del catolicismo español, es guardar silencio.</p>
<p>El silencio es la comodidad de los cobardes y el inicio de la apostasía. Es el bálsamo necesario para que, precisamente, nadie tenga en cuenta la opinión de los católicos, para que su voz quede reducida a una prácticamente inexistente minoría.</p>
<p>Son muchos a los que conviene el silencio, porque así se ahorran pronunciarse; porque así pueden seguir adelante con la vida social y política que exige rendir culto a la progresía imponiendo una apostasía social de la Fe.</p>
<p>Precisamente, porque se ha observado ese silencio hemos llegado a la situación actual. Durante décadas se han atacado, laminado y minado nuestros Principios y Valores. El silencio de los católicos ha sido en estas décadas la mejor forma de colaborar con el proceso de descristianización de España.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/01/05-foto-0-portada2.jpg" alt="" width="200" height="144" />Lógicamente hoy estamos en una fase avanzada de ese proceso en el que muchísimos católicos han colaborado de forma inconsciente al asumir la <em>“doctrina del silencio”.</em> La inexistencia de una opinión pública católica con peso real ha hecho que los políticos se refugien en una cómoda igualación: todos tienen los mismos derechos a expresarse. La diferencia es que la agresividad del laicismo que hoy todos percibimos se expresa a través de la ofensa y la difamación.</p>
<p>Por todo ello los católicos debemos dejar de ser esa opinión pública invisible. Ha llegado la hora del testimonio, de ahí que sea necesario contestar en los medios a la campaña para la difusión del ateísmo iniciada por la <em>“Unión de Ateos y Librepensadores”.</em></p>
<p>Contestar de forma pública para dejar en evidencia a todos aquellos que, amparándose en la doctrina del silencio, esquivan tener que pronunciarse; a todos aquellos que esquivan comprometerse reduciendo el hecho a<em> “una tontería que no merece perder el tiempo”;</em> a todos aquellos que desde el poder siempre inclinan la balanza, para no verse perjudicados en las urnas, hacia quienes combaten la Fe.</p>
<p></br></br><br />
<em><strong>Nota:</strong> Este artículo fue publicado originalmente por Acción Española.</em></p>
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		<title>Reglas para dirigirse bien en la vida</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2008 15:44:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fragmentos de “Carta abierta a la juventud”]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/11-foto-1.jpg" alt="" width="200" height="331" />El autor, de ochenta años, acude a la solicitud de un muchacho de veinte, lleno de dudas y fervientes deseos, que le pide consejo para dirigirse bien en la vida:</p>
<p>“Le recordaré para comenzar algunas reglas muy antiguas que siguen siendo verdaderas a pesar de las nuevas técnicas y las filosofías nihilistas.”</p>
<p>“La primera es que es <em>necesario vivir para algo más que para sí mismo</em>. El hombre que medita sobre sí encontrará miles de razones para ser desdichado. Nunca habrá hecho todo lo que quiso y debió hacer; jamás habrá obtenido todo lo que, según él, merecía obtener; muy raro es que haya sido amado como soñó serlo. Si se pone a rumiar su pasado sentirá en vano nostalgia y remordimientos. ‘Todo lo que merecen nuestras faltas es ser dadas al olvido’. En vez de querer tachar un pasado que nada ni nadie puede anular, intente construir un presente del que después estará usted orgulloso. El desacuerdo consigo mismo es el peor de los males. Todo ser que vive para los otros, para su país, para una mujer, para los desheredados, para los perseguidos, olvida de manera maravillosa sus angustias y sus mediocres preocupaciones. El verdadero mundo exterior es el verdadero mundo interior.”</p>
<p>“La segunda regla es: <em>hacer, actuar</em>. En vez de lamentarnos sobre lo absurdo del universo, tratemos de transformar la pequeña comarca en la cual nos tocó caer. No podemos cambiar el mundo, pero ¿quién puede pretender cambiarlo? Nuestros objetivos son más limitados y simples: desempeñar una tarea, elegirla bien, hasta dominarla con maestría. Cada uno tiene su radio de acción; yo escribo libros, el mueblista ensambla los estantes de mi biblioteca, el agente dirige el tránsito, el ingeniero construye, el intendente administra la comuna. Todos, aunque estén sobrecargados de trabajo, si saben hacerlo bien, son felices en el momento de la realización. Esto es de tal modo verdad, que en sus momentos de ocio se imponen tareas en apariencia inútiles, tales como los juegos y los deportes. El jugador de rugby a quien el adversario arroja sobre el barro, es feliz. En cuanto a las tareas inútiles, nos hacen gozar con su eficacia: un intendente activo mantiene limpia una ciudad; un sacerdote activo crea una parroquia llena de vida y estos éxitos los mantienen contentos.”</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/10/11-foto-portada.jpg" alt="" width="200" height="250" />“La tercera regla es: <em>creer en el poder de la voluntad</em>. No es verdad que el porvenir esté determinado por entero. Un gran hombre puede modificar el curso de la historia. Cualquiera que tenga el valor de quererlo, puede modificar su propio destino. Nadie, por supuesto, es todopoderoso; la libertad de cada hombre tiene límites. La libertad vive sobre la frontera de lo posible y la voluntad. No depende de mí impedir la guerra, pero puedo ejercer por la palabra hablada y escrita una acción que, multiplicada por millones de palabras de otros, la hagan menos probable. Puedo abstenerme de decir a mis compatriotas, en toda ocasión y sin motivo, que han sido ofendidos y que el honor exige que se suiciden con nuestro país. No depende de mí ganar las batallas; depende de mí ser un soldado valiente, en mi lugar y ‘situación’. Y como ‘el límite de la voluntad depende de lo que se ose’ será necesario siempre, sin preocuparse del límite, gobernarse a sí mismo lo mejor que se pueda. La pereza, la cobardía son abandonos; el trabajo, la energía son actos voluntarios. Quizá la voluntad sea la reina de las virtudes.”</p>
<p>“Le propondré, sin embargo, como cuarta regla otro valor tan preciado como la voluntad: <em>la fidelidad</em>. Fidelidad en las promesas, en los contratos, con los otros y consigo mismo. <em>Se debe ser de aquellos que no decepcionan nunca</em>. La fidelidad no es una virtud fácil. Miles de tentaciones se oponen al compromiso adquirido. Ud. dirá: ¿por qué si he escogido a una mujer coqueta, desleal y tonta, debo serle fiel? ¿Si he escogido un oficio y me doy cuenta de que no responde a lo que esperaba de él, voy a prohibirme ensayar otro? ¿Si me he afiliado a un partido y descubro que está formado por un montón de negligentes ávidos, he de rehusarme a entrar en otro que, mejor informado, reconozco como más honesto? No. Fidelidad no es ceguera. Solamente que debe cuidarse de no atribuir a una mala elección infidelidades que constituyen más bien falta de generosidad. La idea justa, por el contrario, dice Alain, es que todas las elecciones son malas si se las abandona, mientras que pueden transformarse en buenas con buena voluntad. Nadie escoge su oficio por simples razones, puesto que es necesario haberlo escogido para conocerlo. Nadie escoge tampoco sus amores. Pero es (a menudo) posible remodelar una mujer, realizar bien el oficio escogido y transformar un partido. La fidelidad crea aquello que la justifica.”</p>
<p>“Me imagino que estas reglas de vida le deben parecer a la vez severas y sumarias. Pero no hay otras. No le exijo que atraviese la existencia como un estoico huraño. Tenga sentido del humor. Sea capaz de reírse de usted mismo y de mí. Acepte sus flaquezas, si no puede dominarlas, pero trate de mantener, a pesar de ellas, una armadura fuerte. Toda sociedad en que los ciudadanos no viven sino para sus ambiciones e intemperancias, toda sociedad en que los hombres no se tengan la menor confianza los unos a los otros, toda sociedad en que ha muerto el deseo, es una sociedad condenada. Mientras Roma fue la Roma de los héroes, se mantuvo floreciente; en cuanto cesó de respetar los valores que la crearon, pereció. Las nuevas técnicas cambian las modas, pero no cambian ni el valor de los actos ni las razones para obrar. Así ha sido en el principio y así será hasta el fin.”</p>
<p>Ver más en la sección de <a href="http://viva-chile.cl/category/recomendados/">Recomendados</a>.</p>
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		<title>Fe y política, mejor juntas</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Sep 2008 19:07:40 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Una verdadera democracia necesita los aportes de la moral y de las convicciones religiosas para seguir siendo sana y fuerte.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Entrevista con monseñor Charles Chaput, arzobispo de Denver (*)</em></strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/11-foto-1-autor.jpg" alt="" width="200" height="176" />No sólo la religión tiene espacio en la plaza pública, sino que una democracia necesita las aportaciones de la moral y de las convicciones religiosas para seguir siendo sana y fuerte, afirma el arzobispo de Denver.<br />
Sacar la religión del juego, añade monseñor Charles Chaput, autor del libro recién publicado <em>“Render Unto Caesar: Serving the Nation by Living Our Catholic Beliefs in Political Life” </em>(Dar al César: Servir a la Nación viviendo nuestras Creencias Católicas en la Vida Pública), es la forma más rápida de destruir una democracia.</p>
<p>En esta entrevista con ZENIT, monseñor Chaput habla sobre las ideas planteadas en su libro sobre los católicos y la política, y comenta lo que cree que son los temas importantes para los votantes estadounidenses en las elecciones presidenciales de este noviembre.</p>
<p><strong>&#8211;El catolicismo en la vida pública de Estados Unidos ha tenido un largo y complicado viaje, y usted afirma que los católicos tienen mucho que ofrecer al proceso político, pero que con demasiada frecuencia mantienen sus creencias y convicciones separadas de su actividad política. ¿Por qué es así?</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/11-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="259" />&#8211;Monseñor: Chaput: Los católicos han sido siempre una minoría en Estados Unidos, y siempre ha sido real en este país el prejuicio contra los católicos, incluso antes de su fundación. Algunas discriminaciones han sido indirectas y corteses. Sólo en ocasiones ha tomado formas más vulgares de discriminación económica y política, y fanatismo mediático. De cualquier forma, el prejuicio siempre alimenta el apetito de una minoría de ser aceptada, lograr ser asimilada, y los católicos norteamericanos hacen esto extraordinariamente bien &#8211; de hecho, demasiado bien.<br />
Bajo la excusa de ser buenos ciudadanos, a muchos católicos se les ha vendido la muy errónea idea de la “separación de la Iglesia y el estado”. Los católicos norteamericanos siempre han apoyado el principio de mantener la autoridad religiosa y civil por separado.<br />
Nadie quiere una teocracia, y muchos de los medios que han estado tirando del espectro del “fundamentalismo cristiano” es sólo una táctica de miedo especialmente ofensiva. La Iglesia no presume de dirigir el estado. Tampoco queremos que el estado interfiera en nuestras creencias y prácticas religiosas &#8211; que, sinceramente, es un problema hoy mucho mayor.<br />
Separar la Iglesia y el estado no significa separar temas de fe y temas políticos. El verdadero pluralismo requiere un sano conflicto de ideas. De hecho, la mejor forma de acabar con la democracia es que la gente separe sus convicciones religiosas y morales de su toma de decisiones política. Si la gente cree de verdad en algo, actuarán siempre sobre ello como materia de conciencia. De otra forma sólo se están mintiendo a sí mismos. Por ello la idea de forzar a la religión a salir de los debates de política pública no es sólo poco inteligente, es antidemocrática.</p>
<p><strong>&#8211;Un capítulo del libro se dedica a santo Tomás Moro. En el mismo capítulo menciona a John F. Kennedy, el primer presidente católico de Estados Unidos. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre estos dos líderes políticos católicos?</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/11-foto-3.jpg" alt="" width="200" height="305" />&#8211;Monseñor: Chaput: Como digo en el libro, debemos ser cuidadosos a la hora de dibujar un paralelismo excesivamente cercano entre la situación de Moro y los problemas a los que hacen frente los funcionarios públicos norteamericanos. Pero Moro y su amigo John Fisher permanecen tan vivos en nuestras memorias por una razón. Conservaron su integridad a cualquier coste, incluidas sus vidas. Pusieron a Dios antes que al César.<br />
En cuanto a Kennedy es necesario recordar el contexto de su campaña de 1960. Kennedy tenía mucho talento y coraje, pero también tenía que superar 200 años de suspicacia protestante inculcada.<br />
Desgraciadamente, apoyando estos temores protestantes, creó un nuevo y muy dañado modelo católico de separación del servicio público de la convicción privada. Actuaba con buena voluntad, y por supuesto no podía ver el futuro &#8211; pero hizo mucho daño. Durante los últimos 40 años, su ejemplo ha guiado a cada funcionario público católico, que “personalmente se opone” a cierto mal grave, pero que no quiere hacer nada al respecto. Todavía estamos sufriendo los efectos.</p>
<p><strong>&#8211;También observa que la nueva cultura de los medios ha creado un ambiente para el debate público en el que el “mercado serio de ideas” es reemplazado por los eslóganes. ¿Cómo pueden actuar en este ambiente los políticos católicos?</strong></p>
<p>&#8211;Monseñor: Chaput: No hay una respuesta fácil a esto. Los católicos norteamericanos necesitan tener una actitud mucho más crítica hacia los medios de comunicación, incluyendo la industria informativa. En el periodismo, por ejemplo, trabajan muchas personas buenas. Pero la imagen de la realidad informada por los medios de noticias siempre está coloreada por al menos tres cosas: la tecnología del medio, la necesidad de obtener beneficio y el sesgo de la organización.<br />
Lo que vemos y oímos sobre información política suele ser una versión sesgada de los hechos. Los ciudadanos individuales necesitan estar alerta sobre cómo los medios agudizan los apetitos públicos y moldean nuestras opiniones. Y los políticos católicos necesitan aprender cómo usar los medios &#8211; de forma honesta, por supuesto &#8211; y cómo no ser utilizados por ellos.</p>
<p><strong>&#8211;¿Espera que su libro, publicado meses antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, tenga de alguna forma impacto en el proceso electoral?</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/09/11-foto-portada-librointe.jpg" alt="" width="200" height="300" />&#8211;Monseñor: Chaput: Terminé el texto en julio del año pasado y lo estuve revisando hasta noviembre. Quería que el libro apareciera en marzo de este año para que hubiera espacio entre él y el periodo de campaña. Pero el editor tomó esas decisiones.<br />
No es mi intención, ni en el libro ni en cualquier otro medio, decir a la gente cómo votar. No endoso candidatos, no uso un código de lenguaje para lograr que a la gente le guste o le disguste un partido político. Esa no es la labor de un pastor.<br />
La gente necesita votar en conciencia. Pero la “conciencia” no aparece milagrosamente de la nada; no es un tema de opinión personal o preferencia privada. La conciencia siempre se basa en una verdad mayor que nosotros mismos. La gente que dice que es católica necesita ser honesta consigo misma y con la comunidad creyente. Necesita actuar verdaderamente como “católicos” en privado y en público, y eso incluye la forma en que toman sus decisiones políticas. Y es precisamente la labor de un pastor enseñar a los católicos su fe y animarlos a aplicarla.</p>
<p><strong>&#8211;En este año de elecciones parece que habrá más debate sobre los “grandes” temas sociales que los católicos deberían considerar al votar. ¿Cómo ve esta tendencia? ¿Y cuáles ve usted que son los temas principales a los que se enfrentan los votantes católicos este noviembre?</strong></p>
<p>&#8211;Monseñor Chaput: La enseñanza moral de la Iglesia no cambia, sea año de elecciones o no. Nos enfrentamos a un montón de temas importantes este otoño: la economía, la reforma de la inmigración, la guerra de Irak. Son urgentes y apremiantes, pero no puede utilizarse como una excusa para ignorar al niño no nacido.<br />
No importa cuánto queramos taparlo con el debate sobre los “grandes temas sociales”, la lucha contra el aborto sigue siendo un tema social fundamental de nuestro tiempo. No hay forma de esquivar los ingresos que genera, la brutalidad y la injusticia del aborto con un lenguaje piadoso o gestos teatrales. El aborto es un homicidio legalizado. Tiene que parar. Cualquier otro derecho depende del derecho a la vida.</p>
<p><strong>&#8211;El libro está escrito principalmente para los lectores de Estados Unidos puesto que directamente habla de la Iglesia en Estados Unidos. ¿Qué puede obtener del libro los lectores de fuera del país?</strong></p>
<p>&#8211;Monseñor: Chaput: Todos los católicos, dondequiera que vivan, en el país que sea, necesitan recordar que primero somos ciudadanos del cielo. Ese es nuestro hogar. Servimos mejor a nuestra nación en este mundo viviendo nuestra fe católica plena y auténticamente, y aportando nuestro testimonio católico sobre la dignidad humana de forma vigorosa a la vida política de nuestra nación.<br />
Es necesario que dejemos de estar avergonzados de hablar y trabajar por la verdad. Podemos ser discípulos, o podemos ser cobardes. En el mundo de hoy, no hay sitio para nada más. Es necesario que elijamos.</p>
<p><em><strong>(*) Por Karna Swanson. Publicado en <a href="http://www.zenit.org">Zenit.org</a></strong></em></p>
<p><em>Puede encontrar más información sobre el libro comentado en nuestra Sección <a href="http://viva-chile.cl/category/recomendados/">Recomendados</a></em>.</p>
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		<title>El miedo no siempre es malo</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Aug 2008 22:50:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Lo nuevo puede ser conveniente, en cuyo caso tenerle miedo es negativo. Pero también puede ser inconveniente, y entonces tenerle miedo —y como consecuencia rechazarlo y combatirlo— es positivo… Después de los horrores del siglo pasado, nadie defiende la idea del progreso indefinido.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/gonzalo-vial.jpg" alt="Gonzalo Vial Correa" width="200" height="171" />Un columnista de El Mercurio polemiza con algunos lectores por haber él sostenido (8 de agosto) que al «sector de derecha» lo caracteriza el «miedo».</p>
<p>Lo primero que este tipo de discusiones requiere para que no sean livianas es definir los términos. ¿Quién es de izquierda en Chile? ¿Quién de derecha?</p>
<p>No hay derecha sin izquierda. Pero&#8230; ¿qué son?</p>
<p>A la verdad, como comprobaremos de inmediato, no son (cuando menos la izquierda) sectores de ideas y modos de actuar fijos. De manera que edificar —sobre los conceptos de «derecha» e «izquierda» chilenas— modelos políticos o históricos que no contemplen esa mutabilidad, es un simplismo. Y los simplismos, en política como en historia, siempre inducen a error.</p>
<p>Más discutible aún es la creencia de que actuar «por miedo» frente a los cambios o innovaciones que alguien propone, es siempre reprobable. ¿Por qué habría de ser así? Lo nuevo puede ser conveniente, en cuyo caso tenerle miedo es negativo. Pero también puede ser inconveniente, y entonces tenerle miedo —y como consecuencia rechazarlo y combatirlo— es positivo.</p>
<p>La idea de que el «cambio» es SIEMPRE positivo oculta la creencia en el «progreso indefinido», es decir, la convicción de que el hombre y la sociedad SIEMPRE están mejorando. Parafraseando las palabras de un célebre charlatán médico, a inicios del siglo XX: “Mejoramos de modo constante, todos los días y en todos los aspectos”. Después, precisamente, de los horrores del siglo pasado, nadie defiende el progreso indefinido. Mas muchos todavía lo sienten, aunque no puedan darle un sustento racional, y por lo mismo generalmente lo callen.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/01-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="150" />De allí la defensa del «cambio por el cambio», corriente en la izquierda y que empobrece mucho el debate sobre las innovaciones concretas. El divorcio, v.gr., nunca se discutió aquí racionalmente, nunca se pesaron y debatieron los pros y los contras de su conveniencia social. “Ya existía en todas partes, Chile exceptuado”&#8230; y punto. ¿Cómo contradecir y ponernos al margen del progreso indefinido?<br />
Veremos que el columnista mercurial, con su teoría de los «miedos», es sin decirlo el campeón de este sistema argumentativo&#8230; sin argumentos.</p>
<p>Y no debiera serlo pues —miembro de la izquierda chilena (supongo)— recordará sin duda las veces que ésta, en un pasado no muy lejano, se jugó mayoritariamente por cambios que resultaron dañinos&#8230; tan dañinos que ella misma hoy los ha abandonado, en giros de pensamiento auténticamente copernicanos. Por ejemplo:</p>
<p>1. Nuestra izquierda de la segunda mitad del siglo pasado, hasta la Concertación exclusive, rechazaba perentoriamente el capitalismo y sus hombres-símbolos, los empresarios particulares, así como la propiedad privada. Eligiendo en cambio formas diversas de propiedad colectiva: comunista, socialista, «comunitaria», etc. Modificar el capitalismo era despreciado. «un parche reformista».</p>
<p>Agregarle edulcorantes —«social de mercado», «con equidad», etc.—, en el pre 1990 (y qué decir en el pre 1973) hacía reír con burla a la izquierda nacional.</p>
<p>Su exponente más distinguido de 2008 —el último ex presidente concertacionista, y precandidato a repetirse el plato en 2010— preconizaba en un libro suyo de los años 50, muy comentado, nada menos que la sustitución total de la propiedad privada por la colectiva.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/01-foto-3.jpg" alt="" width="200" height="424" />A los jóvenes de derecha de aquellos años, nos daba mucho miedo esta sustitución, porque la considerábamos un dañino disparate. Nuestros pares de izquierda y sus mayores, al revés, aplaudían entusiasmados. ¡Era «el cambio»!</p>
<p>Mas parece que el miedo derechista, contrariando el refrán, era buen consejero. ¿Qué concertacionista defiende hoy la propiedad colectiva como sustituto de la privada?</p>
<p>¡Y qué decir de los empresarios! Es abismante y a veces hilarante la lista de ex izquierdistas de los años 60 y 70, algunos energuménicos, hoy «reconvertidos» al libre empresariado. Pensemos en el agua corrida desde aquellos años. El entonces jefe de la facción extremo-revolucionaria del MAPU ha presidido y preside a partir de 1990 las sociedades anónimas chilenas y extranjeras más poderosas del país. El entonces apedreador insigne de carabineros y jefe de los GAP, y el entonces jefe del MIR y cerebro de asaltos a bancos con muertos y heridos, son hoy prósperos exportadores. Todos capitalistas hechos y derechos.</p>
<p>2. Igual giro de 180 grados acusan las ideas políticas de la vieja izquierda. La revolución cubana trasladó aquí su rechazo a la «democracia formal»; al voto, reemplazado por «el fusil»; al Parlamento «burgués», «tigre de papel»; a la alternancia en el poder, según el veredicto de las urnas; a las Fuerzas Armadas, brazo coactivo de los explotadores. Y también trajo a Chile su proclamación de la «vía violenta», armada —la de Fidel Castro y Guevara—, como único camino verdadero hacia la victoria de los oprimidos.</p>
<p>Una parte importante (mayoritaria es probable) de nuestra izquierda de entonces adoptó entusiasta este ideario: el PS (el más numeroso de la Unidad Popular, y al cual pertenecía el entonces Jefe del Estado), el MAPU oficial, la Izquierda Cristiana, los jóvenes radicales «revolucionarios», el MIR. Incluso los izquierdistas moderados, en su mayoría, no negaban el credo termocefálico del «guevarismo», sino su oportunidad: “no se puede aplicar aquí&#8230; todavía”.</p>
<p>Entre todos le hicieron la vida imposible a Salvador Allende. Era un tímido ¿cobarde? «reformista». Rechazaba «avanzar sin transar». Había «capitulado» ante los militares, acusó oficialmente el MIR&#8230; el 8 de septiembre de 1973.</p>
<p>Los derechistas del momento, ya no tan jóvenes, teníamos —es cierto— mucho miedo&#8230; miedo de tanta lesera y sus previsibles consecuencias.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/01-foto-portada.jpg" alt="" width="200" height="262" />¿Qué queda de toda esta gruesa veta izquierdista/ revolucionaria, en el concertacionismo de hoy? Absolutamente nada. Los empresarios de izquierda que he citado, por ejemplo, la archivaron junto con su pasión anticapitalista. La flor y nata del termocefalismo de entonces, los jóvenes del MAPU y del MIR, son hoy altos funcionarios, demócratas perfectos, que cultivan apasionadamente —como el jardinero de Rabindranath Tagore su jardín— los acuerdos Gobierno/Oposición.</p>
<p>Concluyamos: el miedo a un «cambio» no es necesariamente malo. Hay que examinar sus motivos.<br />
El progresista no lo hace. ¿«Cambio», de moda, aceptado por la generalidad? Necesariamente bueno&#8230; inútil discutirlo, hacer distinciones. Ejemplos:</p>
<p>A) Los «sectores de derecha», opuestos por miedo a la Corte Penal Internacional, “en circunstancias de que ya lo han hecho (aprobarla) todos los países latinoamericanos”, salvo Cuba.</p>
<p>¿Qué argumento racional es éste? Ninguno. En 1793, todos los países occidentales a ambos lados del Atlántico tenían por legítima y hacían cumplir forzadamente la esclavitud de africanos&#8230; salvo uno, la Francia Revolucionaria. ¿Quién se equivocaba? ¿Ella o los demás?</p>
<p>B) Los «sectores de derecha» tienen “temor a que hombres y mujeres conduzcan su vida sexual, reproductiva y familiar del modo que les parezca más adecuado”.</p>
<p>Y esto&#8230; ¿sin ningún límite? El «modo que parezca más adecuado», en la «vida reproductiva»&#8230; ¿incluye el aborto? Y en la «vida sexual»&#8230; ¿incluye la pedofilia, la necrofilia y el animalismo?<br />
C) Los «sectores de derecha» tienen miedo “a que los chilenos que viven en el extranjero puedan votar en nuestras elecciones”.</p>
<p>¿Es lógico que se tengan los derechos de ciudadano y no las cargas de ciudadano (v.gr., impuestos)? ¿Es lógico que elijan a un funcionario quienes no lo van a sufrir? ¿Cómo se garantizarán el secreto, y la libertad y corrección del voto, sin funcionarios del Servicio Electoral en todos los puntos del globo terráqueo?</p>
<p>Por supuesto, los temas que preceden son discutibles. Pero el progresista no discute, no quiere ni necesita discutir&#8230; Sigue, iluminado y feliz, las ideas «de cambio» y a los hombres que las preconizan: ayer, el Che; anteayer, el padrecito Stalin. ¿Los demás? Retrógrados que tienen miedo.</p>
<p><strong>Post scriptum (**)</strong></p>
<p>EL COLUMNISTA MERCURIAL DEL “MIEDO”, al cual se refería mi columna anterior, responde a ese comentario. Reconoce que “cae de maduro” que “el miedo no siempre es malo”.</p>
<p>Quedo sorprendido, pues toda su censura a la “Derecha” ha sido la de proceder sólo por miedo respecto a lo que propone la “Izquierda”. Suponiendo que sea efectivo —aunque no lo demuestra hasta la fecha el columnista—, le quedaría una segunda demostración: que ese miedo era “malo”. Tampoco la hace.<br />
No es razonable pedir que le creamos todo bajo palabra.</p>
<p>Podríamos partir por lo que explica detalladamente esta columna el 12 de agosto .A saber, que los años ’60 y comienzos de los ’70 la “Izquierda” nos propuso mayoritariamente una economía basada en la propiedad colectiva, y políticamente la abolición de la democracia tradicional, para remplazarla por una revolucionaria, marxista-leninista, estilo Cuba. Obviamente se equivocaba, ya que ahora la “Izquierda” rechaza lo que ayer defendía. El domingo un ex GAP y actual “diputado designado” conforme a la Constitución de Pinochet, declara a El Mercurio las diferencias entre “el PS de hoy y el de los años 70”: “Abandonar el marxismo leninismo&#8230; Reivindicar la democracia como valor en sí”. Eso sostenía la “Derecha” en aquel tiempo. Tenía razón: su contraria lo reconoce. ¿Fue oposición “por miedo”? ¿Qué importa? La “Derecha” —como dice el columnista— “pronosticaba (entonces) las peores catástrofes” y no “se produjo ningún colapso”. Pero el columnista parece haber olvidado por qué no hubo colapso; se le ha borrado de la mente el 11 de Septiembre de 1973.</p>
<p><strong><em>(*)	La Segunda, 12 de agosto, 2008<br />
(**)	La Segunda, 19 de agosto, 2008</em></strong></p>
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		<title>Balance Patriótico</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Aug 2008 22:14:51 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Toda nuestra insignificancia se resuelve en una sola palabra: Falta de alma… ¡Crisis de hombres! ¡Crisis de hombres! ¡Crisis de Hombre!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/06-foto-1-autor.jpg" alt="Vicente Huidobro" width="200" height="258" />Un país que apenas a los cien años de vida está viejo y carcomido, lleno de tumores y de supuraciones de cáncer como un pueblo que hubiera vivido dos mil años y se hubiera desangrado en heroísmos y conquistas.</p>
<p>Todos los inconvenientes de un pasado glorioso pero sin la gloria. No hay derecho para llegar a la decadencia sin haber tenido apogeo.</p>
<p>Un país que se muere de senectud y todavía en pañales es algo absurdo, es un contrasentido, algo así como un niño atacado de arteriosclerosis a los once años.</p>
<p>El sesenta por ciento de la raza, sifilítica. El noventa por ciento, heredo-alcohólicos (son datos estadísticos precisos); el resto insulsos y miserables a fuerza de vivir entre la estupidez y las miserias. Sin entusiasmo, sin fe, sin esperanzas. Un pueblo de envidiosos, sordos y pálidos calumniadores, un pueblo que resume todo su anhelo de superación en cortar las alas a los que quieren elevarse y pasar una plancha de lavandera sobre el espíritu de todo aquel que desnivela el medio estrecho y embrutecido. En Chile cuando un hombre carga algo en los sesos y quiere salvarse de la muerte, tiene que huir a países más propicios llevando su obra en los brazos como la Virgen llevaba a Jesús huyendo hacia Egipto. El odio a la superioridad se ha sublimado aquí hasta el paroxismo. Cada ciudadano es un Herodes que quisiera matar en ciernes la luz que se levante. Frente a tres o cuatro hombres de talento que posee la República, hay tres millones setecientos mil Herodes.</p>
<p>Y luego la desconfianza, esa desconfianza del idiota y del ignorante que no sabe distinguir si le hablan en serio o si le toman el pelo. La desconfianza que es una defensa orgánica, la defensa inconsciente del cretino que no quiere pasar por tal cree que sonriendo podrá enmascarar su cretinismo, como si la mirada del hombre sagaz no atravesara su sonrisa mejor que un reflector.</p>
<p>El huaso macuco disfrazado de médico que al descubrirse teoría microbiana exclama: a mí no me meten el dedo en la boca; el huaso macuco disfrazado de filósofo que al oír los problemas del transformismo dice: a otro perro con ese hueso; el pobre huaso macuco disfrazado de artista o de político que cree que diciendo: no comprendo, mata a alguien en vez de hacer el mayor elogio.</p>
<p>Por eso Chile no ha tenido grandes hombres, ni podrá tenerlos en muchos siglos. ¿Qué sabios ha tenido Chile? ¿Qué teoría científica se debe a un chileno? ¿Qué teoría filosófica ha nacido en Chile? ¿Qué principio químico ha sido descubierto en Chile? ¿Qué político chileno ha tenido trascendencia universal? ¿Qué producto de fabricación chilena o qué producto del alma chileno se ha impuesto en el mundo?</p>
<p>No recuerdo nunca en una universidad de Europa, ni en Francia, ni Alemania, ni en ningún otro país haber oído el nombre de un chileno, ni haberlo leído en ningún texto.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/06-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="199" />Esto somos y no otra cosa. Es preciso que se diga de una vez por todas la verdad, es preciso que ni vivamos sobre mentiras, ni falsas ilusiones. Es un deber, porque sólo sintiendo palpitar la herida podremos corregimos y salvarnos aún a tiempo y mañana podremos tener hombres y no hombrinos.</p>
<p>Decir la verdad significa amar a su pueblo y creer que aún puede levantársele y yo adoro a Chile, amo a mi patria desesperadamente, como se ama a una madre que agoniza.</p>
<p>Recorred nuestros paseos, mirad las estatuas de nuestros hombres de pensamiento: ¡qué cisos de valores efectivos! A la excepción de 4 ó 5, ninguno de ellos habría sabido responder en un examen universitario de hombres serios ¡qué sabios de aldea, qué cerebros más primarios! ¿En dónde fuera de aquí iban a tener estatuas esos pobrecitos?</p>
<p>Es necesario levantar estatuas en los paseos y como no hay a quién elevárselas, el pueblo busca el primero que pilla, y cuando es el pueblo el que levanta monumentos, ellos surgen debidos a las influencias de familias, son los hijos que levantan monumento al papá en agradecimiento por haberlos echado al mundo. ¡Es conmovedor!</p>
<p>¿Y el mérito, en dónde está el mérito? El pueblo pasa soñoliento y lánguido, arrastrando su cuerpo como un saco de pestes, su cuerpo gastado por la mala alimentación y carcomido de miserias y entre tanto la sombra de Francisco Bilbao llora de vergüenza en un rincón. ¿Qué hombre ha sabido sintetizar el alma nacional?</p>
<p>¡Pobre país; hermosa rapiña para los fuertes!</p>
<p>Y así vienen, así se dejan caer sobre nosotros; las inmensas riquezas de nuestro suelo son disputadas a pedazos por las casas extranjeras y ellos viendo la indolencia y la imbecilidad troglodita de los pobladores del país, se sienten amos y les tratan como a lacayos, cuando no como a bestias. Ellos fijan los precios de nuestros productos, ellos fijan los precios de nuestra materia prima al salir del país y luego nos fijan otra vez los precios de esa misma materia prima al volver al país elaborada. Y como si esto fuera poco, ellos fijan el valor cotidiano de nuestra moneda.</p>
