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	<title>VivaChile.org &#187; Sociedad</title>
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		<title>Nuestro camino al totalitarismo</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 00:10:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Los mismos ciudadanos han renunciado a preocuparse directamente por el bien común. Estamos preocupados de nuestro pequeño mundo de bienestar y con ello abandonamos las que son nuestras tareas y no las del Estado, permitiéndole a éste que se convierta en el gran suplantador de nosotros mismos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-1-autor.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9368" title="#1-foto-1-autor" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-1-autor.jpg" alt="" width="200" height="244" /></a>Si no recuerdo mal, cuando cayó la Unión Soviética, las fotos que comenzaron a llegar y que aparecían en los periódicos eran de personas derribando las estatuas que representaban el régimen recién terminado. Lo curioso era que no eran las estatuas ni de Marx, ni de Lenin ni de Stalin. Esas vinieron después. Las primeras fotos eran de personas derribando la estatua de un niño, cuyo nombre no recuerdo. El asunto que me importa destacar acá, es que la estatua de ese niño había sido erigida en cada ciudad y pueblo soviéticos como ejemplo de fidelidad al Partido: el niño había denunciado, en la escuela a la que asistía, a su padre, que en casa había realizado algunas críticas al sistema soviético.</p>
<p>Evidentemente ese niño no tenía culpa de lo que había realizado. Pero el hecho es que llegó a representar lo más odiado para los ciudadanos del socialismo soviético: la imposibilidad de confiar en nadie, incluidos los más cercanos, aun en el propio hogar. Para el Partido Comunista era importante, porque significaba el corte de la última ligadura de la persona con lo que ellos consideraban una estructura alienante, de manera que luego lo único que le quedaba era abandonarse en los brazos del Estado, a quien le entregaban vida y mente y aparentaban entregarle el corazón. Se configuraba de esa manera la sociedad más totalitaria en la historia de la humanidad.</p>
<p>El problema es que una sociedad puede perder sus lazos y confianzas naturales no sólo por la vía del terror, que es la que representaba el niño de marras.</p>
<p>El totalitarismo no se identifica necesariamente con el uso de medios de fuerza físicos por un gobierno para imponerse a sus súbditos. Tampoco es simplemente un gobierno injusto, sea oligárquico, tiránico o lo que sea, sino que va más allá: invade los ámbitos y sociedades menores en los cuales las personas desarrollan su vida, sin permitir que ellas tengan una vida diferente de la del Estado. El Estado es empresario, educador, deportista, etc. En los peores casos, el Estado llega incluso a ser iglesia y religión. Pero para esto, no se necesita siempre de la fuerza física. Basta con que se debiliten o desaparezcan los lazos naturales entre las sociedades menores que conforman la sociedad política. Basta que las personas por la vía que sea terminen por pensar que el estado es su semidios que les procura su bien y progreso.</p>
<p>Pareciera que hoy día la posibilidad de los totalitarismos de tipo violento como los comunistas se hubiera alejado, salvo quizá por la excepción de Venezuela y las rémoras de Cuba y China. Pero ¿es tan así con esos otros totalitarismos cuya vía parece ser más suave y atractiva? Trataré de mostrar que el totalitarismo, aunque bajo una forma más amable, sigue acechando y quizá lo tenemos más instalado de lo que creemos.</p>
<p>Escuchaba hace tiempo, no me acuerdo de quien, lo siguiente: si tu quieres cocer una rana viva, tienes dos posibilidades: una, que la agarres y la eches en la olla de agua hirviendo. Pero en este caso, la rana probablemente pegará un gran salto y, algo escaldada es cierto, podrá escapar y salvar la vida. La otra posibilidad es que metas a la rana en la olla, pero con agua fría y la vayas calentando muy de a poco. En este caso la rana morirá cocida, sin darse cuenta siquiera que la poco agua que en la que retozaba era su camino a la muerte. Pues bien, la Unión Soviética intentó la sociedad totalitaria de la primera manera. Así, después de largos 70 años y muy escaldados, sus ciudadanos pudieron saltar fuera de la olla. Mi temor es que hoy día estemos inmersos en un proceso que se asemeja más a la segunda forma, es decir, que nos tiene gozando en un caldo de agradable temperatura, pero que, sin que nos demos cuenta, nos esté cocinando de tal manera que nos está llevando a vivir bajo un totalitarismo que no hace sino conducirnos a la muerte, si no física, al menos sí cultural y moral.</p>
<p>Hoy pareciéramos estar tranquilos con nuestras vidas y con nuestra sociedad, porque de tarde en tarde elegimos nuestro presidente, nuestros parlamentarios y nuestros alcaldes. “<em>Somos una sociedad libre</em>”, pensamos orgullosos. Pero en realidad, si el estado, independientemente de si el gobierno de turno es diestro o siniestro, va ocupando paulatinamente los espacios que naturalmente son de los particulares, –de las familias, de los gremios, de las universidades, etc.– entonces, por muchas elecciones que tengamos, nos vamos convirtiendo en un país sujeto a un régimen totalitario.</p>
<p>¿Qué hay de la familia como el espacio natural de educación en los afectos y de los hábitos morales e intelectuales básicos? Todos sabemos que en Chile la familia está reducida a polvo. Basta el escalofriante dato de que en torno a un 60% de niños nace fuera del matrimonio. Esa cifra probablemente crecería si la referencia fuera al calor del amor conyugal de unos padres que han jurado amarse hasta la muerte y que más allá de las dificultades, mantienen su palabra. ¿Qué ocurre con esos niños?&#8230; probablemente en muchos casos sea el estado el que termine velando por ellos.</p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-22.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9369" title="#1-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-22.jpg" alt="" width="200" height="200" /></a>No es mi caso ni el de mis hijos, pensará usted. Es cierto, pero qué acerca de la poca preocupación de nosotros los padres por lo que aprenden nuestros hijos en la escuela, sea en historia, filosofía, biología, o simplemente en el patio. Nuestra falta de preocupación equivale a dejar espacios vacíos que alguien va a llenar. ¿El Estado? Probablemente. De hecho hoy es el estado el que determina todo, sí, todo lo que nuestros hijos aprenden en ciertas materias, por ejemplo, historia. Es el estado el que determina muchas –si no todas, en algunos casos– de las lecturas que nuestros hijos deber realizar. Es que mis hijos están en colegio particular, pensará alguno. Lo siento, pero no se salva. Lo que acabo de señalar vale también para ellos. Entre clases de derechos humanos, educación sexual, una historia tergiversada y una filosofía que si no está simplemente olvidada es más bien ideología, nuestros hijos están siendo educados por un estado que no cuenta para nada con la voluntad de los padres.</p>
<p>Por eso, ese mismo estado se atreve a imponernos la aberrante situación en que una niña de 14 años puede recibir asistencia contraceptiva o antivida sin la obligación de al menos comunicarlo a los padres. Y sucedió y no hicimos nada.</p>
<p>Por eso, ese mismo estado se atreve a imponer a las farmacias la distribución de un fármaco que los mismos fabricantes advierten que es abortivo. Y sucedió y no hicimos nada.</p>
<p>Y el estado nos va marcando que nuestra relación matrimonial  ya no es para siempre, aunque queramos y que nuestra familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer es un tipo más dentro de otros… Y no hacemos nada.</p>
<p>En fin, los ejemplos se podrían multiplicar. Pero más allá de ellos, me parece que el asunto es que hoy día, si bien las tendencias totalitarias del estado no tienen como vanguardia a los tanques con bandera roja, ello no significa que hayan desparecido. El asunto es que hoy ese totalitarismo –tan propio, por lo demás, de la concepción moderna de la política– encuentra facilidades especiales, porque los mismos ciudadanos han renunciado a preocuparse directamente por el bien común. Estamos preocupados de nuestro pequeño mundo de bienestar y con ello abandonamos las que son nuestras tareas y no las del Estado, permitiéndole a éste que se convierta en el gran suplantador de nosotros mismos. No puedo evitar acordarme de una frase que el padre Osvaldo Lira repetía en las décadas convulsionadas por la revolución comunista: hay mucha gente de derecha que si los comunistas les aseguraran su dinero en el bolsillo, votaría por los comunistas. ¿No será que hoy día, esa misma preocupación por nuestro puro interés privado, nos estará conduciendo a una sociedad totalitaria en la terminaremos cocidos como la rana? Probablemente, pero con una diferencia: nuestra inacción e indiferencia por las cosas comunes, por la <em>res publica</em>, equivale a que nosotros mismos somos los que nos arrojamos a la olla que será nuestra tumba.</p>
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		<title>Efectos imprevistos</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 00:09:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay una gran sombra de duda acerca de los alcances que pretenden darse a una unión civil de personas del mismo sexo, y con mayor razón al llamado “matrimonio homosexual”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-1-.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9364" title="#2-foto-1-" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-1-.jpg" alt="" width="200" height="298" /></a>Al mismo tiempo que luego de un acalorado debate, en Argentina se aprueba el matrimonio homosexual con posibilidad de adopción, y aquí se pretende dar el primer paso en este sentido mediante la regulación de las llamadas “<em>parejas de hecho</em>”, en este mismo orden de cosas, hace pocos meses se ha producido en Estados Unidos un preocupante caso, que sin duda llama a reflexión y debe ser tomado muy en cuenta para varios de los que defienden a brazo partido este tipo de legislaciones.</p>
<p>La situación es la siguiente: en 2002, en Vermont, dos mujeres pactaron una unión civil y con posterioridad, una de ellas, luego de someterse a una inseminación artificial, tuvo una hija. Un poco después, en 2004, ambas mujeres se separaron, puesto que la madre se convirtió al cristianismo, lo cual la motivó a abandonar el lesbianismo. Sin embargo, la otra mujer inició un proceso judicial solicitando la custodia de la hija de su ex pareja. El juez accedió, otorgándole amplios y generosos derechos de visita, a lo cual la madre desobedeció, al no querer que su hija tuviera contacto con un ambiente homosexual. De esta forma, ante su desacato, y puesto que la demandante no consideraba oportuno a su vez, que la niña tuviera la influencia de una atmósfera cristiana (la de su madre), el tribunal acabó concediéndole la custodia exclusiva. Finalmente, la madre biológica, indignada y temiendo por la formación de su hija, nuevamente desobedeció la sentencia y se encuentra prófuga con la niña, siendo, hasta donde sabemos, a la fecha su paradero desconocido.</p>
<p>En realidad, esta insólita situación muestra muy a las claras cómo una ideología puede literalmente cegar a la justicia, desvirtuándola en definitiva. Ello, porque parece absurdo darle más derechos a un ex conviviente, quien ha tenido un escaso contacto con el menor en disputa, que a su propia progenitora, lo cual incluso podría formar un precedente en tal sentido.</p>
<p>Esto, sin perjuicio de que la niña está siendo tratada como un simple objeto (lo que por lo demás, sin querer hizo también la madre, al inseminarse artificialmente), fruto de la irresponsabilidad, desconocimiento o deseos de las mujeres en pugna. Es por eso que lo que ha faltado de manera clara y escandalosa en todo este embrollo, es la consideración del interés superior de la menor.</p>
<p>Sin embargo, tal vez lo más chocante es que con esto surge una sombra de duda acerca de los alcances que pretenden darse a una unión civil (y con mayor razón, al llamado “matrimonio homosexual”): ¿pueden pasar sobre los legítimos derechos de los verdaderos progenitores de un menor? ¿Quiere decir, por tanto, que tiene más fuerza y legitimidad una simple declaración de voluntad que los lazos naturales? ¿A tanto llega el deseo de algunos de ir contra la realidad y el sentido común?</p>
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		<title>Los padres deben retomar el papel de líderes de autoridad</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 00:07:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Es una mala estrategia soltar la toalla frente a los hijos. Buena parte de los problemas de rendimiento escolar tienen su explicación en que los niños no tienen responsabilidades y límites claros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-13.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9353" title="#4-foto-1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-13.jpg" alt="" width="200" height="303" /></a>Dos son las recetas que entrega para la crianza de los niños: cariñosa firmeza y humor.</p>
<p>Sí, la psicóloga y master en Ciencias de la Familia, Mónica Bulnes de Lara, cree a pie juntilla que los padres deben inyectar una dosis de humor diario en su relación con los hijos para que la educación se haga más llevadera. Así lo plantea en su blog <strong><em>Pregúntale a Mónica</em></strong>  que cada vez se hace más conocido.</p>
<p>A su juicio, el optimismo facilita las cosas y logra mucho mejores resultados, porque hace que la educación diaria sea más llevadera y no se perciba por ninguna de las partes como algo que asusta.</p>
<p>Formar a los hijos es un tema que la mayoría de los padres enfrentan con angustia y dificultades y según Mónica uno de los problemas principales tiene en su origen a que éstos tienen temor de ejercer autoridad.</p>
<p>“<em>Tengo la firme convicción de que los papás somos responsables de un 90% de la mala conducta de los hijos. La provocamos nosotros muchas veces al hacer una mala estrategia o al no hacerla. Por eso, trabajo con los padres, porque atendiéndolos a ellos, milagrosamente se compone el hijo</em>”, explica.</p>
<p>La especialista señala que la generalidad de los padres llevan a sus hijos al psicólogo cuando presenta problemas de conducta o de autoestima y ella ha comprobado que es más efectivo trabajar sobre los padres para cambiar la dinámica familiar.</p>
<p>Agrega que hay una crisis de sobreinformación de algunos papás sobre el desarrollo de los hijos, lo que los lleva a asumir una actitud de miedo. “<em>Cuando un papá tiene miedo, suelta la toalla, si el niño se pone más rebelde, se retrae porque no vaya a ser que después se porte peor y no lo pueda controlar</em>”, dice. “<em>Y los hijos son muy buenos para detectar la duda, la inseguridad en sus padres y ahí a ganar territorio</em>”.</p>
<p><strong>-¿Qué implica esto?</strong></p>
<p>“<em>El problema es que los niños no saben manejar tanto poder, en un momento dado. Si los padres no fijan los límites claros y el niño se los toma, eso le causará mucha inestabilidad emocional porque ese no es el rol que debiera tener él</em>”.</p>
<p><strong>-O sea, ¿los padres y los niños están en procesos de angustia?</strong></p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-22.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9354" title="#4-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-22.jpg" alt="" width="200" height="200" /></a>“<em>Sí, creo que los papás, con su carga de trabajo, sienten una especie de culpa que provoca una ansiedad de no estar haciendo las cosas bien; y los hijos asumiendo responsabilidades y roles que no les corresponden porque los papás no los están tomando en un momento dado.</em></p>
<p><em>Lo que planteo es que los padres deben retomar el papel de líderes de autoridad sin ser autoritarios. No se trata de ser duros, yo hablo de cercanía, porque la relación es importantísima con los niños para que la adolescencia se vuelva una etapa encantadora en la familia. Para eso se tuvo que haber trabajado desde antes y se necesita que los niños sepan quien es la autoridad de la casa.</em></p>
<p><em>Eso del papá ‘cool’ lo ha confundido. No hay que ser amigo de los hijos, hay que llevarse muy bien con ellos, pero no ser amigo. Por eso mi lema es cariñosa firmeza; es una combinación entre un papá que sabe que tiene la autoridad pero está siempre cercano al diálogo con el hijo, sin excederse</em>”.</p>
<p>En este acápite, Mónica afirma que uno de los problemas que se presenta es que los padres dan demasiadas explicaciones. No se pueden pasar horas tratando de convencerlos esperando que los hijos les den la razón. “<em>Eso no va a ocurrir, no nos van a dar la razón. Normalmente el ‘es cierto, no es justo, pero es’, calla a un hijo. No se puede alargar la lucha de poder entre padres e hijos, lo que hace agotador a la relación</em>”.</p>
<p><strong>-Se ha instalado mucho la tendencia de la negociación con los niños.</strong></p>
<p>“<em>Nos fuimos al otro extremo; claro que en la formación es importante explicarle a los hijos lo que se le trata de enseñar, pero nos pasamos horas discutiendo. La función de puesto de un hijo es dar lata hasta obtener el permiso y la de los padres es no ceder, por eso no se debe enganchar en una eterna explicación. Se le explica el límite básico y se acabó y si insisten, se adoptan medidas, empiezan las consecuencias</em>”.</p>
<p><strong>-¿Qué pasa con las exigencias? Se les exige en el desempeño académico, pero no en otros aspectos de su vida como personas.</strong></p>
<p>“<em>Yo soy enemiga de castigar por notas, porque creo que un mal desempeño escolar es un síntoma ya sea de que haya estrés en el colegio o problemas en la casa; si el niño tiene una dificultad es un síntoma. Se debe tratar de entender el contexto de lo que está pasando para ver por qué cae el rendimiento. Los padres se enfocan en el desempeño escolar porque es en cierta forma una calificación a ellos como padres; si el niño tiene buenas notas, la madre debe ser buena mamá y si en cambio, está reprobando, seguramente la mamá está haciendo algo mal y eso provoca ansiedad.</em></p>
<p><em>Hay que tener también aceptación de cómo es el hijo</em>”.</p>
<p><strong>-¿Se abandonan las exigencias en otros planos?</strong></p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-32.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9355" title="#4-foto-3" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-32.jpg" alt="" width="200" height="275" /></a>“<em>En otros planos se ve que esta mal entendida la independencia, en permisos y otros. Se les libera de responsabilidades, que no hagan esto y aquello; ahí vienen las contradicciones como que no ayuden en nada en la casa y sólo se dediquen al colegio, pero si tienen mal desempeño viene la descarga de que eso era lo único que tenían que hacer. Los niños cumplen mejor en el colegio cuando tienen claros los límites de su vida, cuando tienen vida social con supervisión y no suelta.</em></p>
<p><em>Los niños han reportado, en múltiples estudios, que los papás permisivos son muestra de falta de interés y de cuidado. Cuando hay límites los repelen, pero al final, saben que se trata de cariño. Y el desempeño escolar mejora cuando todas las áreas están bien afianzadas, exigir sólo de un lado desequilibra las cuatro patas de la mesa</em>”.</p>
<p><strong>-¿Qué opinión te merece el fenómeno de los padres helicópteros, esos que están encima de todo?</strong></p>
<p>“<em>Conozco varias madres que hablan de ‘tenemos semestrales la próxima semana’ o ‘me saqué un siete en matemáticas’. El gran problema es que inutilizamos a los hijos; es bueno saber que tiene que hacer tareas, pero uno no se debe sentar al lado al hacerlas, porque sino el niño descarga la responsabilidad escolar en los padres.</em></p>
<p><em>Creo que hay que tener cercanía, pero no tomar el rol de un hijo, porque en la medida que lo hacemos por él, éste se pregunta ‘¿no soy capaz?’ y la autoestima comienza a decaer. La mejor pregunta es ‘qué hago este mes por mi hijo que él podría estar haciendo por sí solo’.</em></p>
<p><em>Se trata de estar presente, pero dejarlos a ellos asumir sus tareas, responsabilidades</em>”.</p>
<p><strong>-¿Podríamos decir que nos movemos entre dos extremos, la ausencia y la omnipresencia?</strong></p>
<p>“<em>Sí, definitivamente. Es complicado formar un hijo, hacer de un ser humano una persona íntegra, con una vida trascendente es complicado, y cualquier extremo es malo. Definitivamente si vas a pecar de algo yo apostaría por el cuidado que el descuido, ya que se viven muchos más efectos de la negligencia y abandono de los padres que de la sobreprotección, sin pasar a un extremo patológico. La idea es ‘aquí estoy, pero yo no lo hago por ti’. De esta forma se consigue que los adolescentes estén a cargo de sus estudios, de su PSU, de hacerse un futuro feliz, que es la lección más importante</em>”.</p>
<p><strong>-¿Los padres están mirando objetivos a corto plazo?</strong></p>
<p>“<em>Estamos resolviendo lo inmediato, la pataleta y no vemos que no estamos educando en la tolerancia a la frustración. No nos imaginamos que el niño que no puede esperar por la galleta, difícilmente espera después al trago, al cigarro y las relaciones sexuales. Claro, hoy tiene tres años y es encantador, pero va a tener 30 algún día y no vemos eso a largo plazo.</em></p>
<p><em>Hay que ver cómo lo que se le está enseñando o no hoy lo va a dejar cuando sea adulto. Sabemos que lo que queremos es que un día nuestros hijos no nos necesiten, por lo que todo debería estar dirigido hacia allá, pero a veces, no lo hacemos</em>”.</p>
<p>Mónica propone aquí una técnica que ayuda a enfrentar problemas: darle opciones a los niños, de manera que se les dé cierto poder pero siempre dentro de un marco de autoridad. Se trata de entrenar en la toma de decisiones de manera controlada.</p>
<p>“<em>Porque la verdad es más fácil ser mal papá que buen papá, es más fácil solucionar la pataleta dándole la galleta para que se calle, que lidiar con ella para que aprenda la lección. Los papás que gratifican inmediatamente, que no lidian con la disciplina, pagan los platos rotos, pagan con adolescencia bien conflictivas, con jóvenes adultos poco preparados para la vida real</em>”.</p>
<p><strong>-¿Existen los malos padres?</strong></p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-42.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9356" title="#4-foto-4" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/4-foto-42.jpg" alt="" width="200" height="136" /></a>“<em>Es muy poco popular mi postura, pero definitivamente sí aunque no sea con malas intenciones. Es verdad que a nadie le enseñan ser papá, pero hay padres que sueltan con facilidad la toalla porque se está cansado. Cuando nos ponemos en la postura de que nos está ganando la vida nos olvidamos que nosotros fuimos los que trajimos a los hijos al mundo y son nuestra responsabilidad. Aunque sea agotador, hay que cumplirle al hijo siendo autoridad, siendo líder. </em></p>
<p><em>Un mal papá que manejó mal la formación los primeros años, lo paga fuerte. Me dedico a ver padres con hijos fuera de control. Es una navaja con dos filos, porque si usamos malas estrategias y soltamos la autoridad pensando en aliviarnos en el momento, la avalancha viene después, tarde y temprano. Y eso se vuelve angustioso porque hay conductas que se pueden corregir y otras no, porque es demasiado tarde</em>”.</p>
<p><strong><em>Nota:</em></strong><em> Esta entrevista fue realizada por </em><em>María José Errázuriz y publicada originalmente por EMOL, <a href="http://www.emol.com">www.emol.com</a>.</em><em></em></p>
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		<title>Aprobación en Argentina del pseudo matrimonio homosexual, una lección para Chile</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 00:05:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Un parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales. No hacerlo es un acto gravemente inmoral.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/6-foto-12.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9346" title="#6-foto-1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/6-foto-12.jpg" alt="" width="200" height="133" /></a>Hemos visto abatirse sobre nuestros vecinos argentinos la desgracia de la aprobación del pseudo matrimonio homosexual. La legalización de tales uniones no aporta nada al bien común, cuya promoción es deber de la clase política. Por el contrario, la proliferación de estas uniones estériles por naturaleza será un factor más en la demolición de la familia, sin hablar de las persecuciones legales a que dará lugar contra quienes manifiesten su rechazo a ellas.</p>
<p>Asistimos a una sistemática demolición de la familia cristiana en nuestro País. Sin pretender hacer un elenco completo, podemos recordar algunos pasos. El fin de la censura a las películas y publicaciones trajo consigo la propaganda obsesiva del sexo. La descriminalización del acto homosexual. Lo siguió el divorcio. La generalización de una educación sexual hedonista y la propaganda y distribución masiva de preservativos y de la píldora. Todo esto viene conduciendo a una disminución de los matrimonios y a un aumento de las uniones libres, es decir, a la instauración del amor libre, una de las principales metas de la ideología marxista. Como si esto fuera insuficiente, el proyecto de uniones de hecho facilitará que las parejas heterosexuales no se casen.</p>
