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El aborto atenta contra la igualdad de los hijos

Existen miles de encuestas, gráficos y estudios científicos como argumento de que la llamada “píldora del día después” es abortiva y otros tantos postulando lo contrario. Prestigiosos médicos de la Organización Mundial de la Salud que señalan que la vida se origina desde el momento de la fecundación; nombres también de parte de departamentos bioéticos de distintas universidades pertenecientes a la pontificia de distintos países y universidades con un marcado acento “conservador”, y por qué no hablar de la misma Iglesia, y de doctores en distintas disciplinas señalando que efectivamente la vida se origina en el momento de la concepción.

Paralelamente en muchos países ya es legal lo que algunos llaman derecho de la mujer, en que la decisión de abortar existe con algunas limitaciones o restricciones; se puede llevar a cabo sólo en caso de emergencia o cuando la vida de la madre se encuentra en peligro por concebir a la criatura, esto se llama “aborto terapéutico”; en cambio en otros países el aborto es legal sin importar los meses de gestación. Y nuevamente entramos en conocimiento de miles de encuestas ciudadanas, gráfico científicos y argumentos políticos del por qué es tan importante que un país desarrollado o en vías de, tenga reconocido en su normativa dicho derecho.

Creo que botaré a la basura en esta nota todos esos argumentos científicos, argumentos políticos y encuestas. Estudio Derecho, y voy a dar un argumento jurídico del por qué considero injusto el que se acepte la distribución de la píldora del día después o que se permita el aborto, usando el criterio común, que comúnmente es muy poco criterioso.

Es cierto que nuestro derecho de la familia desde sus comienzos hasta hoy en día ha tenido grandes cambios, sobre todo respecto al tema de la igualdad de los hijos. Así, con la aprobación de nuestro Congreso Nacional, se terminó con un sistema diferenciador entre hijos nacidos fuera del matrimonio e hijo nacidos dentro de él, llamados hijos ilegítimos y legítimos, respectivamente, y que era considerado arbitrariamente discriminador, pues negaba ciertos derecho uno de otro. En concordancia a los principios de igualdad y de protección del niño a nivel internacional, se decidió otorgar igualdad de derechos a los hijos nacidos fuera y dentro del matrimonio, sólo diferenciando el procedimiento para obtener la calidad como tal, así cobrando mayor importancia la realidad matrimonial como hecho que supone o presume la calidad de hijo respecto de los padres, reconociéndose como “filiación matrimonial” cuando estamos en presencia de hijos nacidos dentro del matrimonio, y “filiación no matrimonial” con hijos nacidos fuera de él, teniendo esta última como importancia el acto jurídico del “reconocimiento”.

Pero claro está que hoy en Chile y en la mayoría del mundo los hijos en su calidad de tal tienen la misma igualdad de derechos. Así en coherencia tenemos los artículos 179, 33 y 37 del Código Civil.
Pero, ¿es tan así esta igualdad?

Esta igualdad se ve amenazada cuando en el vientre de una madre se espera un hijo no deseado; y en donde las políticas públicas de salud y las prácticas privadas también dan la posibilidad a aquella madre o padre en su conjunto a determinar que por el hecho de que ese hijo es de calidad “no deseado”, optar por un aborto (en el caso de muchos países) o tomando un fármaco “posiblemente” abortivo, por impedir el desarrollo de una vida ya concebida.

Posiblemente la certeza humana de que la vida se conciba dentro de la concepción o fecundación como las posibilidades de que los argumentos médicos, científicos y políticos sean ciertos, no son, valga la redundancia, certeros.

Entonces nace otra diferenciación entre hijos, pero más aún, los que todavía no nacen, siendo los “deseados” privilegiados por sobre los “no deseados” a un derecho intrínseco de la especie humana, LA VIDA. Derecho por lo demás que está consagrado en nuestra Constitución en el artículo 19 numero 1º.

Pero bueno, algunos me podrán decir que los “no nacidos” no tienen la calidad de hijos, porque aún no se encuentra determinada su filiación en determinados casos. Respecto a eso, quiero señalar que si lo miramos con criterios jurídicos, el concepto de persona es muy distinto al concepto de persona en el ámbito biológico o médico, y en ese caso lo jurídico sólo viene a dar orden a lo real, y por el hecho de que un ser vivo no nacido aún no tenga la calidad de hijo, es vida igual, y lo consagrado y protegido en el 19 numero 1º de la Constitución es ello, la vida.

También es cierto que no nos podemos quedar sólo con este argumento, para detener o impedir la distribución o consumo del la píldora del día después.

Hay un argumento respecto de las personas que sí están a favor de la entrega que es muy cierto y no hay que hacer oídos sordos.

¿Por qué se puede no desear un hijo? Muchas veces son adolescentes las que quedan embarazadas, por malas políticas públicas y privadas también, como lo son la educación sexual, la familia, realidades difíciles, sufrimiento y dolor, que traer una vida más, sería una verdadera maldición. A veces, ¡¡muchas veces!!, los que estamos a favor de que no se distribuya el fármaco señalamos con el dedo y tratamos de egoístas a quienes las hubiesen tomado, pero muchas veces son familias que viven realidades crudas, donde las toman no pensando en el problema que le puede traer un hijo, sino en el problema que será para él vivir en ese ambiente y condiciones, y es por eso que prefieren privarlos de todos los dolores posteriores que trae vivir en una familia como la suya.

Es importante entonces que nosotros, los que estamos a favor de la vida en todos sus ámbitos y aspectos, no olvidarnos del mundo que le estamos construyendo a quienes vienen en camino; no podemos jactarnos de ser defensores de la vida que está por nacer, si no hacemos nada para que el que nazca tenga una vida digna, digna como hijos de Dios. COMO HIJOS DE DIOS.

Paralelamente a este argumento o nota, creo en lo personal más que negarse contra la pildora, hay que educar a la sociedad a estar a favor de la vida y la familia, porque más efectivo que se prohíba la distribución y venta del Postinor 2, es que la sociedad no lo consuma.

Este es mi argumento jurídico que escapa de lo legal y se centra en lo justo.




Nota: El autor del artículo es presidente del Centro de Alumnos de la Carrera de Derecho de la Universidad Andrés Bello, Viña del Mar.