<p>Vengan los cuervos. Chile es un gran panizo. A la chuña, señores, corred todos, que todavía quedan migajas sobre la mesa.</p>
<p>¡Es algo que da náuseas!</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/08/06-foto-portada.jpg" alt="Vicente Huidobro" width="245" height="320" />Chile aparece como un inmenso caballo muerto, tendido en las laderas de los Andes bajo un gran revuelo de cuervos.</p>
<p>El poeta inglés pudo decir: “Algo huele a podrido en Dinamarca”, pero nosotros, más desgraciados que él, nos veremos obligados a decir: “Todo huele a podrido en Chile”.</p>
<p>Un gran banquero alemán decía en una ocasión a un ex Encargado de Negocios de Chile en Austria: “Los políticos chilenos se cotizan como las papas”, y un magnate de las finanzas francesas decía otra vez, y esto lo oí yo: “Desde que a los políticos argentinos les dio por ponerse honrados, el gran panizo para los negocios es Chile”.</p>
<p>Y esos prohombres de la política chilena, esos señores que entregarían el país maniatado por una sonrisa de Lord Curzon y unos billetes de Guggenheim, no se dan cuenta que cada vez que esos hombres les dan la mano, les escupen el rostro.</p>
<p>¡Qué desprecio deben sentir los señores del cobre por sus abogados!</p>
<p>¡Qué asco debe sentir en el fondo de su alma en el amo de nuestras fuerzas eléctricas por los patrióticos tinterillos que defienden sus intereses en desmedro de los intereses del país!</p>
<p>Y no es culpa del extranjero que viene a negocios en nuestra tierra. Se compra lo que se vende; en un país en donde se vende conciencias, se compra conciencias. La vergüenza es para el país. El oprobio es para el vendido, no para el comprador.</p>
<p>Frente a la antigua oligarquía chilena, que cometió muchos errores, pero que no se vendía, se levanta hoy una nueva aristocracia de la banca, sin patriotismo, que todo lo cotiza en pesos y para la cual la política vale tanto cuanto sonante pueda sacarse de ella. Ni la una ni la otra de estas dos aristocracias ha producido grandes hombres, pero la primera, la de los apellidos vinosos, no llegó nunca a la impudicia de esta obra de los apellidos bancosos.</p>
<p>La historia financiera de Chile se resume en la biografía de unos cuantos señores que asaltaban el erario nacional, como Pancho Falcato asaltaba las casas de una hacienda. Pero aquéllos más cobardes que éste, porque el célebre bandido por los menos exponía su pellejo.</p>
<p>¡Pobre Chile! Un país que ha tenido por toda industria el aceite de Santa Filomena y los dulces de la Antonia Tapia.</p>
<p>(Chile tiene hierro, Chile entero es un gran bloque de hierro y no posee altos hornos. La Argentina no tiene hierro y tiene altos hornos).</p>
<p>¿Y la justicia?</p>
<p>La justicia de Chile haría reír, si no hiciera llorar. Una justicia que lleva en un platillo de la balanza la verdad y en el otro platillo, un queso. La balanza inclinada del lado del queso.</p>
<p>Nuestra justicia es un absceso putrefacto que empesta el aire y hace la atmósfera irrespirable. Dura o inflexible para los de abajo, blanda y sonriente con los de arriba. Nuestra justicia está podrida y hay que barrerla en masa. Judas sentado en el tribunal después de la crucificación, acariciando en su bolsillo las treinta monedas de su infamia, mientras interroga a un ladrón de gallinas.</p>
<p>Una justicia tuerta. El ojo que mira a los grandes de la tierra, sellado, lacrado por un peso fuerte y sólo abierto el otro, el que se dirige a los pequeños, a los débiles.</p>
<p>Buscáis a los agitadores en el pueblo. No, mil veces no; el más grande agitador del pueblo es la injusticia, eres tú mismo que andas buscando a los agitadores de abajo y olvidas a los de arriba.<br />
Las instituciones, las leyes, acaso no sean malas, pero nunca hemos tenido hombres, nunca hemos tenido un alma, nos ha faltado el Hombre.</p>
<p>El pueblo lo siente, lo presiente y se descorazona, se desalienta, ya no tiene energías ni para irritarse, se muere automáticamente como un carro cargado de muertos que sigue rodando por el impulso adquirido.</p>
<p>Hace días he visto al pueblo agrupado en torno a la estatua de O’Higgins. ¿Qué hacían esos hombres al pie del monumento? ¿Qué esperaban? ¿Buscaban acaso protección a la sombra del gran patriota?<br />
Tal vez creían ellos que el alma del Libertador flotaba en el aire y que de repente iba a reencarnarse en el bronce de su estatua y saltando desde lo alto del pedestal se lanzaría al galope por las calles y avenidas, dando golpes de mandoble hasta romper su espada de tanto cortar cabezas de sinvergüenzas y miserables.</p>
<p>No valía la pena haberos libertado para que arrastrarais de este modo mi vieja patria, gritaría el Libertador.</p>
<p>Y luego, como una trompeta, exclamara a los cuatro vientos: despiértate, raza podrida, pueblo satisfecho en tu insignificancia, contento acaso de ser un mendigo harapiento del sol, resignado como un Job que lame su lepra en un establo.</p>
<p>Los países vecinos pasan en el tren del progreso hacia días de apogeo y de gloria. El Brasil, la Argentina, el Uruguay ya se nos pierden de vista y nosotros nos quedamos parados en la estación mirando avergonzados el convoy que se aleja. Hasta el Perú hoy es ya igual a nosotros y en cinco años más, en manos del dictador Leguía, nos dejará también atrás, como nos dejará Colombia, que se está llenando de inmigrantes europeos.</p>
<p>¿Y esto debido a qué? Debido a la inercia, a la poltronería, a la mediocridad de nuestros políticos, al desorden de nuestra administración, a la chuña de migajas y, sobre todo, a la falta de un alma que oriente y que dirija.</p>
<p>Un Congreso que era la feria sin pudicia de la imbecilidad. Un Congreso para hacer onces buenas y discursos malos.</p>
<p>Un municipio del cual sólo podemos decir que a veces poco ha faltado para que un municipal se llevara en la noche la puerta de la Municipalidad y la cambiase por la puerta de su casa. Si no empeñaron el reloj de la Intendencia y la estatua de San Martín, es porque en las agencias pasan poco por artefactos desmesurados.</p>
<p>¿Hasta cuándo, señores? ¿Hasta cuándo?</p>
<p>Es inútil hablar, es inútil creer que podemos hacer algo grande mientras no se sacuda todo el peso muerto de esos viejos políticos embarazados de palabras ñoñas y de frases hechas.</p>
