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La batalla de Chile

El proyecto político de la Nueva Mayoría, delineado en “El otro modelo”, consistía en una estatización blanda de las instituciones privadas y de la sociedad civil que proveen servicios públicos y reciben fondos fiscales. Para llevarla adelante se pretendió equiparar el régimen de lo público con el régimen del Estado -entendiendo lo público como lo estatal- y someter por esa vía a estas instituciones, tratándolas como una capacidad instalada del aparato estatal, y no como una contribución privada al bien común. Esto significa, aunque los “humanistas cristianos” no parecieron notarlo, desterrar el principio de subsidiariedad en cualquiera de sus versiones.

El ataque a la educación particular subvencionada y el esquema de gratuidad universitaria obedecen a este proyecto. ¿Por qué se le entregó tanta prioridad a la gratuidad universitaria frente a tantas otras necesidades mucho más apremiantes? Por razones tácticas: Fernando Atria lo reconocía señalando que el proyecto socialista debía comenzar desde algún punto. Y que mientras menos urgente la necesidad, más potencial político tenía, ya que, como dicen los abogados, “el que puede lo más, puede lo menos”. Si la universidad era “gratis”, ¿por qué no todo lo demás?

Sin embargo, lo que sonaba bien en papel tuvo resultados muy mediocres en la práctica, y la derecha recibió el gobierno de vuelta con un contundente apoyo luego de cuatro agotadores años. El problema es que nunca pareció entender la radicalidad de lo que se estaba enfrentando, ni lo que significaba dar un giro político. Esto quedó clarísimo ahora, cuando un dictamen de Contraloría vino a embutirle de contrabando el “otromodelismo” al gobierno, y éste, haciendo gala de anti-intelectualismo y pragmatismo mal entendido, en vez de dar la pelea, decidió buscar una salida tipo “Marcianos democratacristianos” de Plan Z.

Es hora de que la centroderecha se dé cuenta de que está en medio de una batalla política. Parecen “Dougie” de la tercera temporada de Twin Peaks. Todos esperamos que despierten y noten que a los adversarios que tienen al frente les da lo mismo dejar sin servicios de ginecología y obstetricia a muchas personas, con tal de hacer su punto político, así como no les importó darle prioridad económica y política a la agenda universitaria por sobre las de los más necesitados del país. ¿Por qué no piden clausurar las áreas de ginecología y obstetricia de los hospitales estatales donde todos los médicos son objetores de conciencia, si consideran que tales áreas, cuando no prestan servicios abortivos, son totalmente inútiles? Porque no consideran eso. Lo que quieren, lo que les interesa, es someter con la excusa que sea a los privados al régimen del Estado. Eso es lo que llaman socialismo. Y ya estaría bueno que la derecha (y el centro) dejaran de lado las discusiones internas de poca monta y se tomara en serio lo que es un momento serio. La disputa por el sentido de lo público es la gran batalla de nuestra generación. La nueva batalla de Chile.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera.