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Los derechos no nacen del consenso

La Declaración Universal de los Derechos Humanos cumple, el próximo mes de diciembre, 60 años. Es el documento más traducido de la Historia, pero su validez presenta hoy muchos interrogantes, debido a que no está a salvo de interpretaciones interesadas. Sobre este asunto habló monseñor Giampaolo Crepaldi, Secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz, que, el pasado jueves, pronunció la Lección magistral sobre Los Derechos Humanos y la doctrina social de la Iglesia, en el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala.

En un momento en el que los derechos humanos parecen haber sido engullidos por una ideología relativista, es más necesario que nunca situarlos en su contexto y defenderlos de posiciones arbitrarias e interesadas. Monseñor Giampaolo Crepaldi, Secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz, afirmó en su intervención que “la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 ha sido un momento importante y fundamental en la maduración de la conciencia moral de la Humanidad. La Iglesia la evalúa positivamente, pero también señala su preocupación por la posibilidad de ser susceptible de interpretaciones”.

Crepaldi afirmó también que “los derechos humanos no nos pertenecen, no están a nuestra disposición, y esto es precisamente la garantía para su respeto. Los derechos humanos se fundan en Dios, que es la fuente de todos los derechos. Los derechos humanos no nacen del consenso humano. Son una gramática cuyas reglas no hemos inventado nosotros, sino que nacen de Dios, no son una palabra humana. Así se garantiza su valor contra toda forma de arbitrio”.

A los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, monseñor Crepaldi defendió la necesidad de retomar la doctrina de la ley natural, pero ubicándola en una antropología correcta: “Al hablar de la ley natural, de la naturaleza humana, debemos tener cuidado con una concepción meramente naturalística, acorde con la cultura moderna y que no es correcta. Hay que decir que la naturaleza no tiene derechos, una planta o una piedra no es sujeto de derechos, es la persona la que los tiene, en virtud de su dimensión espiritual; en ella el Creador ha impreso su propio rostro. Somos un proyecto espiritual. La ley natural no debe ser entendida, por tanto, de un modo cosificado”.

Caridad donde el Estado no llega

El Secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz afirmó que “la sociedad tiene necesidad de relaciones fraternas, no sólo de una mera amistad cívica. La sociedad necesita la caridad. Aun en la sociedad más justa, no hay orden estatal que haga innecesario el servicio del amor, porque el amor tiene que ver con la naturaleza del hombre”. Asimismo, al referirse al acontecimiento de la muerte de Cristo en la Cruz, dijo: “La dignidad de la persona no se conoce sólo por la razón, sino que se conoce sobre todo por el amor, cuando se experimenta el ser objeto de algo inmerecido. El amor no es algo que podamos producir, sino que siempre es algo inmerecido. Los derechos tienen que ver con la justicia, pero ésta, por sí sola, no es suficiente para que los derechos sean respetados. La sociedad y el Estado tiene necesidad de algo que ellos no pueden producir, y este algo es la caridad. Sin embargo, con el eclipse de Dios, la caridad pierde fuerza, y con ella los derechos humanos, algo que va en detrimento de la sociedad”.




Este artículo fue preparado por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo y publicado originalmente en www.alfayomega.es.