<p>Al día siguiente del 23 de enero, cuando el país estaba sobre un volcán, ¿saben ustedes en qué se entretenía una de las lumbreras de nuestra vieja politiquería, a quienes preguntaban militares qué opinaban sobre la designación de don Emilio Bello para ponerle al frente del Gobierno? En dar una conferencia de dos horas para probar que el nombramiento de don Emilio Bello era razonable, pues este caballero había sido Ministro de Relaciones cuando el General Altamirano era Ministro del Interior; por lo tanto, pasando el Ministro del Interior a la Jefatura del país, al Ministro de Relaciones le tocaba pasar al Interior, automáticamente, según las leyes, a la Vicepresidencia de la República, en caso de quedar vacante la Presidencia, y por lo tanto&#8230;, etc.</p>
<p>No se le ocurrió por un momento hablar de la competencia ni de la energía, ni de los méritos o defectos del señor Bello. El pobre estaba buscando argucias justificativas cuando se trataba de obrar rápidamente, hipnotizado por las palabras cuando había que saltar por encima de todo. Pobre atleta enredado en la madeja de lanas de una abuela cegatona, en los momentos en que la casa está ardiendo.</p>
<p>He ahí el símbolo de nuestros políticos. Siempre dando golpes a los lados, jamás apuntando el martillazo en medio del clavo.</p>
<p>Cuando se necesita una política realista y de acción, esos señores siguen nadando sobre las olas de sus verbosidades.</p>
<p>Por eso es que toda nuestra insignificancia se resuelve en una sola palabra: Falta de alma.<br />
¡Crisis de hombres! ¡Crisis de hombres! ¡Crisis de Hombre!</p>
<p>Porque, como dice Guerra Junqueiro, una nación no es una tienda, ni un presupuesto una Biblia. De la mera comunión de vientres no resulta una patria, resulta una piara. Socios no es lo mismo que ciudadanos. Al hablar de Italia decimos: la Italia del Dante, la Italia de Garibaldi, no la Italia de Castagneto, y es que el espirito cuenta y cuenta por sobre todas las cosas, pues sólo el espíritu eleva el nivel de una nación y de sus compatriotas.</p>
<p>Se dice la Francia de Voltaire, de Luis XIV, de Víctor Hugo, la Francia de Pasteur: nadie dice la Francia de Citroën, ni de monsieur Cheron. Nadie dice la España de Pinillos, sino la España de Cervantes. Y Napoleón solo vale más que toda la historia de la Córcega; como Cristóbal Colón vale más que toda la historia de Génova.</p>
<p>El mundo ignorará siempre el nombre de los pequeños politiquillos y comerciantes que vivieron en la época de los grandes hombres. Sólo aquellos que lograron representar el alma nacional llegaron hasta nosotros; de Grecia guardamos en nuestro corazón el nombre de Platón y de Pericles, pero no sabemos quiénes eran sus proveedores de ropa y alimentos.</p>
<p>En Chile necesitamos un alma, necesitamos un hombre en cuya garganta vengan a condensarse los clamores de tres millones y medio de hombres, en cuyo brazo vengan a condensarse las energías de todo un pueblo y cuyo corazón tome desde Tacna hasta el Cabo de Hornos el ritmo de todos los corazones del país.</p>
<p>Y que este hombre sepa defendernos del extranjero y de nosotros mismos.</p>
<p>Tenemos fama de imperialistas y todo el mundo nos mete el dedo en la boca hasta la campanilla. Nos quitan la Patagonia, la Puna de Atacama, firmamos el Tratado de Ancón, el más idiota de los tratados, y nos llaman imperialistas.</p>
<p>Advirtiendo de pasada que hubo un ministro de Chile en Argentina, el ministro Lastarria, que tuvo arreglado el asunto de la Patagonia, dejando a la Argentina como límite sur el río Negro, y este ministro fue retirado de su puesto por antipatriota. Tal ha sido siempre la visión de nuestros gobernantes. Los macucos tan maliciosos y tan diablos y sobre todo tan boquiabiertos.</p>
<p>Necesitamos lo que nunca hemos tenido, un alma. Basta repasar nuestra historia. Necesitamos un alma y un ariete, diré, parafraseando al poeta ibero.</p>
<p>Un ariete para destruir y un alma para construir.</p>
<p>El descontento era tan grande, la corrupción tan general, que dos revoluciones militares estallaron al fin: la del 5 de septiembre de 1924 y la del 23 de enero de 1925.</p>
<p>La primera giraba a todos los vientos como veleta loca, para caer luego en el mismo desorden y en la misma corrupción que atacara en el gobierno derrocado, echando sobre las espaldas de un solo hombre culpas que eran de todos; pero más que de nadie, de aquellos que, en vez de ayudarle, amontonaban los obstáculos en su camino.</p>
<p>La segunda, hecha por un grupo de verdaderos idealistas, se diría que principia a desflecarse y a perder sus rumbos iniciales al solo contacto de la eterna lepra del país, los políticos viejos.<br />
¿Hasta cuándo tendrán la ingenuidad de creer que esa gente va a enmendarse y cambiar de un solo golpe sus manías del pasado, arraigadas hasta el fondo de las entrañas, como quien se cambia un paletó?</p>
<p>Dos revoluciones llenas de buenos propósitos, pero escamoteadas por los prestidigitadores de la vieja politiquería, de esa vieja politiquería incorregible y con la cual no hay que contar sino para barrerla.<br />
El país no tiene más confianza en los viejos, no queremos nada con ellos. Entre ellos, el que no se ha vendido, está esperando que lo compren.</p>
<p>Y no contentos con tener la mano en el bolsillo de la Nación, no han faltado gobernantes que emplearan a costillas del Fisco a más de alguna de sus conquistas amorosas, pagando con dineros del país sus ratos de placer. ¿Y éstos son los que se atreven hablar de patriotismo? Roban, corrompen las administraciones y, como si esto fuera poco, convierten al Estado en un cabrón de casa pública.</p>
<p>¿Qué se puede esperar de un país en el cual al más grande de los ladrones, al que comete la más gorda de las estafas, se llama admirativamente: ¡Gallo padre!? Este es un peine, dicen, y lo dejan pasar sin escupirle el rostro.</p>
<p>Se dice que el robo lo tenemos en la sangre, que es herencia araucana. Bonita disculpa de francachela. Pues bien, si lo tenemos en la sangre, quiere decir que hay que extirparlo cortando cabezas. Por ahí sale la sangre. Si no hay más remedio, que salga como un río.</p>
<p>¡Que mueran ellos, pero que no muera el país!</p>
<p>Que suban al arca unos cuantos Noé y los demás perezcan en el diluvio de la sangre pútrida.</p>
<p>Como la suma de latrocinios de los viejos políticos es ya inconmensurable, que se vayan, que se retiren. Nadie quiere saber más de ellos. Es lo menos que se les puede pedir.</p>
<p>Entre la vieja y la nueva generación, la lucha va a empeñarse sin cuartel. Entre los hombres de ayer sin más ideales que el vientre y el bolsillo, y la juventud que se levanta pidiendo a gritos un Chile nuevo y grande, no hay tregua posible.</p>
<p>Que los viejos se vayan a sus casas, no quieran que un día los jóvenes los echen al cementerio.</p>
<p>Todo lo grande que se ha hecho en América y sobre todo en Chile, lo han hecho los jóvenes. Así es que pueden reírse de la juventud. Bolívar actuó a los 29 años. Carrera, a los 22; O’Higgins, a los 34, y Portales, a los 36.</p>
<p>Que se vayan los viejos y que venga juventud limpia y fuerte, con los ojos iluminados de entusiasmo y de esperanza.</p>
<p><strong><em>(*) Publicado como apéndice en el Ensayo Histórico de Mario Góngora.</em></strong></p>