<p><strong>Concluyentes censuras de la Santa Sede a la agenda homosexual</strong></p>
<p>En relación a las uniones homosexuales la Congregación para la Doctrina de la Fe así se expresa: “<em>Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas. Así se perfeccionan mutuamente para colaborar con Dios en la generación y educación de nuevas vidas</em>“.</p>
<p>Más adelante agrega: “<em>El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso</em>.</p>
<p>“<em>En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales están condenadas como graves depravaciones…</em>” (cf. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10). <em>Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía sean personalmente responsables de ella; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. El mismo juicio moral se encuentra en muchos escritores eclesiásticos de los primeros siglos, y ha sido unánimemente aceptado por la Tradición católica</em>“.</p>
<p>El mismo documento señala el efecto perverso de estas leyes sobre la mentalidad de los más jóvenes: “<em>Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres</em>. <em>Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos. La legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial</em>“.</p>
<p>Analizando el problema desde el punto de vista del orden social, agrega: “<em>La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimoni</em>o”. “<em>Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.</em></p>
<p>“<em>Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personas. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia. No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta</em>“.</p>
<p><strong>Deberes de los fieles católicos en general, y de los Pastores muy en especial</strong></p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/6-foto-2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9347" title="#6-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/6-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="133" /></a>Finalmente, señala la obligación moral de los católicos en general y de los políticos en particular de oponerse a estas legislaciones: “<em>Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia</em>.</p>
<p>“<em>En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral</em>“.</p>
<p>Si tal obligación existe para todos los católicos, ella lo es mucho más aún para la Jerarquía Eclesiástica. Por lo que se vuelve más urgente la orientación de la Jerarquía a los católicos y su oposición a esos proyectos. <strong><em>Acción Familia</em></strong> hace un llamado a nuestros Pastores para que actúen a tiempo para impedir esta desgracia a nuestro país.</p>
<p>La Jerarquía Eclesiástica argentina dio un bello ejemplo con su actitud en estos días, pese a que esto se dio a último momento, cuando ya era muy difícil revertir la aprobación de una ley que tenía el apoyo del Ejecutivo y de la Cámara de Diputados.</p>
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		<title>La envidia como raíz del odio</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 00:04:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[La “envidia” no es otra cosa que la tristeza o el pesar del bien y de la felicidad del otro. Este artículo nos ayuda a descubrirla en más de un insospechado rincón de nuestro hábitat corriente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-12.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9342" title="#7-foto-1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-12.jpg" alt="" width="200" height="275" /></a>La envidia es considerada por el Aquinate como una de las raíces del odio. Ella es, desde el punto de vista fenomenológico, una “<em>mirada fascinante”</em>. ¿Qué es la “<em>fascinación”</em>? Es simplemente, según el diccionario, la acción de “<em>aojar</em>”, de emitir un mal a través de los ojos. ¿Hay en el acto comunicativo gentes que emiten maldad a través de sus ojos? ¿Hay personas que con su mirada maléfica influyen negativamente en el mismo acto comunicativo? Este es en síntesis el problema de la “<em>fascinación</em>”, en el que resalta, de un lado, el “<em>aojador</em>” o agente fascinador y, de otro lado, el que provoca la fascinación.</p>
<p>Es preciso referirnos al hecho de que en nuestras sociedades aparece con frecuencia una creencia inconsciente en una fuerza dispersa que, concentrada en algunos hombres, se emite por los ojos y perjudica a otras personas en su salud o en sus propiedades, impidiendo su felicidad en esta vida. Estos hombres son los “<em>fascinadores</em>”, pues emiten una fuerza que tendría la propiedad de dañar o consumir las cosas sobre las cuales se fija. Se estima entonces, también inconscientemente, que la pupila de este “<em>fascinador</em>” descarga sobre lo que mira una sustancia invisible, semejante al veneno de la serpiente. Cuenta Plutarco que Eutélidas tenía tanto poder negativo en sus pupilas que podía dañarse a sí mismo con sólo mirarse al espejo. Ese poder fue llamado por los latinos “<em>fascinum”</em> (de ahí nuestra palabra “<em>fascinación”</em>), que en castellano también se llama “<em>aojo o mal de ojo”</em>. Cuando el “<em>aojador</em>” encuentra una cosa viva y hermosa, buena, elevada, lanza contra ella la luz envenenada de sus pupilas y la hace languidecer paulatinamente, o incluso la mata. Al hombre sobre el que ha recaído el mal de ojo no podrá ya salirle bien ninguna tarea, ningún proyecto: lo que “<em>emprenda”</em> o realice le saltará en mil pedazos; hasta el futuro que estima queda amenazado. Los “<em>fascinadores</em>” suelen tener aspectos contrahechos o mostrar una fealdad física, especialmente la apariencia facial, la que se ve o que entra por los ojos.</p>
<p>El mal surgido del fascinador es provocado o inducido por las “<em>cualidades</em>” de otros hombres, estimadas como “<em>negativas”</em>: por algo aprehendido como un mal hubiera dicho Santo Tomás y, por tanto, motivo de aversión u odio. ¿Pero qué cualidades son estimadas aquí como “<em>negativas</em>” y provocadoras de la reacción maléfica de la “<em>fascinación</em>”? ¿Las buenas o las malas? Aunque parezca mentira, normalmente son las buenas.</p>
<p>Lo negativo y provocador es la inteligencia, la belleza, las cualidades, el bienestar que se ve, por ejemplo, en una persona. Este ser inteligente, capacitado o lleno de cualidades físicas, psíquicas y sociales es el “<em>provocador”</em>, el inductor: por su carácter presuntamente negativo, atrae el “<em>mal de ojo</em>” del “<em>fascinador</em>”.</p>
<p>Salta a la vista que el fascinador está atormentado en su interior por un sentimiento de odio especial, provocado por la “<em>envidia”</em>, la cual no es otra cosa que la tristeza o el pesar del bien y de la felicidad del otro. “<em>Envidia”</em>, etimológicamente, viene del verbo latino “<em>videre”</em> que indica la acción de ver por los ojos, y de la partícula in; de modo que “<em>invidere”</em> significa mirar con malos ojos, proyectar sobre el otro el mal de ojo. En nuestro caso, decir envidioso es decir fascinador del otro. De este modo se erige la envidia en raíz o madre del odio a la persona:<em> “invidia est mater odii, primo ad proximum”</em>, decía Santo Tomás.</p>
<p>El mundo antiguo conocía muchos caracteres de la envidia como pasión íntima. Entre los griegos es representada como una mujer con la cabeza erizada de serpientes y la mirada torcida y sombría. Su extraña mirada, junto con su tinte cetrino, tienen una explicación fisiológica normal, pues en el acto de envidiar sufre el hombre una acción cardiovascular constrictiva, la cual produce lesiones viscerales microscópicas, dificulta la irrigación sanguínea y la asimilación normal. La cabeza coronada de serpientes era símbolo de sus perversas ideas; en cada mano llevaba un reptil: uno que inoculaba el veneno a la gente; otro que se mordía la cola, simbolizando con ello el daño que el envidioso se hace a sí mismo.</p>
<p>La filosofía clásica encontró fenomenológicamente al menos <em>seis</em> características en el “<em>envidioso</em>”.</p>