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		<title>¿Para qué vivir? La enseñanza de Arturo Prat</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 18:50:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Él entregó su vida –fue al encuentro solemne con la muerte–, por esos bienes que llevaba consigo, amados sin mancha de egoísmo y simbolizados en esos objetos que portaba: Dios, patria y familia. El sabía que esos bienes eran, a fin de cuentas, los únicos por los que valía la pena vivir y, por eso mismo, los únicos por los que valía la pena morir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-57" title="José Luis Widow" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/jose-luis-widow.jpg" alt="José Luis Widow" width="200" height="253" /></p>
<p>Cuando el vigía de la Esmeralda alertó sobre la presencia de buques que entraban en la bahía gritando “¡humos al norte!”, que pocos minutos más tarde serían identificados como los dos más poderosos acorazados de la Armada del Perú, Arturo Prat tuvo tiempo para hacer almorzar a la tripulación y para sopesar en detalle la situación en la que se encontraba.<br />
La situación estrictamente militar era clarísima. Él, junto con Carlos Condell, comandaban los buques más débiles de la fuerza naval chilena, por lo que, si la lucha se basaba en las capacidades técnicas, poco y nada podían hacer frente a la potencia de los navíos del país del norte. La única alternativa que, aunque lejana, tenía alguna posibilidad de éxito era aquella que él mismo, sin pensar quizá que se concretaría, había mencionado al Almirante Williams cuando este partió a encontrar la escuadra enemiga: abordar el Huáscar. Sin embargo, esta alternativa, aunque la única que abría la posibilidad de hacer algún daño al enemigo, implicaba, casi con seguridad, su propia muerte. “Mientras yo viva… y si yo muero”, dijo a su tripulación en la arenga que pasara a la eternidad, adelantando esa posibilidad que él veía como de concreción muy segura.<br />
La decisión de enfrentar al Huáscar y no rendir la Esmeralda primero, y de abordarlo, después, aunque se explica, por supuesto, por el honor militar y el apego al deber de Prat, requiere, sin embargo, de más antecedentes para entenderla en toda su grandeza. Prat, el 21 de mayo de 1879 era un hombre joven: tenía 33 años. Estaba casado con una bellísima e inteligente mujer, a la que amaba profundamente y que respondía a ese amor con otro, quizá, aun más grande. Tenía dos hijos vivos, Blanca Estela y Arturo Héctor, ambos de cortos e inocentes años. Esperaba verlos algún día adultos, formados, con su propia familia y regalándole nietos. Más aun cuando había pasado por el peor trance que puede afectar a un padre: haber sufrido la muerte de su hija mayor, Carmela de la Concepción, cuando tenía breves nueve meses de edad. Prat, además, era un oficial muy bien considerado por su mando. Estaba desarrollando una carrera brillante. Era, también, abogado y aunque por su carrera naval no había podido ejercer asiduamente esta profesión, las veces que lo hizo, fue el mejor: conocedor del derecho, valiente para exponer sus argumentos, claro a la hora de hacerlo.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left;" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/muerte.jpg" alt="Muerte de Prat" width="200" height="300" />Estas circunstancias de la vida de Prat constituían una poderosa batería de razones humanas para desear vivir, para no morir. Hoy, donde el éxito profesional y el amasamiento de bienes económicos parecieran ser el norte de tantas vidas humanas, y no sólo consideradas en su individualidad, sino también en la vida política, la decisión de Prat de saltar al abordaje –a la muerte– suena muchas veces a locura. Los tiempos que corren parecieran excluir los heroísmos. Por ello, los héroes son incomprendidos, si no despreciados. ¡Es que están en las antípodas del que vive para su propio bienestar! Terminan por constituir estorbos que incomodan con sus demandas de grandeza la floja y tantas veces cobarde conciencia. El hombre pequeño no sólo es tal, sino que, por serlo, termina ignorando o despreciando o simplemente odiando al grande, al héroe. La acción de Prat es así incomprendida. Pareciera carecer de sentido. ¡Es que si es cierto que no debía rendir la Esmeralda, no era necesario que abordara el Huáscar!, argumentará el mundano. ¡Para qué morir!, gritará frívolo, ¡que nadie te echará en cara que vivas!<br />
Pero Prat aborda el Huáscar y salta a la muerte. Pero su acción no fue un sinsentido. Llevaba colgado en su cuello el escapulario de la Virgen del Carmen, la medalla de la Purísima y una reliquia del Corazón de Jesús. Lo sabemos, porque don Miguel Grau se los remitió a doña Carmela junto con la carta que le mandara para condolerse por la muerte de su esposo. En ellos estaba presente la fe de Arturo. Aquella que daría plenitud de sentido a cada uno de los actos de su vida, según bien lo revelan las cartas que le enviara a su esposa cada vez que su trabajo lo mantuvo lejos del hogar. Su decisión de saltar a la cubierta del buque enemigo, fue, antes que todo, una decisión de hombre cristiano.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-58" title="Combate Naval de Iquique" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2008/06/combate-naval-de-iquique.jpg" alt="Combate Naval de Iquique" width="200" height="136" />Prat salta a la muerte luego de haber arengado a su tripulación señalando que la patria debía permanecer en alto, flameando en la bandera que no se arría. Es que sabía que ella es la reunión de historia y afectos que dan forma concreta a la existencia humana.<br />
Pero Prat elige saltar a la muerte con la espada en la mano, simbolizando el mando, el orden, la eficiencia y la disciplina de su institución, la Armada de Chile, a la que ya tantas veces había servido con una entrega sin espacios para mezquindades.<br />
Prat salta a la muerte con tres fotografías en el bolsillo interior de su chaqueta: una es de su querida Carmela, las otras, de sus hijos. Es nuevamente Grau, ese gran caballero del mar, héroe a su turno, quien las envía a la viuda junto al anillo de matrimonio. En esas fotos y en ese anillo están los grandes amores de Prat en esta tierra.<br />
Prat, finalmente, saltó a su muerte vestido de gala, mostrando así el sentido de su sacrificio. Él entregó su vida –fue al encuentro solemne con la muerte–, por esos bienes que llevaba consigo, amados sin mancha de egoísmo y simbolizados en esos objetos que portaba: Dios, patria y familia. El sabía que esos bienes eran, a fin de cuentas, los únicos por los que valía la pena vivir y, por eso mismo, los únicos por los que valía la pena morir.</p>
<p><em><strong>José Luis Widow Lira</strong>, Profesor Universitario</em></p>
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