<p>Primero, al “<em>envidioso</em>” le produce pesar o descontento el bienestar y la fortuna de los demás: “<em>invidia est tristitia de bono alterius, inquantum aestimatur diminuere gloriam propriam”</em>. Por ejemplo, él ve los bienes del otro, pero no las dificultades inherentes a su conducta, ni las privaciones y desventajas que ha tenido que superar para conseguirlos.</p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-21.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9343" title="#7-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-21.jpg" alt="" width="200" height="349" /></a>Segundo, el envidioso es una persona próxima al provocador: próxima en espacio y en fortuna. Yo no puedo envidiar a un Rockefeller, pero sí a don Próspero, el charcutero de mi barrio, que se está enriqueciendo. Y si a don Próspero se le rompiere una pierna, me consolaré pensando que ahora podría yo andar mejor por la vida. La gran desigualdad provoca admiración, mientras que la desigualdad mínima provoca envidia y ojeriza: “<em>invidia non est inter multum inaequales, sed ad illos tantum, quibus potest quis se aequare vel praeferre”</em>. El estudiante que se dirige a pie desde su barrio a la Universidad, odia solo un poquito al compañero que va montado en un modesto automóvil; pero el dueño de ese automóvil se muere de envidia cuando es adelantado por un vehículo deslumbrante y de afamada marca. A veces lo envidiado es igual o parecido a lo que el envidioso tiene; pero la imaginación inconsciente lo deforma y lo agranda. Por eso dice el refrán que el envidioso hace de los mosquitos elefantes.</p>
<p>Tercero, lo que al envidioso le molesta no son tanto los valores materiales del otro, sus cosas, cuanto la persona misma poseedora de esos valores. Aunque siente el bien del otro como mal propio, dirige un odio mucho más profundo a la persona que tiene el bien: su mal propiamente dicho es aquella persona colmada de tantos bienes. Y por eso dirige contra el otro una parte de su carga agresiva, queriendo anularlo: no pretende obtener sus bienes, sino destruirlos y, a ser posible, destruirlo a él también. Su envidia es sádica; viene a decir: “<em>si yo no puedo tener eso, haré que no lo tengas tú</em>&#8220;.</p>
<p>Cuarto, cuanto más favores, atenciones o regalos haga el provocador al fascinador, más fuerte será en éste el deseo de eliminar a aquél, pues la dádiva le recordará siempre que él está en un grado inferior o de carencia. Y aun cuando se lograra una perfecta justicia igualitaria, siempre quedaría la desigualdad de inteligencia y de carácter, la cual sería motivo de envidia.</p>
<p>Quinto, como la mayoría de las veces el fascinador no puede destruir al otro y, además, no puede soportar la idea de que le sobrevivan las personas afortunadas, dirige contra sí mismo la otra parte de ese odio agresivo: no sólo quiere destruir al otro, sino destruirse a sí mismo; es autodestructivo, autodevorador, siendo su lema: “<em>¡prefiero morirme antes que verte feliz!</em>”. El fascinador es también masoquista. De ahí que digamos que alguien se muere de envidia.</p>
<p>Sexto, el fascinador nunca descansa: ni siquiera la expropiación forzosa de la fortuna del otro, en sentido igualitario, logra apagar su envidia. Por eso, si la envidia fuese fiebre, todo el mundo habría muerto, dice el refrán.</p>
<p><strong><em>Notas</em></strong><em>:</em></p>
<p><em>Este artículo corresponde a la transcripción de unas pocas páginas del libro “El éxtasis de la intimidad. Ontología del amor humano en Tomás de Aquino” (Ed. Rialp 1999).</em></p>
<p><em>Este artículo fue publicado originalmente por Arvo,<a href="http:// www.arvo.net"> www.Arvo.net</a>.</em></p>
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		<title>¿Por qué tenemos pocos hijos?</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 00:01:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[La incertidumbre de dar a los hijos una educación y formación académica de calidad junto al debilitamiento del matrimonio hacen que en Chile se tengan pocos hijos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/10-foto-1-autor.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9332" title="#10-foto-1-autor" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/10-foto-1-autor.jpg" alt="" width="200" height="267" /></a>La tasa de natalidad en Chile, de 1,9 hijos por mujer en edad fértil, no permite la reposición generacional. De no revertirse esta tendencia, el envejecimiento de nuestra población será una preocupante realidad.</p>
<p>Aunque a nivel global una de las principales causas de este fenómeno es la mayor incorporación de la mujer al trabajo remunerado, en nuestro país no sucede así. La tasa de participación femenina en el mercado laboral chileno es baja comparada con otros países de América y de la OCDE que tienen tasas de natalidad más altas o similares a la nuestra.</p>
<p>Reflexionemos, entonces, sobre qué otras causas inciden en esta tendencia a la baja de los nacimientos. Una de las principales es el alto costo que tiene en Chile una educación de calidad. Los padres de hoy están temerosos de traer más hijos al mundo por la incertidumbre de poder darles una buena formación académica y, por ende, un buen futuro. Hay que asegurar a los padres el acceso de sus hijos a la excelencia educativa, misión que debe realizar el Estado, mejorando el sistema actual. Algo positivo podría ser el subsidio directo a las familias para que puedan libremente elegir el colegio que quieren para sus hijos; asimismo, un mayor acceso a crédito estatal para costear estudios superiores, sean en entes públicos o privados.</p>
<p>Hay también otros motivos que influyen en el miedo a tener más hijos. Éstos son más sutiles y tienen que ver con la manera de ver la vida y los valores en los que ella se sustenta. El materialismo y el consumismo nos van penetrando en forma silenciosa. “<em>Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales</em>” es una premisa que está en nuestro inconsciente. Creemos que mientras más cosas damos a los hijos los haremos más felices, seguros y les evitaremos frustraciones y dolores. Tal vez, lo que necesita nuestro hijo es más presencia nuestra y compañía de hermanos con los cuales compartir y jugar.</p>
<p>Por otro lado, el individualismo imperante nos hace pensar en nuestra satisfacción personal por encima de cualquier otro bien. Los hijos implican renuncias, sacrificios y postergaciones que no estamos dispuestos a realizar.</p>
<p>Otra causa importante es la inestabilidad de las familias. El debilitamiento del matrimonio y la precariedad de las relaciones de pareja hacen poco atractivo tener hijos. Es tan alta la posibilidad de que las uniones no perduren, que para qué complicarse. Si queremos ser más, depende del Estado que contemos con medios para fortalecer la familia y la estabilidad del matrimonio, y depende de nosotros que nos atrevamos a romper la tendencia.</p>
<p><strong><em>Nota:</em></strong><em> Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio.</em></p>
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		<title>Libertad de conciencia y fidelidad a la conciencia</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 00:10:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Vida]]></category>

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		<description><![CDATA[Bajo el discurso actual se está poniendo un apresurado énfasis en la libertad de conciencia sin partir antes por transmitir una concepción robusta de la conciencia, de lo que hay que estar dispuestos a perder siguiéndola.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9276" title="#1-foto1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto1.jpg" alt="" width="200" height="259" /></a>Hace algo más de un año fuimos testigos de cómo alcaldes y otros funcionarios públicos que consideraban abortiva la píldora del día después buscaron ampararse en la libertad de conciencia para no tener que distribuirla. Hoy comienza –de un modo muy anticipado– a afirmarse que en caso de que lleguemos a tener una legislación que permita el aborto, los médicos deberían poder ampararse en la libertad de conciencia para no practicarlo. En ambos casos parece tratarse de una propuesta razonable: si se reclama libertad de conciencia para tantas otras cosas, ¿cómo no va a ser justo concederla también a quienes están preocupados por el respeto a la vida humana? Parecería un modo sencillo de garantizar “<em>derechos humanos para todos</em>”. Con todo, creo que esto merece ser evaluado críticamente: si se trata de un buen argumento, al menos debiera sorprendernos lo inusual que ha sido en 2.000 años de cultura cristiana.</p>
<p>¿Pero es un buen argumento? A quienes lo enarbolan creo que corresponde preguntarles si lo que buscan es mantener limpias sus propias manos o buscar un cambio cultural respecto del respeto a la vida. Por cierto, ninguna de estas cosas está mal: mantener limpias las propias manos –y la propia alma– ya es gran cosa. Pero si se hace de este modo, será sólo a la defensiva. Y actuar a la defensiva en este tema puede ser una forma, aunque sea mitigada, de individualismo. Revestirlo con la noble palabra “<em>conciencia</em>” es darle un aura de grandeza que tal actitud no merece. Pero –se nos responderá– si las prácticas abortivas llegan a ser amparadas por la ley, ¿hay acaso alternativa? La respuesta a eso depende de cuánto estamos dispuestos a arriesgar. Y dejémoslo claro desde ya: apelar a la libertad de conciencia meramente para abstenerse de participar en tales prácticas es un indicio de que se es “<em>pro-vida</em>”, pero que no se está dispuesto a arriesgar nada por tal convicción. Ahora bien, el objeto de estas líneas no es burlarnos de la debilidad de quien se encuentre en tal posición, pues escribo con conciencia de no ser nadie para exhortarlos a mayor valentía. Pero sí creo que hay algunos consejos saludables que se puede dar a tales personas si les importa esta causa: quien se considere incapaz de arriesgar algo debiera cultivar un bajo perfil, debiera cuidarse de no ser parte de la cara visible del movimiento pro-vida, y debiera procurar no revestirse de títulos de mártir.</p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-21.jpg"><img class="alignleft" title="#1-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-21.jpg" alt="" width="200" height="267" /></a>Porque si verdaderamente vamos a producir un cambio cultural, lo que necesitamos es eso: mártires. Con eso me refiero simplemente a personas dispuestas a dar testimonio arriesgando al menos “<em>algo”</em>. ¿La vida? Partamos por algo más sencillo: el trabajo. Comprendo que para nuestro aburguesado cristianismo esto suena completamente inconcebible, pero pido considerar la siguiente situación hipotética. Si existe un 10% de alcaldes adversos a la píldora y un 30% de médicos contrarios al aborto, ¿qué efecto tiene sobre la opinión pública que unos y otros se amparen en la libertad de conciencia? Es difícil pensar en algún efecto positivo. Si tiene algún efecto es más bien el de contribuir a la legitimación de tales leyes, que al conceder tal libertad no parecen “<em>imponer</em>” nada. ¿Cuál sería, por el contrario, el efecto de un alto porcentaje de alcaldes y médicos perdiendo su trabajo –o mostrándose al menos dispuestos a arriesgarlo– por lo que en conciencia consideran no poder hacer? Creo que viendo tales testimonios hasta el más empedernido abortista tendría que reconocer que se equivocó al decir que esta gente sólo buscaba imponer su opinión, que estamos ante un tema muy serio, y que quienes se han mostrado dispuestos a perder algo sí merecen vestirse con la palabra “<em>conciencia</em>”. Y la reacción del amplio público indeciso, fluctuante, confundido, podría ser tanto más positiva. Pero bajo el discurso actual se está poniendo un apresurado énfasis en la libertad de conciencia sin partir antes por transmitir una concepción robusta de la conciencia, de lo que hay que estar dispuestos a perder siguiéndola. Nos quedamos así con una bandera vacía: libertad de conciencia sin conciencia, y esta bandera sirve para organizar desde ya un <em>modus vivendi</em> que nos permita estar tranquilos en un eventual país abortista –eventualidad que no parece horrorizarnos mucho, dado el apuro por ponernos el parche antes de la herida.</p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/1-foto-21.jpg"></a>En los albores de la modernidad incluso Locke tenía claro que en situaciones como ésta los súbditos deberían más bien estar preparados para seguir a sus conciencias, pero “<em>aceptando pacíficamente los castigos que la ley penal imponga a tal desobediencia</em>”. Quien, en cambio, no está dispuesto a poner en juego su propiedad, su libertad o su misma vida –diagnosticaba con razón el padre del liberalismo–, “<em>sólo finge estar actuando en conciencia</em>” (<em>Ensayo sobre la tolerancia</em>). Si los cristianos de hoy no estamos dispuestos a ir al menos tan lejos como Locke –lo cual es muy poco pedir– al menos debiéramos ser honestos y eliminar la palabra conciencia de nuestro vocabulario.</p>
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		<title>Sobre el orden del alumno y la autoridad del profesor en la sala de clases</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 00:09:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[La dimensión moral de la educación es tarea primariamente de padres. Sin embargo, en la sala de clases, un buen profesor puede y debe cooperar, ayudando en la adquisición de hábitos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9269" title="#2-foto-1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-1.jpg" alt="" width="200" height="183" /></a>La obra educativa del profesor en el colegio no es lo mismo que la de los padres en el hogar. Lo propio del profesor es la formación académica, enseñar lo que los padres no pueden dar a sus hijos (ciencias, artes, formación deportiva, etc.). La dimensión moral de la educación, que es fundamentalmente la formación del niño en la virtud moral, es tarea primariamente de padres. Sin embargo, en la sala de clases, un buen profesor puede y debe cooperar también con los padres ayudando en la adquisición de hábitos, sin los cuales, por otra parte, no puede propiamente enseñar. Y respecto de este tema queremos aportar algunos elementos para la reflexión sobre la educación.</p>
<p>Para que se constituya verdaderamente una clase, además de la ciencia en el profesor, se requiere necesariamente el orden del alumno en la sala. Orden interior, una cierta serenidad del alma, por la regulación racional de las tendencias causada por la virtud moral. Y orden exterior, dado por aquellos hábitos propios de la vida escolar – puntualidad de la clase; orden, limpieza y belleza en la sala; pulcritud de cuadernos y textos, corrección en el lenguaje, en la presentación personal y el uniforme; cumplimiento de normas y silencio del alumno, etc. – que, sumados, manifiestan interiormente al niño que se encuentra en algo serio y bueno para él. Ciertamente, es fundamental que el profesor tenga ciencia de lo que enseña, sin lo cual no se suscita en el alumno la admiración y el amor por esa verdad, condición necesaria para el inicio de la dinámica educativa. Pero también es cierto que sin el orden mencionado, por muy verdadera que sea la clase, el niño no valora, ni siquiera se entera de lo que se está presentando.</p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9270" title="#2-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="151" /></a>Sin el orden exterior mencionado el alumno no se da cuenta de que está en algo valioso, la sala de clases no le aparece como un lugar en que vale la pena estar, porque allí se encuentra con lo que es noble, bello y verdadero. El profesor, en cuanto profesor, no será respetado y la clase será apreciada, en el fondo, como algo vulgar en la cual el fin será buscar constantemente poder divertirse, divagar con su imaginación y memoria sensible o, simplemente, descansar. Por otra parte, la falta de aquel orden interior, más difícil de alcanzar porque es resultado de virtud moral, y que se manifiesta en la forma de ese “<em>ruido interior</em>” que son las pasiones desordenadas (deseos, aversiones, iras, melancolías, tristezas, temores, odios, etc.), impiden la atención, concentración y activa aplicación de la mente a la consideración de la verdad significada en lo que ve, oye y lee en la clase. Podría darse orden exterior en una sala y un niño, en ella, estar incapacitado para estudiar y aprender por falta de ese orden más profundo, que es el interior.</p>
<p>Ahora bien, en relación al orden hay dos elementos conexos y absolutamente esenciales en la educación, que son la obediencia y la autoridad. El orden es consecuencia de la obediencia del estudiante y de la autoridad del profesor. La obediencia es una de las virtudes fundamentales en la formación de la persona y consiste, esencialmente, en ponerse voluntariamente bajo la palabra directiva de otro o, mejor, dejarse conducir por el superior. Obedecer supone humildad y reconocimiento de la verdad de la autoridad, y hace crecer mucho en libertad, pues, subordinar voluntariamente el propio deseo o querer a la palabra del superior causa ese aumento progresivo del dominio de sí mismo, que es la libertad. Es evidente, por el contrario, que el cumplimiento irrestricto y constante del propio deseo produce cada vez más dependencia respecto de circunstancias pasionales, debilidad de carácter y un ensimismamiento tal, que hacen muy difícil una vida moral plena y, por lo mismo, profunda y fecunda vida intelectual. Sin la convencida y esforzada obediencia del niño a la palabra verdadera de su autoridad, no adquiere aquellos hábitos escolares y virtudes morales, por los cuales se constituye en él aquel orden interior de sus tendencias, indispensable para la aplicación serena y constante de sus facultades cognoscitivas al estudio.</p>
<p>Pero la obediencia presupone autoridad. Tiene naturalmente autoridad todo aquel que, en virtud de su estado (padre, profesor, etc.), debe ordenar la vida de aquellos que están bajo su cuidado. Sin embargo, existe una autoridad sobreañadida, llamada “<em>moral</em>”, espontáneamente reconocida y que no necesariamente está presente en aquel que es autoridad por su estado. Esta última es necesaria para lograr convencida obediencia o, por lo menos, disposición a la obediencia, en la obra de la educación.</p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-3.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9271" title="#2-foto-3" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-3.jpg" alt="" width="200" height="200" /></a>No es autoridad, en este segundo sentido, el que meramente dice lo que todos dicen, o impone con violencia su querer, sino aquel que dice una palabra verdadera realmente entendida, y vive en coherencia con ella. Lo que mueve interiormente al niño no son tópicos o frases verdaderas dichas sin pensamiento, diríamos un “<em>formalismo verbal pedagógicamente correcto</em>” pero carente de actividad intelectiva que permita decir verdad desde sí mismo; ni tampoco la sola amenaza de castigo, y menos la violencia. Le mueve interiormente, aunque le cueste cumplirlo en su vida, la verdad reconocida en aquel que la dice con autoridad. Más aún, se entera profundamente de que es verdadero, y que se puede realizar, cuando ve que esa persona vive coherentemente y en paz según la palabra que dice. Y nos referimos a la verdad entendida y pensada tanto de los contenidos enseñados en las asignaturas, verdad que mueve al niño al estudio serio y, también, a la verdad sobre la vida moralmente recta, que le mueve a la virtud y la obediencia.</p>
<p>La profunda y serena convicción sobre la verdad de lo que es el bien intelectual y moral de sus alumnos, que es fruto de pensamiento y amor a los que enseña, es el fundamento de la consistencia y perseverancia del profesor en el ejercicio de su autoridad. Permanencia y constancia en el decir verdadero, y en la exigencia cotidiana del orden establecido y de las normas de la clase. Sin esto no logra la obediencia de su alumno, porque no le reconoce como autoridad. Y sin obediencia, tampoco se da el orden, interior y exterior, necesario para que se constituya verdaderamente una clase seria en la que realmente se pueda aprender.</p>
<p>Hoy encontramos dos errores graves que destruyen la autoridad. Uno es el relativismo y, otro, la falsa reducción del ejercicio de la autoridad al autoritarismo. Respecto del primero, es muy claro que ningún profesor verdaderamente relativista podrá propiamente enseñar en aquellas materias en las que, actualmente, se cree que todo es relativo (religión, filosofía, ética, historia, arte, etc.). Y, en cuanto relativista en el plano moral, tampoco podrá sostenerse, por falta de convicción interna, en el ejercicio constante de su autoridad en relación a los hábitos y exigencias disciplinares de los alumnos; sobre todo si se añade el esfuerzo y sacrificio que implica, tanto en el alumno como en el profesor.     </p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-4.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9273" title="#2-foto-4" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/2-foto-4.jpg" alt="" width="200" height="150" /></a>Y en cuanto a lo segundo, es cierto que el autoritarismo, como ejercicio violento de la autoridad, es reprobable. Pero no es verdad que ejercer autoridad sea sinónimo de autoritarismo. Sólo es violento para un niño el ejercicio injusto de autoridad, ese que le impide actuar en conformidad con el orden de su naturaleza, como cuando se le prohíbe ser pudoroso o rezar, o aquel que le mueve derechamente a actuar en contra de dicho orden, como la moción a la impureza o a la desobediencia a sus padres. Pero que el niño se resista, “<em>pataleando</em>”, o sufra el esfuerzo que implica realizar el bien arduo que se le manda, y evitar lo placentero ilícito que se le prohíbe, supuesto el modo debido en la exigencia, no significa que padezca violencia. En realidad, es lo que en el fondo espera de su educador, porque es lo que íntima y naturalmente quiere hacer, a pesar de la resistencia que le opone la obscuridad y debilidad de su naturaleza, en cuanto (y sólo en cuanto) herida por el pecado. Y es lo que agradecerá inmensamente cuando haya sido educado, porque gracias a esa  ordenación de su vida que, con amor y sacrificio le regaló su autoridad, pudo obedecer, adquirir hábitos académicos, virtudes morales y, por lo mismo, estudiar y aprender de verdad.</p>
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		<title>La tolerancia no es una virtud moral</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 00:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[La tolerancia es, siempre, una postura frente a un mal. Es siempre una molestia, y el nivel de aceptación está relacionado con el asunto a tolerar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/6-foto-11.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9252" title="#6-foto-1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/6-foto-11.jpg" alt="" width="200" height="200" /></a>Algunas corrientes de pensamiento relacionadas con los movimientos de los derechos humanos de los homosexuales, presentan a la tolerancia como una virtud moral y un ideal humano supremo, cuya práctica es recomendada como condición y fundamento de la paz y la convivencia sociales. El diccionario nos aclara que se trata de “<em>respetar a las ideas, creencias y prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias</em>”. En un comentario sobre el tema, un estudioso de la materia, el “<em>analista criminal</em>”, Franklin Hernández, amplió por su cuenta el alcance de la definición del diccionario y, a renglón seguido de la breve definición oficial añadió que <em>“(tolerancia) es la actitud que una persona tiene respecto a aquella que es diferente a sus valores</em>” (“<em>Alcance ese nivel de tolerancia</em>”/ La Prensa, 04-07-10). El diccionario, sin embargo, no se refiere a persona alguna “<em>diferente</em>”, como se emplea en el lenguaje de género. Añade el comentarista que tolerancia “<em>es la capacidad de escuchar y aceptar a los demás, comprendiendo el valor de las distintas formas de entender la vida</em>”. Es esta una definición temeraria si tomamos en cuenta que “<em>la forma de entender la vida</em>” de un delincuente es diferente a la gente normal. Los homosexuales, por su parte, no solamente se consideran “<em>diferentes</em>”, sino que demandan a la sociedad que su caprichosa forma de entender la vida sea tolerada y merecedora de derechos especiales, aunque se cause daño o perjuicios a los demás.</p>
<p>El diccionario de la <em>RAE</em> añade que tolerancia significa “<em>sufrir, llevar con paciencia</em>”, y “<em>permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente</em>”. También significa; “<em>resistir, soportar, especialmente un alimento o una medicina</em>”.</p>
<p>La tolerancia es, siempre, una postura frente a un mal. La tolerancia pone a prueba, usualmente, nuestros conocimientos del <em>Libro de Carreño</em>, sobre la buena educación en el trato de las personas. Pero, la tolerancia es, siempre, una molestia, y el nivel de aceptación está relacionado con el asunto a tolerar.</p>
<p>Entonces, ¿el intolerante es la persona “<em>capaz de cometer cualquier acción o conducta que vaya en contra de la moral o buenas costumbres de la sociedad</em>”? como dice el autor citado, obviamente comprometido con la ideología de género. No hay duda alguna que esa temida “<em>cualquier acción o conducta que vaya contra la moral o buenas costumbres</em>”, realizada por personas ofendidas, puede estar bien merecida, y no necesariamente representar un delito. O sea que quien defienda el honor ultrajado de su esposa, ¿es un intolerante?</p>
<p>Me parece que así como hay tolerancias y tolerancias, hay también intolerancias e intolerancias. Quizá quien eleva la tolerancia a niveles de virtud suprema, ¿toleraría que a un hijo suyo lo trate de pervertir un amigo, un maestro o un vecino? Los defensores de la tolerancia absoluta, ¿tolerarían a un pedófilo, o a un corruptor de menores, en nombre de los derechos humanos y la paz social? La violencia familiar no debe ser tolerada ni por las víctimas ni por la sociedad. ¿Hasta qué grado –si lo hay– puede tolerarse la delincuencia? Frente a la ola de violencia en la sociedad en numerosos países, ¿acaso no se aplaudió la consigna de “<em>tolerancia cero</em>”? La opinión pública y la sociedad civil deben mantenerse alertas frente a estas manipulaciones del lenguaje revestidas de engañosos mensajes que ocultan perversas intenciones en nombre de la tolerancia, erigida, ésta, en virtud suprema de la conducta humana, según la cartilla dogmática del laicismo global, impulsado por la ONU y que amenaza a la civilización de raíces cristianas.</p>
<p><strong><em>Nota</em></strong><em>: Este artículo fue publicado originalmente por Análisis Digital, <a href="http://www.analisisdigital.com">www.analisisdigital.com</a>.</em></p>
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		<title>Fútbol y cantares de gesta</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 00:04:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>paola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En los comentaristas se advierte un inesperado contagio del lenguaje religioso en esta España que suponíamos ya laica y secularizada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-11.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9248" title="#7-foto-1" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-11.jpg" alt="" width="200" height="135" /></a>El triunfo del fútbol español en el Mundial de Sudáfrica ha acabado con la teoría de desaparición de los grandes relatos en la sociedad actual, por lo menos en la española. Por mucho que se hable del desencanto de la postmodernidad, un solo gol ha sido el detonante para que saltara la espita de un entusiasmo reprimido. De repente, vuelve el lenguaje de héroes, hazañas y epopeyas. En este mundo de ideologías moribundas y tradiciones fallidas, la vida vuelve a tener sentido y propósito.</p>
<p>Ya se sabe que el léxico de los cronistas deportivos tiende a la hipérbole y a la exuberancia. Pero en este caso hasta los editoriales de la prensa más seria desprenden no solo la natural alegría, sino el entusiasmo y la solemnidad de las grandes ocasiones que vieron los siglos.</p>
<p>“<em>Acaba el mes que cambió nuestras vidas</em>”, escribe el cronista de <em>El Mundo</em>, mientras que para el del <em>Marca</em> se trata de “<em>la noche más feliz de nuestras vidas</em>”. El de <em>El País</em> asegura que este éxito es “<em>la epopeya que le faltaba al deporte español, que vive en la gloria tras una catarata de bienaventuranzas</em>”. Ya seamos “<em>reyes del mundo</em>” (<em>Marca</em>) o simplemente “<em>campeones del mundo</em>”, todos coinciden en que nuestras esperanzas han sido colmadas, después de tantas frustraciones futbolísticas, debidas a las parcas del deporte.</p>
<p>Pero es que, además, nunca un triunfo fue tan oportuno para curar la melancolía nacional. Antes del Mundial de Sudáfrica éramos los campeones europeos del desempleo, con una solvencia que nos incluía en el poco glorioso grupo de los <em>PIGS</em>, mientras las agencias de raiting ninguneaban nuestra deuda pública. Ahora, incluso en lo económico el triunfo futbolístico va a ser un estímulo más poderoso que cualquier paquete de apoyo del gobierno. Tendremos que seguir apretándonos el cinturón, pero al menos será un cinturón con los colores nacionales y la leyenda “<em>somos campeones</em>”.</p>
<p>El editorial de <em>El País</em> menciona que “<em>unas acreditadísimas siglas económicas aseguran que el vencedor puede sumar hasta un 0,25% al PIB por el entusiasmo que el triunfo genere entre los consumidores</em>”. La industria textil ya debe de haber notado el tirón, por lo menos las fábricas que ha vendido miles de metros de bandera nacional (esperemos que no la hayan hecho los chinos).</p>
<p><strong>Conmoción afectiva</strong></p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9249" title="#7-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2010/07/7-foto-2.jpg" alt="" width="200" height="288" /></a>Sumida en la crisis económica y en las tensiones identitarias, “<em>a España –</em>afirma el editorial de<em> El Mundo– le urgía reforzar su autoestima y poder airear sin prejuicios los símbolos nacionales, tanto tiempo guardados en el armario</em>”. Y del armario pasaron a las ventanas, a las camisetas y a las pancartas. De pronto la bandera se convirtió en símbolo común, y la selección en el ejemplo de la unidad y del juego en equipo que el país necesita.</p>
<p>No hace falta ponerse lírico como el cronista del <em>El Mundo</em>: España “<em>espera a los héroes que llegan de ultramar con las velas inflamadas por un viento distinto; velas rojas que cargan el viento del éxito&#8230;</em>” Ni Colón ni Hernán Cortes a la vuelta de América se encontraron con este clima emocional. Pero da la impresión de que en un mes nos hemos sacudido el pesimismo histórico sobre nuestras realizaciones, y hasta los complejos de la <em>Leyenda Negra</em>. Y en este sentido se advierte una especial satisfacción por haber vencido precisamente a Holanda, por este triunfo en una “<em>segunda Breda</em>”, como escribe Raúl del Pozo en <em>El Mundo</em>. Así, millones de españoles, dice este columnista, se han visto “<em>arrebatados por una conmoción afectiva, por el hecho de sentirse integrados en una nación capaz de hazañas</em>”.</p>
<p>Como necesario contrapunto cabría recordar a Jorge Manrique: “<em>Ved de cuán poco valor / son las cosas tras que andamos / y corremos, / que en este mundo traidor,/ aun primero que muramos / las perdemos</em>”. Quizá las perdamos en un próximo campeonato, pero siempre nos quedará la fama, tan apreciada también por Manrique, y el mérito de haber inscrito el nombre de España como octavo ganador del Mundial. No es el G-8, pero sin duda es mucho más emocionante.</p>
<p>El entusiasmo actual nos debe ayudar a mantener el reconocimiento internacional de la marca España, obtenido ahora a través del fútbol y que habría que prolongar por el buen hacer en otros campos. Pues basta recordar el caso de Argentina, gran creadora de mitos en momentos de exaltación, que pasó de proclamarse campeona del mundo en 1978 al corralito y al impago de la deuda en 2001.</p>
<p><strong>Contagio del lenguaje religioso</strong></p>
<p>Pero resulta raro hablar ahora del carácter pasajero de triunfos y derrotas –esos “<em>dos impostores</em>”, que decía Kipling–, cuando aquí todo el mundo ha desempolvado la eternidad: “<em>De aquí a la eternidad</em>” (<em>El Mundo</em>), “<em>Un gol de Iniesta para la eternidad</em>” (<em>El País</em>), “<em>España se hace eterna</em>” (<em>ABC</em>)&#8230;</p>
<p>Y es que se advierte un inesperado contagio del lenguaje religioso en esta España que suponíamos ya laica y secularizada. Puestos a encomiar las gestas y los triunfos de nuestros futbolistas, hasta un periódico como <em>El País</em>, que a diario da lecciones de laicismo, recurre a comparaciones religiosas: “<em>Una oda a la alegría, la que despierta en el vencedor esta misa pagana que es el fútbol</em>”; “<em>un gol de reclinatorio</em>”; “<em>desde ayer el fútbol también está en el paraíso</em>”; “<em>el éxtasis de la victoria</em>”&#8230; Por favor, un respeto a la separación constitucional entre el estadio y el altar. Hay aquí materia para que el gobierno ponga orden con la anunciada <em>Ley de Libertad Religiosa</em>.</p>
<p>Y no solo religión, también superstición. Porque, entre bromas y veras, hasta la prensa más solemne ha sacado las fotos del pulpo adivino, como nuevo oráculo de <em>Delfos</em> que nos vaticinaba un destino victorioso.</p>
<p>Pero, además, el triunfo de España no es una recuperación de la visión tradicional de nuestro fútbol, a base de coraje e individualismo. No. <em>Le Monde</em> puede seguir amarrado al tópico de “<em>la furia española</em>”, pero ahora estamos en otra galaxia, en el fútbol de una España modernizada y técnica, que exhibe eficacia e innovación. “<em>Esplendor en la hierba</em>”, como titula el editorial de <em>El País</em>. Se trata –dice– de una “<em>construcción de belleza, acierto, atlético blindaje ante el adversario y resolución para la victoria&#8230;</em>”. Y luego dirán que la economía española carece de competitividad. ¿Qué fue de la maquinaria de precisión alemana? ¿Qué de la cuenta naranja holandesa?</p>
<p>Si de aquí no sale un gran relato que vertebre a la España moderna, es que los rapsodas están prejubilados.</p>
<p><strong><em>Nota</em></strong><em>: Este artículo fue publicado originalmente por <a href="http://www.aceprensa.com">Aceprensa.com</a></em></p>
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